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Si el hidrógeno verde fuera un coche, ahora pasaría de ir a 10 km/h a 800 km/h: un equipo de Australia y China ha cambiado el platino (carísimo) por níquel (barato) y ha multiplicado por 80 la producción de hidrógeno sin perder rendimiento

Si el hidrógeno verde fuera un coche, ahora pasaría de ir a 10 km/h a 800 km/h: un equipo de Australia y China ha cambiado el platino (carísimo) por níquel (barato) y ha multiplicado por 80 la producción de hidrógeno sin perder rendimiento

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Por: Luis Reyes

Publicado: 18.08.2026 10:20

Imagínate que la producción de hidrógeno verde es un coche que apenas rasca los 10 km/h. Sabemos que ese combustible es limpio, que no contamina y que es una de las grandes esperanzas para descarbonizar la industria pesada, pero fabricarlo de forma masiva y barata sigue siendo, a día de hoy, un problema lento y costoso.

Pues bien, un equipo internacional de científicos acaba de pisar el acelerador a fondo y ha convertido ese utilitario en un bólido capaz de alcanzar los 800 por hora. ¿El secreto? No han reinventado la rueda: han cogido un material baratísimo y de lo más común, el dióxido de titanio, y lo han rediseñado átomo a átomo hasta multiplicar por más de 80 su producción de hidrógeno, apoyándose en un metal tan corriente como el níquel en lugar de los metales preciosos habituales.

Detrás de esta investigación hay una alianza a tres bandas entre la Universidad RMIT de Melbourne, en Australia, y las universidades chinas de Zhoukou y Xinyang. El trabajo se ha publicado en Applied Catalysis B: Environment and Energy, una de las revistas de referencia del sector, así que no hablamos de una nota de prensa sin respaldo, sino de ciencia revisada por pares.

El problema del platino: por qué la energía limpia era un lujo

Para entender la magnitud de lo logrado, hay que mirar el muro contra el que choca la industria. Capturar la luz del Sol y usarla para romper las moléculas de agua y extraer hidrógeno —un proceso conocido como fotocatálisis— requiere de unos intermediarios químicos muy exclusivos. Los sistemas más eficientes de este tipo dependen de metales nobles, fundamentalmente el platino, para acelerar la reacción sin destruirse en el intento.

El problema del platino es evidente: es escaso, su extracción es agresiva con el medio ambiente y su precio en los mercados internacionales resulta prohibitivo. Tratar de salvar el planeta con un material que cuesta una fortuna es una contradicción económica que condena al hidrógeno verde a ser una eterna promesa de laboratorio, inviable para sustituir de verdad al petróleo o al gas a gran escala.

Como explica el propio doctor Derek Hao, investigador principal del estudio y miembro de la Escuela de Ciencias de RMIT, muchos de los sistemas más eficaces para producir hidrógeno dependen de metales caros como el platino, y este trabajo demuestra que se puede lograr un rendimiento comparable con materiales de bajo coste y amplia disponibilidad, algo imprescindible si se quiere producir hidrógeno a gran escala.

De ahí que el equipo, con Bowen Li como primer firmante del artículo, no buscara un nuevo metal precioso, sino que mirara hacia los elementos más mundanos de la tabla periódica. El níquel, ese metal grisáceo que llevamos en las monedas del bolsillo y que abunda en la corteza terrestre, se convirtió en el candidato perfecto para romper las cadenas del mercado.

Esculpir la materia a escala atómica: el truco de las esferas huecas

Para que el níquel rindiera al nivel de los metales nobles, los científicos recurrieron a la nanotecnología para rediseñar el material desde su base. En lugar de usar partículas grandes, fijaron átomos individuales de níquel sobre una base económica de dióxido de titanio, la conocida como catálisis de átomo único, que aprovecha hasta el último átomo del metal en lugar de desperdiciar los que quedan enterrados dentro de una partícula.

El éxito de esta arquitectura microscópica se apoya en tres pilares. El primero, crear sitios asimétricos mediante puentes de oxígeno, la configuración que los autores denominan Ni–O–Ti: al ser asimétrica, acorta la distancia del enlace entre el níquel y el oxígeno, facilita que los protones se adhieran y rebaja la barrera energética que hay que superar para formar hidrógeno.

