Cuando alguien piensa en instalar un aerogenerador en su casa o en su granja, lo primero que le viene a la cabeza es el coste. No el del aparato, sino el de todo lo que hay que hacer debajo: la excavación, la losa de hormigón, la grúa para levantar la torre, el permiso de obra. Ese conjunto de trabajos puede costar más que el propio molino. Y para un agricultor o un propietario rural que solo quiere cubrir parte de su factura eléctrica, la cuenta no sale.
Un ingeniero danés, Kim Møller, se pasó años dándole vueltas a ese problema. Su empresa, KiteX, empezó desarrollando cometas gigantes para generar electricidad, una idea que suena a ciencia ficción y que nunca acabó de despegar. Pero de aquellos experimentos con cables y cometas salió una obsesión: cómo hacer una estructura que soporte las fuerzas del viento con la menor cantidad de material posible. La respuesta que han encontrado se llama TWT-11, y en lugar de una torre maciza de acero atornillada a una losa de hormigón, es una torre esbelta que se mantiene en pie gracias a tres cables tensados que la sujetan al suelo con cinco anclajes.
El resultado es un aerogenerador de 5 kilovatios que pesa 326 kilos. Menos que un caballo. Menos que muchos coches. Y que no necesita ni una sola gota de hormigón. «Es como una tienda de campaña», explican desde la empresa. «Las fuerzas no se resisten con masa, sino con tensión» . Las palas miden 5,5 metros y el rotor tiene 11 metros de diámetro. La superficie que barre, unos 95 metros cuadrados, es la de un molino mucho más grande. Pero el molino entero cabe en un remolque y se instala en un día.
Cómo se sostiene algo tan grande con tan poco peso
La clave está en cómo se reparten las fuerzas. En un aerogenerador convencional, la torre es un tubo de acero que tiene que soportar todo el peso de la máquina y toda la fuerza del viento por sí solo. Por eso es gruesa, pesada y cara. Cuanto más grande es el rotor, más gruesa tiene que ser la torre. Es una espiral de peso y coste.
En el TWT-11, la torre es delgada porque no está sola. Tres cables de acero la sujetan desde tres puntos del suelo. Cuando el viento empuja el rotor, la torre no se dobla: los cables se tensan y transmiten esa fuerza al suelo. Es el mismo principio que mantiene en pie un mástil de tienda de campaña. El mástil solo no aguantaría, pero con las cuerdas tensadas, sí.
Los anclajes son cinco, y se clavan directamente en el terreno. No hay que excavar una losa ni esperar a que el hormigón fragüe. Eso reduce el coste de instalación y el impacto sobre el suelo. También permite desmontar el molino y llevarlo a otro sitio sin dejar una cicatriz de cemento en el campo. La empresa calcula que su diseño utiliza hasta 13 veces menos material por unidad de electricidad generada que otros aerogeneradores pequeños convencionales.
15.000 kilovatios-hora al año: mucho o poco
La producción anual que anuncia KiteX es de 15.000 kilovatios-hora en un emplazamiento representativo, y hasta 22.000 en zonas especialmente ventosas. Para ponerlo en contexto, una vivienda media española consume entre 3.500 y 5.000 kilovatios-hora al año. Una explotación agrícola con bombeo de agua, cámaras frigoríficas o talleres puede consumir 20.000 o 30.000. Así que el TWT-11 no está pensado para una casa en la ciudad, sino para una granja, una vivienda rural con consumo alto o una pequeña industria.
Esa producción implica un factor de capacidad del 34% en el caso de 15.000 kWh, y del 50% en el de 22.000. Son cifras altas. Muy altas. Un parque eólico comercial en tierra suele tener factores de capacidad del 25-35%. Un molino doméstico en un entorno con obstáculos, del 10-20%. Alcanzar el 50% requiere un emplazamiento excepcional, con viento constante y sin turbulencias. KiteX habla de Dinamarca y el norte de Alemania, que son precisamente dos de los mejores lugares del mundo para la eólica. En España, con otro régimen de vientos, la producción sería distinta.
La empresa reconoce que son estimaciones. Y advierte de que el rendimiento depende de la velocidad media del viento, su distribución anual, las turbulencias y las pérdidas eléctricas y mecánicas. No es una garantía. Es un cálculo basado en su modelo y en las condiciones de sus mercados objetivo.
El precio y la amortización
KiteX anuncia un precio de 165.000 coronas danesas en Dinamarca (unos 22.000 euros) y 21.100 euros en Alemania, con instalación e IVA incluidos. Según la empresa, su propuesta puede resultar aproximadamente cuatro veces más económica que otros aerogeneradores pequeños comparables. Y calcula una amortización de entre cinco y ocho años en emplazamientos adecuados.
Esa amortización depende de varias cosas. Del precio de la electricidad que sustituye. Del porcentaje que se autoconsuma y del que se vierte a la red, que se paga distinto. Del mantenimiento. De si hay subvenciones. Un cálculo rápido: si produces 15.000 kWh al año y los valoras a 0,15 euros por kWh, son 2.250 euros anuales. Dividido entre 21.100 euros de inversión, son unos 9,4 años sin contar mantenimiento. Para llegar a cinco u ocho años, necesitas o más producción, o un precio de la electricidad más alto, o subvenciones, o una combinación de las tres cosas.
Lo que aún falta por demostrar
El TWT-11 tiene certificación de prototipo conforme a la norma IEC 61400-2. La certificación de tipo completa todavía está en proceso. Eso significa que el diseño ha superado las pruebas iniciales, pero que aún no ha demostrado su fiabilidad a largo plazo en condiciones reales de operación durante años.
Las primeras 100 unidades de producción, previstas para 2027, ya están reservadas. La empresa acepta solicitudes para 2028. De momento, solo se vende en Dinamarca y el norte de Alemania. No hay disponibilidad confirmada para España, ni para el sur de Europa, donde el régimen de vientos es muy distinto.
Y luego está la pregunta de siempre: ¿aguantará? Un aerogenerador doméstico tiene que funcionar durante 20 años con mantenimiento mínimo. Los cables tensados, los anclajes, la torre delgada, las palas de 5,5 metros. Todo eso está expuesto al sol, la lluvia, el hielo y el viento. La empresa no ha publicado datos de durabilidad a largo plazo. Habrá que ver cómo se comporta en el mundo real, con temporales, con heladas, con el paso del tiempo. El molino que se instala como una tienda de campaña tiene buena pinta. Pero las tiendas de campaña, cuando sopla fuerte, a veces salen volando.













