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Mientras España convierte sus minas agotadas en yacimientos de litio, Alemania ha plantado sobre una antigua explotación de carbón el molino más alto del planeta: 300 metros hasta el buje, una torre de celosía con 22.000 piezas de acero y un truco telescópico para subirlo sin grúas

Mientras España convierte sus minas agotadas en yacimientos de litio, Alemania ha plantado sobre una antigua explotación de carbón el molino más alto del planeta: 300 metros hasta el buje, una torre de celosía con 22.000 piezas de acero y un truco telescópico para subirlo sin grúas

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Por: Autonoción Redacción

Publicado: 23.06.2026 16:00

Encontrar formas eficientes de exprimir las energías renovables y, sobre todo, de guardar la electricidad cuando sobra, es el gran reto actual del sector energético. En esta carrera, la energía eólica se ha convertido en la gran protagonista. Seguro que has visto cientos de molinos de viento en las montañas, pero la industria no solo se centra en el almacenamientos, y es que la eólica tiene un problema de altura.

La lógica es sencilla. Cuanto más alto colocas un aerogenerador, el viento es más fuerte, constante y menos turbulento que a ras de suelo. Por eso, las empresas llevan años compitiendo en una carrera silenciosa por tocar el cielo.

Alemania se acaba de coronar campeona de esta competición. Lo ha hecho con un proyecto en la región de Lausitz que no solo rompe récords, sino que da una lección de cómo reinventar el pasado industrial. Sobre una antigua mina de carbón a cielo abierto, han levantado un gigante de 360 metros de altura total. Para que te hagas una idea: sus palas miden 60 metros y barren una superficie equivalente a dos campos de fútbol.

Ingeniería milimétrica y un truco de magia telescópico

Olvídate de la típica torre tubular blanca que ves en la autopista. Este coloso utiliza una estructura de celosía, muy parecida a las torres de alta tensión, pero a una escala monumental. Está compuesta por 22.000 piezas de acero encajadas con precisión de relojero. Este diseño no es capricho estético: reduce drásticamente el peso y el coste de los materiales.

Lo más increíble ha sido su montaje. Como no existen grúas tan descomunales en el mundo para alcanzar esa altura, los ingenieros recurrieron a un truco brillante: la autoelevación telescópica. La torre se fue «estirando» desde abajo hacia arriba, añadiendo piezas a medida que crecía. Un sistema inteligente que ahorra costes, espacio y riesgos laborales.

De la ceniza al viento: energía limpia para miles de hogares

Este gigante tiene una potencia de 10 MW, capaz de iluminar unos 4.000 hogares. Sin embargo, su verdadero valor es el simbolismo. Ver la torre eólica más alta del mundo asentada sobre una vieja mina de carbón es la imagen perfecta de la transición energética.

La mina de Lausitz fue una de las más grandes de Europa. Durante décadas, miles de mineros extrajeron lignito para alimentar las centrales térmicas que daban luz a Berlín. Hoy, ese mismo suelo ya no escupe humo ni ceniza; ahora aprovecha el viento para generar energía limpia. Es una respuesta brillante a la pregunta de qué hacer con el legado industrial del carbón.

Pero este proyecto no es solo un gesto simbólico. Alemania se ha propuesto un objetivo ambicioso pero firme: apagar todas sus centrales de carbón para el año 2038. Y, precisamente, la región de Lausitz está en el ojo del huracán de esta metamorfosis. Los aerogeneradores como este son una pieza clave para ofrecer empleo y futuro a una zona que ha vivido del carbón durante generaciones. La empresa Max Bögl, que ha liderado la construcción, ya ha anunciado que planea instalar más torres de este tipo en antiguas minas de la región, creando un nuevo parque eólico que podría generar cientos de megavatios.

El diseño híbrido que reduce costes y acelera el montaje

Una de las claves de este proyecto es el concepto de torre híbrida. Los ingenieros no se la jugaron a una sola carta; decidieron combinar lo mejor de dos mundos para abaratar costes y acelerar los plazos de construcción. Los primeros metros de la torre, los más cercanos al suelo, se han construido con hormigón armado, que es más económico y aporta rigidez a la base. A partir de los 100 metros, la estructura se convierte en una torre de celosía de acero, más ligera y fácil de transportar. Gracias a esta brillante combinación, los constructores han logrado reducir el coste total de la torre en un 15% si lo comparamos con lo que habría costado fabricarla entera de metal.

Además, el uso de celosía facilita el transporte de los componentes. Las piezas de acero, de tamaño manejable, pueden ser transportadas por carretera sin necesidad de escoltas especiales ni de grandes grúas. Eso reduce los plazos de montaje y permite que el aerogenerador entre en funcionamiento en menos tiempo que un modelo tradicional de la misma altura. La torre se ha levantado en 18 meses, un tiempo récord para una estructura de estas dimensiones.

¿Y qué estamos haciendo en España?

Mientras Alemania mira al cielo para reconvertir sus minas, España ha decidido mirar hacia el subsuelo. En los últimos años, el país ha puesto el foco en sus cuencas mineras agotadas (como las de Cáceres, Salamanca o León) para buscar litio. La estrategia es inteligente: aprovechar las carreteras, las líneas eléctricas y el conocimiento geológico ya existentes para extraer el material clave de las baterías eléctricas.

El litio es el nuevo oro blanco y España tiene reservas importantes. Pero hay una gran diferencia con el modelo alemán: el litio exige extraer, procesar y batallar contra la burocracia y la oposición vecinal. Los proyectos españoles aún están en fase inicial, mientras que un aerogenerador se puede levantar y poner a producir en apenas un par de años.

El futuro se construye hacia arriba

La empresa constructora, Max Bögl, ya planea replicar este modelo en otros terrenos degradados. Quieren demostrar que estas superestructuras de 300 metros son el futuro para capturar vientos limpios sin las complicaciones logísticas de transportar piezas gigantes por carretera. Su objetivo es demostrar que las torres de celosía de 300 metros no son un capricho, sino una solución viable para aprovechar el viento a gran altura sin necesidad de fabricar piezas monolíticas imposibles de transportar.

Los ingenieros de Max Bögl también han desarrollado un sistema de monitorización en tiempo real que permite controlar el estado de la torre y ajustar el ángulo de las palas para optimizar la producción de energía.

El coloso de Lausitz nos deja un mensaje claro: la transición verde no consiste solo en cambiar de combustible, sino en reinventar el paisaje, aprovechar lo que ya tenemos y atrevernos a diseñar a lo grande.

EL GARAJEvia El Garaje

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