A la hora de diseñar un coche, uno de los grandes objetivos de la industria ha sido siempre que el color sea lo más exclusivo posible. Y dentro de esa búsqueda hay una obsesión recurrente: conseguir que la carrocería no refleje la luz, que dé la sensación de tragársela. Una técnica que, hasta ahora, nadie había logrado perfeccionar para que aguantara en el mundo real.
La primera marca que quiso llevar esta estética a sus modelos más exclusivos fue BMW. Fue en 2019, con un X6 conceptual recubierto de Vantablack, un material a base de nanotubos de carbono que hace que cualquier objeto pierda toda su definición visual.
La marca lo describió de forma muy elocuente: una superficie cubierta de Vantablack pierde sus rasgos definitorios para el ojo humano, y los objetos parecen bidimensionales, casi como mirar dentro de un agujero o un vacío.
El Vantablack, eso sí, no es un invento de BMW. Lo desarrolló la británica Surrey NanoSystems en 2014, y hasta entonces se había reservado para usos tan exóticos como la óptica de satélites o aplicaciones militares de bajo reflejo. Llevarlo a un coche de calle era otra historia.
Porque lo más complicado de estos recubrimientos no es el negro en sí, sino la adherencia, la durabilidad y, sobre todo, la producción industrial. Y ahí es donde ha aparecido una solución desde China.
Un equipo de Nipsea Group —el grupo de origen singapurense que está detrás de Nippon Paint— ha desarrollado en su centro de I+D de Shanghái lo que llaman un recubrimiento ultranegro capaz de absorber alrededor del 99,9% de la luz visible. La inspiración en el Vantablack es evidente, pero el camino que han seguido es distinto y, sobre todo, mucho más fácil de fabricar.
Un negro que absorbe la luz
Hasta ahora, los negros más extremos dependían de matrices puras de nanotubos de carbono. El equipo de Nipsea da un giro: combina negro de carbono con nanotubos de carbono en una pintura al agua.
Bajo el microscopio, las partículas de negro de carbono se distribuyen a lo largo de los nanotubos, formando una estructura de «puntos conectados» que atrapa la luz mucho mejor de lo que lo haría cada material por separado.
En un artículo publicado en la revista Matter & Light, los investigadores describen el material con una morfología única de atrapamiento de luz. La clave está en lo que llaman «absorción estructural»: en lugar de reflejar la luz que incide sobre la superficie, la estructura interna del recubrimiento la dispersa y la absorbe una y otra vez dentro de sí misma. Dicho de otro modo, la retiene en vez de devolverla al exterior.
¿Cómo se compara con lo mejor que existe? Las matrices verticales de nanotubos llegan a una reflectancia del 0,04%, y el Vantablack ronda el 0,05%. El compuesto de Nipsea alcanza el 0,08% en todo el espectro visible.
Es una cifra ligeramente superior, sí: refleja una pizca más de luz que el Vantablack. Pero esa diferencia se compensa de sobra con algo que el Vantablack nunca tuvo: estabilidad y aplicabilidad práctica.
Resistencia al calor y la humedad
La durabilidad es, precisamente, el talón de Aquiles de los recubrimientos cargados de nanotubos. Un coche no vive encerrado en una cámara de laboratorio: aguanta lluvia, sol, lavados y cambios bruscos de temperatura, y la adherencia y la resistencia ambiental siempre habían sido el punto débil.
Para comprobar su comportamiento en condiciones reales, el equipo sometió varios paneles pintados a pruebas exigentes. Uno pasó diez días sumergido en un baño de agua a 40 grados; otro estuvo dos semanas expuesto a una humedad del 95%. En ambos casos, los paneles no mostraron defectos significativos ni en la pintura ni en la adherencia.
Conviene matizar, eso sí, que la batería de pruebas todavía no está completa. El recubrimiento ha superado los ensayos de agua y humedad, pero faltan por validar resistencias clave para un coche real: arañazos, rayos UV, corrosión, impactos de grava o limpieza a presión con vapor. Lo presentan como pintura de automoción, pero aún tiene exámenes pendientes.
El problema real
El verdadero problema de un negro tan absoluto no tiene que ver con la química, sino con lo que supone para un coche. Quien haya visto en persona aquel X6 lo entiende al instante: este color borra los contornos, los detalles de diseño e incluso la profundidad visual del vehículo.
La propia BMW lo reconoció en su día: el efecto podía eliminar prácticamente todos los detalles de diseño, hasta el punto de convertirse en un posible problema de visibilidad en carretera. Un coche que el ojo apenas distingue como volumen es, sencillamente, un coche difícil de ver.
El equipo de Nipsea encontró una salida para sus pruebas sobre carrocería: añadir una capa de barniz brillante por encima. Lo justo para devolver algo de reflectividad y que el ojo humano vuelva a percibir la forma del coche, sin renunciar a casi nada del efecto ultranegro.
¿Lo veremos pronto en la carretera?
¿Significa esto que pronto podrás pedir tu coche en negro absoluto? Todavía no. Por muy llamativo que sea el resultado, el propio equipo admite que el recubrimiento no está listo para producción en serie.
El obstáculo es de fabricación. Cuanto más nanotubo de carbono se añade a la mezcla, más se dispara la viscosidad de la dispersión, lo que complica enormemente producirla a gran escala con un coste y una consistencia razonables. La proporción de negro de carbono y nanotubos que han usado es justo un equilibrio entre lograr ese negro extremo y que la pintura sea fabricable.
De cara al futuro, los investigadores apuntan a técnicas todavía más avanzadas, como los gradientes de índice de refracción, que crearían capas graduadas dentro del recubrimiento para reducir aún más el reflejo en superficie y tragarse todavía más luz.
El interés comercial, en cualquier caso, es alto, sobre todo en el segmento premium y muy especialmente en China. Como recuerda Zhiwei Liu, autor principal del estudio, el color del coche se ha convertido allí en un argumento de venta de primer orden, y los negros profundos llevan tiempo siendo la opción premium y la seña de identidad de los coches de lujo. El motivo de fondo es el de siempre: la exclusividad, lograr algo que no se ve en las carreteras.
Ya pasó con los acabados mate, que hace unos años se pusieron de moda por lo exclusivos que resultaban y que, en cuanto se popularizaron, perdieron parte de esa distinción. La diferencia es que aquí hablamos de otra liga: un coche tan negro que casi desaparece, como un agujero negro rodante capaz de tragarse toda la luz que le cae encima.