El segundo, provocar de forma intencionada vacantes de oxígeno (pequeños defectos superficiales) para mejorar el flujo de energía y evitar que las cargas se recombinen antes de tiempo, que es precisamente lo que estropea el rendimiento de la mayoría de estos sistemas.

Y el tercero, esculpir el catalizador en forma de esferas huecas microscópicas, una geometría que atrapa la luz en su interior haciéndola rebotar una y otra vez. Como curiosidad, el proceso transforma el material original, de un blanco inmaculado, en un polvo gris oscuro casi negro, capaz de absorber la luz con total voracidad.

De 10 a 816: la escalada de un milagro de laboratorio

Los números del laboratorio reflejan a la perfección el acelerón. Para entender el salto, basta con ver cómo sube la producción de hidrógeno por hora a medida que se añaden mejoras al material base.

El dióxido de titanio puro, sin ninguna modificación, arranca de forma perezosa, generando apenas unos 10 micromoles de hidrógeno por hora. Cuando los científicos introdujeron los primeros defectos estructurales en forma de vacantes de oxígeno, la cifra dio un buen estirón hasta los 149 micromoles. El siguiente experimento consistió en probar el níquel sobre el titanio, pero sin añadir esos huecos de oxígeno: el rendimiento dio otro salto importante, hasta los 424 micromoles por hora.

El verdadero salto llegó al combinar todas las cartas sobre la mesa: el níquel, las vacantes de oxígeno y el diseño en esferas huecas. Este catalizador final alcanzó los 816 micromoles por hora, lo que supone multiplicar por más de 80 veces la capacidad del material de partida.

En cuanto al aprovechamiento de la energía lumínica, los sensores registraron una eficiencia cuántica aparente del 11,65% con luz ultravioleta pura, que se queda en un 1,31% al trabajar con luz visible convencional. Y ahí está, precisamente, uno de los deberes pendientes, porque la mayor parte de la luz que nos llega del Sol es visible, no ultravioleta.

LA ESCALADA
×80
TiO2 puro10 μmol/h
Con vacantes de oxígeno149 μmol/h
Solo con níquel424 μmol/h
EL RÉCORD
CATALIZADOR FINAL
816 μmol/h
RecetaNi + vacantes + esferas
Eficiencia (UV)11,65%
Eficiencia (visible)1,31%
LA PRUEBA
20 horas
Muestra50 miligramos
Ciclos extra4 de 5 horas
DegradaciónNinguna

Durabilidad y el examen del mundo real

Uno de los grandes defectos de los catalizadores económicos es que suelen degradarse muy rápido, pero este nuevo compuesto demostró una resistencia formidable. Durante las pruebas, una muestra mínima de solo 50 miligramos aguantó 20 horas de reacción continua y cuatro ciclos extra de estrés de cinco horas cada uno bajo luz visible, todo ello sin perder potencia ni mostrar síntomas de agotamiento.

Ahora bien, y aquí toca ser honestos, conviene leer la letra pequeña del experimento. El ensayo no fue una ruptura completa del agua, sino que se realizó en una disolución con metanol, un compuesto que se añade para facilitar la reacción química, y con luz artificial en un entorno de laboratorio perfectamente controlado. Dicho de otro modo: es un avance real y medido, pero todavía no es una máquina capaz de fabricar hidrógeno con agua del grifo y sol de verdad.

El propio Derek Hao mantiene los pies en la tierra y lo plantea en condicional: si se lograran ganancias similares en condiciones reales, esto podría contribuir a abaratar la producción de hidrógeno limpio a gran escala. El siguiente reto del equipo de RMIT y sus socios chinos empieza justo ahora, con la mirada puesta en hacer funcionar estas nanoesferas en el mundo real, con agua común y luz solar directa.

Y por si alguien se pregunta para qué tanto esfuerzo, la respuesta está en los sectores que no se pueden enchufar a un cable: el transporte marítimo, la siderurgia y la aviación son las tres grandes industrias que esperan al hidrógeno verde para poder recortar sus emisiones. Que el kilo salga barato no es un detalle académico, es la diferencia entre que esos sectores se descarbonicen o no.

EL GARAJEvia El Garaje

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