La agricultura es un mundo aparte. Los tractores no son como los coches. No pueden parar cada 200 kilómetros a enchufarse. Un tractor trabaja de sol a sol, a veces 10 o 12 horas seguidas, arando, sembrando o cosechando. Y en ese tiempo, no puede permitirse una pausa de dos horas para recargar baterías.
El diésel ha sido el rey durante décadas precisamente porque permite esas jornadas maratonianas. Pero el diésel contamina, y la presión para descarbonizar el campo es cada vez mayor.
La electrificación pura ha demostrado sus limitaciones: las baterías son pesadas, caras y no dan la autonomía necesaria. El hidrógeno promete, pero tiene un problema de base: es difícil de almacenar. Incluso comprimido a 700 bares, ocupa mucho más espacio que el diésel para la misma cantidad de energía.
Y en un tractor, el espacio es oro: cada metro cuadrado que ocupas con depósitos de combustible es espacio que no puedes usar para carga, para el motor o para el propio diseño de la máquina.
La idea que nadie había tenido: aprovechar el interior de la rueda
Los ingenieros alemanes de Hörmann Vehicle Engineering han mirado donde nadie miraba. Las ruedas traseras de un tractor grande son enormes. Y, salvo el neumático, su interior está vacío. Es un espacio muerto que solo cumple una función mecánica: girar. ¿Y si, en lugar de dejar ese volumen desaprovechado, lo convirtiéramos en un depósito de combustible?
Esa es la idea. Han diseñado unos tanques anulares de fibra de carbono que se integran en la llanta de la rueda, ocupando ese espacio interior que antes era aire. Funcionan a la misma presión que los depósitos de los camiones de hidrógeno: 700 bares. Y en las dos ruedas traseras pueden almacenar hasta 42 kilogramos de hidrógeno.
Para que te hagas una idea, esa cantidad equivale energéticamente a unos 200 litros de diésel. Suficiente para que el tractor pueda trabajar una jornada completa sin repostar, igual que haría con el combustible de toda la vida.
Y hay un detalle que no es menor. Llevar el peso del combustible abajo, pegado a los ejes, en lugar de cargarlo en el techo, baja el centro de gravedad de la máquina. En un terreno irregular o en pendiente, eso se traduce en un tractor más estable, justo donde más falta hace.
No es un simple depósito: es toda una filosofía de diseño
Hörmann no se ha limitado a meter un tanque dentro de la rueda. El sistema es mucho más ambicioso. Han desarrollado también un motor eléctrico de reluctancia que va integrado en la misma rueda junto con el depósito.
Este motor tiene una ventaja enorme: no utiliza imanes permanentes y, por tanto, prescinde de tierras raras como el neodimio o el disprosio.
Eso es importante. China concentra más del 60% de la producción mundial de tierras raras. Depender de ese suministro es un riesgo geopolítico y también ambiental. La industria europea lleva años buscando reducir esa dependencia, y este diseño la elimina por completo.
Además, al integrar el motor y el depósito en la rueda, se simplifica el tren motriz: no hay tuberías de hidrógeno recorriendo el chasis, no hay cables largos, no hay transmisiones mecánicas complejas. Cada rueda es autónoma, y el vehículo es más modular y eficiente.
Y esa modularidad tiene otra lectura interesante. El sistema no está atado a un único tipo de motor: sirve tanto para una pila de combustible como para un motor de combustión de hidrógeno, así que cada fabricante puede elegir el camino que prefiera sin rediseñar la máquina entera.
El Fendt Helios: el tractor que ya está demostrando que funciona
Esta tecnología no es teoría. Ya existe un tractor que está demostrando que el hidrógeno puede mover el campo. Es el Fendt Helios, un prototipo que la marca Fendt (del grupo AGCO) ha estado probando en condiciones reales en la región de Emsland, en Alemania.
El Helios monta un sistema de pila de combustible de 100 kW y una batería de 25 kWh, que alimentan un motor eléctrico de 100 kW, equivalente a unos 134 caballos de vapor.
El tractor ya ha participado en cosechas reales y, según sus responsables, su rendimiento es equiparable al de un diésel de la misma potencia.
El Helios no es un experimento aislado. Fendt ha construido dos prototipos que ruedan dentro del proyecto H2Agrar, la primera prueba en Alemania de toda la cadena del hidrógeno aplicada al campo, desde producir el gas hasta el tractor trabajando, en marcha desde 2021 y con unos 7,6 millones de euros de financiación pública. La primera cosecha real llegó en 2024.
Lo que el Helios ha demostrado es que el hidrógeno funciona en el campo. Pero el tractor lleva sus depósitos en el techo: cinco tanques que suman 21 kilogramos de hidrógeno, lo que le da una autonomía de entre 5 y 8 horas. Suficiente para muchas tareas, pero no para una jornada completa en los trabajos más exigentes.
De ahí la idea de integrar más almacenamiento en las ruedas, pasando de 21 a 42 kilogramos y cerrando la brecha con el diésel.
¿Es seguro? La gran pregunta que todos se hacen
Almacenar hidrógeno a 700 bares dentro de una rueda que gira, que recibe impactos, que vibra y que trabaja en condiciones extremas… la pregunta es inevitable: ¿es seguro?
Hörmann asegura que el sistema está diseñado para cumplir con la normativa europea ECE R134, la misma que regula los depósitos de hidrógeno en vehículos de carretera. Los tanques de fibra de carbono son resistentes a impactos y van protegidos por una cubierta especial que los aísla de la suciedad y las piedras.
Además, el sistema incluye válvulas de alivio térmico y sensores de impacto para garantizar la seguridad en caso de accidente.
Eso sí, el concepto sigue en fase de investigación. La versión con depósitos en las ruedas aún no ha llegado a un prototipo en movimiento, aunque el Fendt Helios ya ha demostrado que el hidrógeno es viable en el campo. El siguiente paso, si las pruebas son positivas, es validar esta rueda-depósito en condiciones reales de trabajo.
La financiación europea y el horizonte de la agricultura sin diésel
El proyecto se enmarca en la iniciativa RAHD (Rad storage and A drive function solution for Heavy-Duty vehicles), que cuenta con financiación del banco de fomento alemán Sächsische Aufbaubank y del Fondo Europeo de Desarrollo Regional.
El objetivo es claro: descarbonizar la maquinaria pesada no vial antes de que la normativa europea endurezca los límites de emisiones a partir de 2030.
La solución de Hörmann es modular y escalable. Cuantas más ruedas tenga el vehículo, mayor capacidad de almacenamiento. Y, según sus creadores, no solo sirve para tractores, sino también para camiones, maquinaria de obras y otros vehículos especiales. Si la tecnología se consolida, podría cambiar por completo la forma de entender la energía en el campo.













