En Miajadas, un pueblo de Cáceres rodeado de dehesas y campos de tomates, una planta industrial está logrando algo que suena a ciencia ficción: fabricar gas natural sin tocar el subsuelo. No es un truco ni una metáfora, es pura química. La empresa Turn2X junta hidrógeno renovable y dióxido de carbono extraído de la naturaleza. Los combina mediante la reacción de Sabatier y, listo, obtiene metano sintético. La molécula es exactamente la misma que la del gas tradicional que calienta nuestras casas o mueve las fábricas, pero su origen es radicalmente distinto. En lugar de perforar la tierra para sacar un combustible fósil atrapado durante millones de años, este gas nace de electricidad limpia y de un CO₂ que ya estaba en la atmósfera.
Lo verdaderamente importante es que esto ya no es un experimento de laboratorio. Es una planta real, conectada directamente a la red de gas de Extremadura, y que acaba de ganar un pulso histórico en Bruselas. El proyecto T2X ha sido uno de los elegidos en la tercera subasta del Banco Europeo del Hidrógeno. La competencia fue feroz: se presentaron 58 candidaturas de 11 países y solo nueve lograron ganar. Gracias a este hito, la Comisión Europea premiará el proyecto con una ayuda de 0,62 euros por cada kilogramo de hidrógeno renovable certificado que produzcan durante sus primeros diez años.
Al final, la idea que sostiene este proyecto es tan simple como pragmática: si hay industrias o transportes que no podemos electrificar hoy en día, al menos cambiemos el origen del gas que necesitan para funcionar. Y en esa carrera hacia el futuro, Miajadas se ha convertido en el gran laboratorio de Europa.
La química de la reacción: hidrógeno, CO₂ y un catalizador
El proceso que ocurre dentro de la planta de Miajadas tiene tres pasos. Primero, la electrólisis. Un electrolizador, alimentado con electricidad renovable, separa las moléculas de agua en hidrógeno y oxígeno. Ese hidrógeno es la materia prima principal. Segundo, la captura del CO₂. La planta se abastece de dióxido de carbono biogénico procedente de una planta de bioetanol cercana. Ese CO₂ no viene de un pozo ni de una chimenea industrial fósil: proviene de materia orgánica que previamente había capturado carbono de la atmósfera mientras crecía.
El tercer paso es la reacción de Sabatier, que se conoce desde finales del siglo XIX. El hidrógeno y el dióxido de carbono se combinan en presencia de un catalizador para producir metano y agua. La ecuación es sencilla: CO₂ + 4H₂ → CH₄ + 2H₂O. El resultado es metano sintético de alta pureza, químicamente idéntico al gas natural fósil, pero con una huella de carbono radicalmente distinta.
La planta de Miajadas ya ha demostrado que ese gas puede inyectarse en la red de distribución de Gas Extremadura sin problemas. No requiere modificaciones en los gasoductos, ni en los equipos de los usuarios finales. Es un gas compatible con la infraestructura que ya existe.
Por qué no usar el hidrógeno directamente
La pregunta que cualquiera se hace al leer esto es: si ya tenemos hidrógeno renovable, ¿por qué convertirlo en metano? ¿No es un paso extra que consume energía y reduce la eficiencia?
La respuesta está en la logística. El hidrógeno es una molécula complicada de manejar. Su densidad energética por volumen es muy baja, lo que significa que hay que comprimirlo a presiones enormes o licuarlo a temperaturas criogénicas para transportarlo. Las tuberías de gas natural no están preparadas para hidrógeno puro: el hidrógeno se escapa por las juntas, fragiliza algunos aceros y requiere compresores especiales. Adaptar toda la infraestructura gasista europea al hidrógeno puro costaría miles de millones y llevaría décadas .
El metano sintético, en cambio, se comporta exactamente como el gas natural. Puede viajar por los mismos gasoductos, almacenarse en las mismas instalaciones, usarse en las mismas calderas y motores. Es una forma de descarbonizar el gas sin tener que reconstruir el sistema desde cero.
Los números del proyecto: 9 MW, 6.390 toneladas y una prima europea
El proyecto T2X contempla una capacidad de electrólisis de 9 megavatios. Según los datos publicados por la Comisión Europea, la planta prevé producir 6.390 toneladas de hidrógeno renovable durante sus primeros diez años de operación. Esa producción se destinará a la fabricación de metano sintético, que se inyectará en la red gasista.
La prima de 0,62 euros por kilogramo de hidrógeno certificado es clave para la viabilidad económica. El hidrógeno verde producido por electrólisis es más caro que el hidrógeno gris que se obtiene del gas natural. Esa diferencia de coste es el principal obstáculo para su adopción a gran escala. La subvención europea reduce esa brecha y permite que el proyecto avance hacia la comercialización.
Turn2X ya tiene un acuerdo de compra de energía con Axpo Iberia, que suministrará electricidad renovable generada por Aquila Clean Energy . Y ha firmado un acuerdo de suministro con Titan Clean Fuels para entregar e-metano al sector marítimo a partir de 2028, utilizando la red de gasoductos europea para transportarlo hasta los puertos donde se repostará a los barcos .
Lo que aún falta por demostrar
El proyecto ha superado la fase de laboratorio. Funciona. Se ha inyectado gas en la red. Ha ganado una subasta europea. Pero hay preguntas que aún no tienen respuesta pública.
La primera es el coste final. La prima de 0,62 euros por kilo de hidrógeno es una ayuda, pero no se sabe cuánto costará el metano sintético una vez producido a escala industrial, ni si podrá competir con el gas natural fósil sin subvenciones permanentes. La viabilidad a largo plazo dependerá de que el precio del CO₂ suba o de que los clientes estén dispuestos a pagar una prima por un gas renovable.
La segunda es la disponibilidad de CO₂ biogénico. La planta de Miajadas se abastece de una planta de bioetanol cercana. Pero si esta tecnología se replicara a gran escala, haría falta mucho más CO₂ biogénico del que hay disponible. El CO₂ de origen fósil capturado en industrias también podría usarse, pero entonces el balance ambiental sería distinto: estaríamos reciclando carbono fósil, no cerrando el ciclo.
La tercera es la eficiencia global. Convertir electricidad en hidrógeno, luego en metano, y luego quemarlo tiene pérdidas en cada paso. La eficiencia de ida y vuelta es baja comparada con usar la electricidad directamente. Por eso el metano sintético tiene sentido sobre todo en sectores donde la electrificación directa no es viable: la siderurgia, la cerámica, el transporte marítimo, la industria química. No es una solución universal, sino una pieza para un problema específico .
Lo que Miajadas ha demostrado es que esa pieza puede funcionar. Que el gas natural sin fósiles no es una utopía de laboratorio, sino una realidad que ya fluye por las tuberías de Extremadura. Y que Europa, cuando se lo propone, puede convertir una idea química en una planta industrial.













