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Los pescadores temían que las turbinas arrasaran el fondo del mar y ha pasado justo lo contrario: dos mil estudios confirman que los cimientos de los molinos marinos se han vuelto un arrecife con hasta 1,6 veces más peces alrededor

Los pescadores temían que las turbinas arrasaran el fondo del mar y ha pasado justo lo contrario: dos mil estudios confirman que los cimientos de los molinos marinos se han vuelto un arrecife con hasta 1,6 veces más peces alrededor

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Por: Autonoción Redacción

Publicado: 28.06.2026 11:00

Cuando se plantea plantar molinos de viento en mitad del mar, pescadores y ecologistas se hacen siempre la misma pregunta con el corazón en un puño: ¿qué va a pasar con los peces? Es un miedo lógico. La idea de clavar torres gigantescas de acero en el lecho marino —con el estruendo de las obras, las vibraciones y los cables eléctricos— asusta a cualquiera.

Quienes viven del mar temían que el ruido espantara la pesca para siempre y que el fondo acabara convertido en un desierto gris y sin vida. Pues bien, la ciencia acaba de darnos una sorpresa mayúscula.

Ocean Winds —la empresa detrás del parque eólico flotante WindFloat Atlantic, en Portugal, y participada al 50% por EDP Renewables y ENGIE— lleva ocho años vigilando qué pasa bajo el agua en su instalación de Viana do Castelo. Y los resultados tiran por tierra todos los temores: lejos de destrozar el entorno, los molinos han funcionado como un imán para la vida, creando una especie de arrecife artificial rebosante de biodiversidad.

La evidencia: más de 270 especies bajo el agua

El seguimiento, basado en ocho años de monitorización y elaborado por la consultora independiente Blue Grid con la colaboración del centro de investigación MARE (vinculado a la Universidad de Lisboa) y el Politécnico de Leiria, ha vigilado el parque desde que se colocó la primera pieza. Y lo que han encontrado bajo la superficie es asombroso.

En total han identificado más de 270 especies conviviendo con el parque, desde aves y murciélagos en la superficie hasta mamíferos marinos y decenas de tipos de peces bajo el agua. Y no solo hay más variedad: dentro del parque hay bastante más cantidad de peces e invertebrados que fuera de él.

Entre los nuevos inquilinos, los pulpos se han adueñado del lugar y, para sorpresa de los investigadores, la zona se ha llenado de tiburones y rayas (los llamados elasmobranquios). Conviven especies protegidas con los pescados que después acaban en la lonja.

EN TOTAL
Especies
270+
identificadas en 8 años de seguimiento
Peces
52
incluidas especies comerciales y protegidas
Mamíferos marinos
5
con más actividad de delfines y marsopas
Aves y murciélagos
33 / 3
sin colisiones ni asentamientos detectados

La conclusión de los científicos es clara: la zona de exclusión de la pesca alrededor de las turbinas (donde está prohibido faenar) y el «efecto arrecife» de los propios cimientos han creado un refugio para la fauna. En lugar de un desierto, un oasis.

El «efecto arrecife»: cómo una turbina se convierte en un hotel de peces

¿Y qué es exactamente el «efecto arrecife»? Un fenómeno de sobra documentado en ecología marina. Cuando metes una estructura sólida en un fondo que antes era plano y arenoso, esa estructura se convierte en un soporte donde se fijan algas, mejillones, percebes y otros organismos.

Esos organismos atraen a peces pequeños que buscan comida y refugio. Los peces pequeños atraen a depredadores más grandes. Y así, paso a paso, se forma un ecosistema completo alrededor de la estructura.

Las turbinas marinas, con sus enormes cimientos de acero, funcionan igual que un pecio hundido o un arrecife natural. La diferencia es que, además, llevan asociada una zona de exclusión de la pesca. Esa combinación —sustrato duro más protección frente a las redes— convierte a los parques eólicos en auténticos santuarios.

Los datos lo confirman: la zona de exclusión ha generado un «efecto reserva» que favorece la recuperación de las poblaciones de peces. Los investigadores también registraron más actividad de delfines y marsopas durante la fase de funcionamiento, y no detectaron impactos negativos significativos, como colisiones de aves o murciélagos asentados en las estructuras.

¿Y la pesca? Más matices de los que parece

Para los pescadores locales hay un dato clave: las capturas en la zona de Viana do Castelo no han bajado desde que el parque está en funcionamiento. Es más, las estructuras podrían estar actuando como un vivero que repuebla los caladeros cercanos, lo que beneficiaría a las comunidades de la zona.

Conviene, eso sí, no pintarlo todo de color de rosa. Que el total de capturas se mantenga no significa que todos los pescadores estén contentos: algunas tripulaciones pueden haber perdido el acceso a caladeros de toda la vida, y ese malestar no desaparece con una estadística. El debate social sigue ahí.

Con todo, el caso no es aislado. Estudios en parques eólicos de otros países, como Taiwán, apuntan en la misma dirección: las turbinas atraen a peces de arrecife que antes no estaban en la zona, con comunidades comparables a las de un arrecife artificial maduro.

Un cambio de paradigma (con letra pequeña)

El informe de Ocean Winds es un hito. Demuestra que la eólica marina flotante no solo es compatible con la biodiversidad, sino que puede generar efectos ecológicos positivos a nivel local. El panorama es mucho más optimista de lo que se pensaba hace una década.

Pero conviene leer la letra pequeña. Sigue habiendo impactos que gestionar: el ruido de la construcción, por ejemplo, o la aparición de especies invasoras en las plataformas (el alga wakame ha ido a más en los últimos años de seguimiento). Por eso los propios autores insisten en mantener la vigilancia a medida que esta tecnología crece.

El estudio se presentó en el WindEurope Annual Event 2026, celebrado en Madrid el pasado abril. Lo resume bien Teresa Simas, directora general de Blue Grid, la consultora que lo ha elaborado: el programa de seguimiento de WindFloat Atlantic aporta pruebas valiosas de que un parque eólico flotante puede mejorar de forma medible la abundancia de peces e invertebrados gracias a los efectos arrecife y refugio, siempre con una vigilancia ambiental sostenida en el tiempo.

Los pescadores que temían que las turbinas arrasaran el fondo del mar se han encontrado justo con lo contrario: los cimientos de los molinos se han convertido en un arrecife donde la vida abunda. Un arrecife que, además, produce energía limpia.

EL GARAJEvia El Garaje

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