CFM International ha dado un paso hacia el futuro de la aviación con su motor RISE. Este diseño revolucionario elimina el carenado y diseño tradicional que envuelve al ventilador y apuesta por un concepto de hélices expuestas (open-fan), mucho más cercano a las antiguas hélices de los aviones turbohélice que a los turbofan actuales. La promesa es la de reducir más de un 20% el consumo de combustible y, con ello, las emisiones de CO₂.
De los bocetos a las pruebas reales
El programa RISE, desarrollado conjuntamente por GE Aerospace y Safran Aircraft Engines, ya no es solo un dibujo sobre papel. Tras años de pruebas a escala, la compañía ha iniciado ensayos con componentes de tamaño real. Esto marca el comienzo de una fase crítica donde se comprobará si este motor tan disruptivo puede resistir las duras condiciones reales de operación.
El corazón de la innovación está en dejar el ventilador al descubierto. Sin la pesada carcasa exterior, los ingenieros pueden usar un diámetro mucho mayor. Un ventilador más grande mueve más aire a menor velocidad, lo que resulta en una generación de empuje más eficiente. Es precisamente esta característica la que permite anticipar esa importante reducción en el gasto de combustible.
Un motor que busca equilibrar eficiencia y robustez
Aunque aún faltan años para que vuele en aviones comerciales de fuselaje estrecho (se habla de la década de 2030), los avances son palpables. CFM está sometiendo las piezas a pruebas extremas como por ejemplo los impactos de aves simulados, acumulación de hielo, ingestión de polvo y debris. El objetivo es verificar que este nuevo concepto de motor cumpla con los exigentes estándares de seguridad y durabilidad de la industria.
La compañía insiste en que, aunque la arquitectura es nueva, muchas de las tecnologías internas ya han demostrado su fiabilidad durante décadas. Esto les permite avanzar con mayor confianza y rapidez.
Progreso técnico concreto
Recientemente se completaron más de 1.000 horas de pruebas en la primera turbina de baja presión de alta velocidad, validando su diseño aerodinámico y comportamiento térmico. Además, se prepara el ensayo de un módulo frontal completo en una celda de pruebas de 8 metros en Villaroche, Francia.
Este motor open-fan no solo busca bajar el consumo y las emisiones cuando se use combustible convencional. Representa un esfuerzo por parte de CFM para ofrecer a las aerolíneas una solución que combine eficiencia, fiabilidad y costes operativos razonables.
Todavía es pronto para hablar de éxito pero el salto desde el diseño a las pruebas a escala real muestra que el programa RISE está cogiendo carrerilla. Si todo sigue su curso, podría convertirse en una de las tecnologías más relevantes para reducir el impacto ambiental de la aviación en las próximas décadas.













