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Australia desafía las leyes de la navegación y echa al agua el mayor barco totalmente eléctrico del mundo, un coloso con 250 toneladas de baterías que mueve a 2.100 personas sin quemar ni una gota de gasóleo

Australia desafía las leyes de la navegación y echa al agua el mayor barco totalmente eléctrico del mundo, un coloso con 250 toneladas de baterías que mueve a 2.100 personas sin quemar ni una gota de gasóleo

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Por: Autonoción Redacción

Publicado: 17.06.2026 18:00

La agenda para la electrificación del parque automovilístico por parte de los gobiernos europeos es clara. El plan es que en 2035 esté completamente prohibido comprar un vehículo nuevo de combustión, si bien desde Bruselas ya están matizando la norma para dar algo de margen. El objetivo final es todavía más ambicioso: la Ley de Cambio Climático busca que en 2050 seamos neutrales en emisiones. Para que nos hagamos una idea, esto implica que en poco más de dos décadas cualquier coche que eche humo por el tubo de escape pasará a la historia y no podrá circular.

Por carretera se quiere cortar la contaminación de raíz y la apuesta por el coche eléctrico es total. Sin embargo, hay un transporte mucho más contaminante y al que cuesta buscar alternativas: el transporte marítimo. Los barcos que cruzan los océanos son, con diferencia, los vehículos más contaminantes que existen. El sector marítimo es responsable de aproximadamente el 2,9% de las emisiones globales de gases de efecto invernadero. Esto se debe a que las embarcaciones utilizan fueloil pesado, un residuo combustible con un impacto ambiental tan severo que su uso no está permitido en superficies continentales.

La transición hacia la electricidad es compleja ya que necesitarían baterías enormes y muy pesadas. Sin embargo, en Hobart, Tasmania, han demostrado que se puede mover a más de 2.000 personas y 225 coches sin hacer ruido ni echar humo. El «Hull 096», con nombre comercial «China Zorrilla», mide 130 metros de eslora y ha sido construido por el astillero australiano INCAT Tasmania para la naviera Buquebus.

Su misión será cruzar el Río de la Plata entre Argentina y Uruguay. Su récord: es el mayor buque totalmente eléctrico del mundo y ha empezado sus pruebas de mar para demostrar que la electrificación naval ya no es cosa de pequeños transbordadores, sino de auténticos gigantes.

Un sistema de baterías que pesa tanto como 30 autobuses llenos

Lo mejor del barco está por dentro. En vez de usar los clásicos motores diésel que contaminan y necesitan depósitos enormes, el China Zorrilla se mueve gracias a una descomunal batería de 40 MWh. Es una cifra récord: cuatro veces más grande que la de cualquier otro barco del planeta. Viene a ser la misma energía que gastarían 800 coches eléctricos al cargarse a la vez.

Como te imaginarás, pesa lo suyo (unas 250 toneladas) y ocupa cuatro salas enteras con más de 5.000 módulos de litio. Por suerte, cada módulo lleva su propio sistema de enfriamiento para ahorrarse cualquier susto con el calor.

La elección del aluminio para el casco no es casual. Aligerar el peso ha sido una obsesión, porque cada kilo menos permite reducir el consumo energético y alargar la autonomía. Así, el barco puede mantener una velocidad de crucero de 25 nudos (unos 46 km/h) durante los 90 minutos que dura la travesía entre Buenos Aires y Colonia del Sacramento.

Por fuera impresiona, pero su sistema de propulsión es una auténtica genialidad. El barco se mueve gracias a ocho motores eléctricos que activan directamente ocho chorros de agua. Esta combinación no solo le da una fuerza tremenda, sino que le permite moverse como pez en el agua en zonas muy poco profundas. Detrás de toda esta tecnología hay nombres propios: la empresa finlandesa Wärtsilä se encarga de los motores y de controlar el gasto de energía, mientras que los noruegos de Corvus Energy ponen las baterías.

La historia del barco que cambió de planes a mitad de construcción

La historia de esta embarcación es, cuanto menos, curiosa. Originalmente, Buquebus encargó en 2019 un ferry propulsado por gas natural licuado (GNL). Pero en plena construcción, en enero de 2023, la naviera y el astillero decidieron dar un giro radical: lo convirtieron a 100% eléctrico. Eso supuso rediseñar la estructura, eliminar los grandes tanques de GNL y sustituirlos por las 250 toneladas de baterías. El coste final, de unos 200 millones de dólares, se financió con un crédito del Banco Santander Uruguay y garantías del International Finance Corporation (IFC).

El barco tocó el agua por primera vez en mayo de 2025. Desde entonces, se pasó meses haciendo pruebas en el río Derwent, en Hobart, donde logró alcanzar los 54 km/h llevando 600 toneladas a cuestas. La idea inicial era llevarlo a Sudamérica en marzo de 2026 a bordo de un buque de carga, pero el conflicto en el estrecho de Ormuz fastidió los planes y obligó a retrasar el viaje. Por suerte, el MV Black Marlin, el carguero elegido para la misión, ya se ha puesto en marcha. El viaje por el océano durará un mes, pero los test en Tasmania ya han dejado claro que el barco funciona como un reloj.

Una ruta que cruza el Río de la Plata con 2100 pasajeros a bordo

El barco no se ha concevido para ser un lujo sino para ser un ferry de línea regular que, una vez en Sudamérica, cubrirá la ruta entre Buenos Aires y Colonia del Sacramento, un trayecto de unos 55 kilómetros que hoy se hace en unos 90 minutos. En cada viaje podrá llevar a 2.100 pasajeros y 225 coches o autobuses, lo que dará un respiro tremendo al tráfico en una de las fronteras más saturadas del Cono Sur. Lo mejor de todo es cómo resuelve el tema de la batería: para no perder tiempo, los puertos se han equipado con dos cargadores bestiales de 15 MW. Gracias a ellos, el barco recupera toda su energía en solo 40 minutos, justo el tiempo que tardan los pasajeros en subir y bajar. Así, no se pierde ni un segundo.

El futuro del transporte marítimo ya está aquí

El China Zorrilla es, para muchos, el «Tesla de los mares«. Su puesta en marcha es un hito que demuestra que la electrificación no está reñida con el tamaño o la velocidad . Stephen Casey, director ejecutivo de Incat, define el proyecto como un «laboratorio flotante», un lugar donde probar en condiciones reales la viabilidad de estos gigantes. Si el barco cumple con las expectativas, abrirá la puerta a que otros astilleros y navieras se animen a dar el salto, reduciendo drásticamente las emisiones del transporte marítimo, uno de los sectores más difíciles de descarbonizar. Y todo gracias a 250 toneladas de baterías que, en lugar de retumbar, solo dejan oír el suave chapoteo de las olas.

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