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El secreto está en la altura: los olivos miden dos metros, pero la cosechadora llega a 3,5. Por eso Acesur ha subido sus 5.150 placas solares a más de cuatro metros y sigue recogiendo aceitunas debajo

El secreto está en la altura: los olivos miden dos metros, pero la cosechadora llega a 3,5. Por eso Acesur ha subido sus 5.150 placas solares a más de cuatro metros y sigue recogiendo aceitunas debajo

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Por: Autonoción Redacción

Publicado: 22.10.2026 10:20

En Vilches, un pueblo de Jaén rodeado de olivos hasta donde alcanza la vista, hay una parcela que hace un año era solo un olivar más. Cinco hectáreas de árboles centenarios, de esos que producen aceitunas para el aceite que acaba en las botellas de La Española o Coosur. Hoy, sobre esos mismos árboles, hay una estructura de acero que sostiene 5.150 paneles solares. Y debajo de los paneles, los olivos siguen ahí. No han arrancado ni uno. La cosechadora sigue pasando entre las filas, sacudiendo los troncos, recogiendo la aceituna. La única diferencia es que ahora, por encima de todo, hay un techo que genera electricidad.

La clave de que esto sea posible está en una cifra que a primera vista parece un detalle sin importancia: 3,5 metros. Es la altura que alcanza la cosechadora que Acesur utiliza para recoger la aceituna, una máquina que abraza cada olivo y lo zarandea hasta que el fruto cae. Si los paneles estuvieran a la altura habitual de una planta solar convencional, la máquina no podría pasar. Así que los instalaron a más de cuatro metros. Los olivos miden unos dos. La máquina llega a 3,5. Los paneles, por encima. Y debajo, la vida agrícola sigue su curso, ajena al hecho de que cada rayo de sol que atraviesa esa estructura se está convirtiendo en electricidad para la fábrica que hay al lado .

El proyecto lo ha ejecutado Greening, una empresa granadina especializada en soluciones energéticas para entornos industriales complejos, y cuenta con el asesoramiento de la Universidad de Jaén, que lleva años estudiando cómo se comporta un olivar cuando le pones una sombra parcial encima. La potencia instalada es de 3,65 megavatios pico, y el sistema se completa con una batería de 3 megavatios-hora para guardar parte de esa electricidad y usarla cuando más convenga.

La electricidad no va a la red: va a la fábrica de al lado

La ubicación del olivar no es casual. Está pegado a la planta de envasado que Acesur tiene en Vilches. La electricidad que generan los paneles no se vierte a la red para que la compre alguien a saber quién. Se consume allí mismo, en la fábrica que envasa el aceite, que lo refina, que lo almacena. Según los cálculos del proyecto, la instalación podrá cubrir alrededor del 95% de la demanda eléctrica anual de esa planta.

Piensa en lo que eso significa. Una fábrica que depende de la red eléctrica para funcionar, para mantener las luces encendidas, para mover las máquinas, para refrigerar el aceite, de repente se encuentra con que casi toda su electricidad viene de los olivos que tiene al lado. No de una gran planta solar en un desierto lejano. No de un parque eólico en otra provincia. De su propio olivar, que lleva décadas produciendo aceitunas y que ahora, además, produce electricidad.

El proyecto ha recibido una ayuda de 2,8 millones de euros del IDAE, el Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía. Y forma parte de un plan de descarbonización más amplio que Acesur puso en marcha en 2021. Desde entonces, las emisiones de la planta de Vilches han pasado de 25.400 toneladas de CO₂ equivalente en 2021 a 8.700 toneladas en 2024, una reducción del 66%. La planta agrivoltaica es la siguiente pieza de ese plan.

La pregunta que nadie responde todavía: ¿qué pasa con los olivos?

Aquí es donde el proyecto deja de ser una historia bonita de paneles elevados y se convierte en una pregunta científica. La agrivoltaica, eso de combinar cultivos y paneles en el mismo terreno, no es nueva. Se practica en Alemania con viñedos, en Francia con frutales, en Japón con hortalizas. Pero cada cultivo es distinto, y cada clima también. Lo que funciona con una vid puede no funcionar con un olivo.

Investigadores de la Universidad de Jaén publicaron en 2023 un estudio que modelaba precisamente esta configuración: paneles elevados sobre olivos mediterráneos. Su conclusión fue que los módulos debían dejar pasar entre el 57% y el 71% de la luz para no afectar el rendimiento de los árboles. Si la sombra es demasiado densa, la fotosíntesis se resiente y la producción de aceituna cae. Si es demasiado ligera, los paneles no generan suficiente electricidad.

El proyecto de Vilches servirá para comprobar si esos cálculos se cumplen en la realidad. Más del 20% de la parcela se ha dejado sin paneles, como zona de control. Así, los investigadores de la Universidad de Jaén podrán comparar los árboles que están bajo la sombra de los módulos con los que siguen expuestos al sol de siempre. Medirán la productividad, el estrés hídrico, la temperatura del suelo, la humedad. Y tardarán varias campañas en tener respuestas.

Hay una hipótesis que los propios investigadores manejan y que, si se confirma, sería casi irónica: en un clima tan caluroso como el de Jaén, la sombra parcial de los paneles podría reducir la evaporación del agua y el estrés por calor de los olivos. Es decir, que los árboles podrían estar mejor bajo los paneles que a pleno sol. Pero eso es exactamente lo que hay que demostrar. Nadie lo sabe todavía .

Lo que aún falta por ver

La planta está construida. Los paneles están instalados. La batería está conectada. Pero el experimento, en el fondo, no ha hecho más que empezar. La documentación disponible presenta las mediciones sobre el comportamiento de los olivos como trabajo pendiente, no como resultados cerrados. Sería prematuro decir que los paneles aumentarán la cosecha, o que no la afectarán en absoluto. Habrá que esperar. Habrá que medir. Habrá que ver qué pasa después de una campaña, y de otra, y de otra.

Lo que sí está claro es que el proyecto de Acesur y Greening plantea una respuesta a un conflicto que lleva años enquistado en el sur de España. Jaén tiene olivar para aburrir. Y tiene sol para aburrir. Durante años, los promotores de plantas solares y los agricultores han competido por el mismo suelo: los primeros querían terrenos llanos y soleados para instalar paneles, los segundos querían esos mismos terrenos para cultivar. La agrivoltaica propone que no hay que elegir. Que se puede tener las dos cosas. Que un olivar puede producir aceitunas y electricidad al mismo tiempo, si se diseña bien la estructura.

Si el experimento de Vilches funciona, si los olivos siguen produciendo lo mismo bajo los paneles, si la fábrica de Acesur se autoabastece casi por completo con esa electricidad, el modelo podría replicarse en miles de hectáreas de olivar en España. Y en Italia. Y en Grecia. Y en Túnez. El olivar mediterráneo ocupa millones de hectáreas. Si una fracción de esas hectáreas pudiera producir electricidad sin dejar de producir aceite, el impacto sería enorme. Pero eso, por ahora, es una hipótesis. La respuesta la darán los olivos de Vilches. Y tardarán en darla.

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