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Un barco que da luz a 32.000 casas, agua a 150.000 personas y encima aloja centros de datos de IA: el Kraaken VITAL 100 MW quiere ser la central eléctrica, la desalinizadora y el data center que tu ciudad no tiene

Un barco que da luz a 32.000 casas, agua a 150.000 personas y encima aloja centros de datos de IA: el Kraaken VITAL 100 MW quiere ser la central eléctrica, la desalinizadora y el data center que tu ciudad no tiene

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Por: Autonoción Redacción

Publicado: 30.09.2026 16:00

Hay lugares en el mundo donde la luz eléctrica no es un derecho, es un lujo. Donde las familias dependen de generadores diésel que roncan día y noche, que huelen a combustible quemado, que cuestan más de lo que la gente puede pagar. Y junto a esa falta de electricidad, otra carencia igual de urgente: el agua. No agua corriente, no agua potable. Agua, a secas. En muchas zonas costeras del África subsahariana, el sudeste asiático o las islas del Pacífico, la gente vive rodeada de océano y no tiene una gota que pueda beber sin enfermar.

Un consorcio estadounidense formado por InMar Technologies y OptiFuel Systems, que operan bajo el nombre de Optimal Transit, ha presentado una idea que suena a ciencia ficción: un barco de 91 metros que genera su propia electricidad, produce su propia agua potable y, además, aloja centros de datos de inteligencia artificial. Se llama Kraaken VITAL 100 MW. Y lo más llamativo no es lo que promete, sino cómo pretende lograrlo: sin combustible, sin conexión a la red eléctrica y sin ocupar un solo metro de tierra firme.

La propuesta es una evolución de un concepto anterior, presentado apenas cinco semanas antes, que estaba dedicado exclusivamente a centros de datos flotantes. La nueva configuración, la VITAL, redistribuye esa capacidad: en lugar de dedicar los 100 megavatios enteros a procesar datos, reserva 40 para enviarlos a tierra. Cuarenta megavatios son suficientes para 32.000 hogares. Y con el calor residual de los servidores, el mismo barco produce 30 millones de litros de agua dulce al día, agua para 150.000 personas. El resto, 60 megavatios, se queda a bordo para alimentar la inteligencia artificial.

La física del océano como fuente de energía

El corazón del Kraaken no es un reactor nuclear ni una caldera de gas. Es la diferencia de temperatura entre el agua superficial del océano y el agua que yace a cientos de metros de profundidad. Se llama Digital Ocean Thermal, o DOT, y es una versión mejorada de una tecnología que existe desde hace décadas: la conversión de energía térmica oceánica, conocida como OTEC .

El principio es sencillo de explicar. El agua cálida de la superficie calienta un fluido con un punto de ebullición muy bajo, como el amoníaco, hasta convertirlo en vapor. Ese vapor mueve una turbina, que genera electricidad. Luego, el agua fría que se bombea desde las profundidades condensa el vapor de nuevo en líquido, y el ciclo vuelve a empezar.

Lo que hace único al Kraaken es que no depende solo del océano. Los servidores del centro de datos, refrigerados por líquido, generan un calor residual de unos 45 °C. En lugar de liberarlo al aire, ese calor se inyecta en el ciclo térmico para «sobrecalentar» el amoníaco antes de que llegue a la turbina, aumentando la eficiencia del sistema. Es una simbiosis curiosa: los ordenadores que consumen electricidad ayudan a producir más electricidad.

La misma infraestructura térmica se usa para desalinizar. Mediante destilación por vacío, el agua de mar hierve a baja presión y baja temperatura. El vapor se condensa con el agua fría de las profundidades, dejando atrás la sal. Electricidad, refrigeración y agua dulce salen del mismo circuito de calor y frío.

Un barco que se desconecta y se va

El Kraaken no es una plataforma fija anclada al fondo del mar. Es un barco. Su diseño de doble casco SWATH mantiene la mayor parte del volumen sumergido, lo que le da una estabilidad enorme frente al oleaje. Pero lo más interesante es su sistema de conexión rápida. En caso de tormenta, el barco puede desconectarse de su amarre en cuestión de horas, alejarse navegando por sus propios medios y regresar cuando las condiciones mejoren.

Esa capacidad de movimiento también le permite ir donde más se le necesita. Un Kraaken podría estar dando servicio a una isla durante meses y, si ocurre un desastre natural en otro lugar, desplazarse hasta allí para inyectar electricidad y agua en una red dañada. Es, en esencia, una central eléctrica portátil, una desalinizadora flotante y un centro de datos, todo en uno, capaz de moverse según la necesidad.

El coste estimado de un Kraaken es de aproximadamente 587 millones de dólares. Sus promotores argumentan que construir las mismas capacidades en tierra —una planta de 40 MW, una desalinizadora de 30 millones de litros diarios y un centro de datos de 60 MW— costaría entre 750 millones y 1.330 millones de dólares, y requeriría tres proyectos separados, tres emplazamientos y años de permisos y trámites . El barco, en cambio, sale del astillero listo para operar.

Lo que falta por demostrar

Aquí conviene bajar del barco y pisar tierra. El Kraaken VITAL 100 MW es, por ahora, un concepto. No se ha construido. No se ha probado a escala. Sus promotores están trabajando en los planos de ingeniería para que el American Bureau of Shipping los revise, y en la validación del motor DOT mediante un gemelo digital. La fabricación depende de una ronda de financiación que esperan cerrar en 2027.

Y hay preguntas técnicas que no tienen respuesta pública. La más importante: ¿de dónde sale la energía para bombear el agua fría desde cientos de metros de profundidad? Los sistemas OTEC convencionales tienen eficiencias térmicas muy bajas, del orden del 3-4%, y necesitan mover volúmenes ingentes de agua. Si el 40% de la producción se destina a tierra y el 60% a los servidores, ¿qué margen queda para alimentar las bombas, los sistemas de desalinización y el resto de servicios auxiliares del barco? Los documentos disponibles no detallan ese balance neto.

Tampoco está claro cómo funcionaría la desconexión rápida de la tubería de agua fría, que debe llegar a cientos de metros de profundidad. Es una operación compleja que el proyecto describe pero no detalla técnicamente.

El Kraaken es una idea audaz. Combina tecnologías conocidas —OTEC, desalinización, centros de datos flotantes— de una forma que nadie ha intentado antes. Si funciona, podría dar electricidad y agua a comunidades que hoy no tienen ninguna de las dos cosas. Pero entre el concepto y la realidad hay un océano de ingeniería por navegar.

EL GARAJEvia El Garaje

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