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Cabe en la palma de la mano, da la misma energía que un reloj de pulsera y podría seguir dándola cuando ya no quede nadie para verlo: la batería nuclear que funciona igual que una placa solar, pero comiendo radiación en vez de luz

Cabe en la palma de la mano, da la misma energía que un reloj de pulsera y podría seguir dándola cuando ya no quede nadie para verlo: la batería nuclear que funciona igual que una placa solar, pero comiendo radiación en vez de luz

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Por: Autonoción Redacción

Publicado: 16.07.2026 10:01

¿Te imaginas un dispositivo del tamaño de una caja de cerillas que empiece a dar energía hoy y no se apague hasta el año 7756? Parece el argumento de una película de ciencia ficción cyberpunk, pero es la última realidad de los laboratorios asiáticos. Mientras el común de los mortales vive encadenado a cargadores, cables trenzados y la obsesión diaria de que el teléfono no baje del 20% de autonomía, la ingeniería nuclear acaba de dar un puñetazo sobre la mesa. Y no, no tiene nada que ver con reactores gigantescos ni con el peligro de una fusión nuclear a gran escala. Cabe en la palma de la mano, genera una cantidad de energía equivalente a la que consume un modesto reloj de pulsera y, sí, podría seguir latiendo de manera imperturbable cuando todos nosotros ya no estemos aquí para contarlo.

La Universidad Normal del Noroeste de China, aliada con la firma Gansu Zhulong Technology, acaba de presentar al mundo la Qianjiyuan Tianshu. Este prodigio es una batería nuclear de carbono-14 cuyo funcionamiento interno imita la filosofía de un panel solar, pero con un giro conceptual brillante: en lugar de absorber luz solar, «come» su propia radiación atrapada. El verdadero hito de este dispositivo no es solo su longevidad milenaria —gracias a la extensa vida media de su isótopo—, sino que ha logrado pulverizar las limitaciones físicas de sus predecesores, multiplicando por 15,5 su densidad de potencia volumétrica y reduciendo drásticamente la cantidad de material radiactivo en su interior.

Es el nacimiento de la energía betavoltaica a escala micro, un salto tecnológico crucial que no busca dar vida a tu próximo smartphone de última generación, sino conquistar los entornos más hostiles, aislados e inaccesibles del planeta. Prepárate para entender cómo funciona la pila que desafía el paso del tiempo y por qué el gigante asiático acaba de cambiar las reglas del juego geopolítico y tecnológico para las próximas generaciones.

Cabe en la palma de la mano y da microvatios

La batería, llamada Qianjiyuan Tianshu, es la segunda generación de un prototipo presentado en 2024 por la Universidad Normal del Noroeste y la empresa Gansu Zhulong Technology.

Ocupa solo 16,8 centímetros cúbicos (un poco más de una pulgada cúbica) y utiliza 129 milicurios de carbono-14 para entregar una potencia máxima de 1,13 µW (microvatios). Para que te hagas una idea, un reloj de pulsera digital consume entre 1 y 5 microwatios. Es decir, la batería está en el rango de potencia de un reloj, no de un teléfono móvil.

El futuro de esto pasa por combinar la batería nuclear con un supercondensador. La batería llena el tanque de forma lenta pero ininterrumpida, y el dispositivo (por ejemplo, un sensor que transmite por satélite) da un «chispazo» de alta potencia cada ciertas horas usando la energía acumulada. Es como un un grifo que gotea muy lento (la batería) llenando un cubo de agua (el supercondensador); cuando el cubo se llena, lo vuelcas de golpe para limpiar el suelo (el envío de datos del sensor).

El avance es espectacular. El nuevo diseño necesita solo el 22% del material radiactivo que usaba el prototipo Candle Dragon-I (Zhulong-1), mientras que la corriente de cortocircuito se multiplica por 2,5 y la potencia máxima por 2,6. El resultado final es un incremento de 15,5 veces en la densidad de potencia volumétrica.

Como una placa solar, pero con radiación

La comparación con una placa solar es la mejor forma de entender el principio de funcionamiento. No es fisión nuclear, no hay reacción en cadena ni uranio. Es una batería betavoltaica que aprovecha la desintegración natural del carbono-14.

El carbono-14 emite partículas beta (electrones de alta velocidad). Estas partículas impactan directamente contra un semiconductor de carburo de silicio (SiC). La interacción genera cargas eléctricas que se recogen para producir corriente.

El carburo de silicio es clave porque es resistente a la radiación y a altas temperaturas, lo que permite que la batería funcione de forma estable entre -100 °C y 200 °C.

La duración: miles de años en teoría

El carbono-14 tiene una vida media de 5.730 años. Eso significa, en teoría, que la batería podría seguir generando electricidad durante miles de años. Sin embargo, los investigadores matizan que la fuente de energía podría durar milenios, pero la electrónica que la rodea (semiconductores, conexiones) envejecerá antes. El desafío está en fabricar un dispositivo completo que pueda aprovechar esa electricidad durante décadas.

El proyecto es 100% de fabricación china, incluyendo el transductor de carburo de silicio, lo que refuerza la apuesta del país por la soberanía tecnológica en semiconductores avanzados. Es decir, el gigante asiático ha fabricado este chip semiconductor de SiC sin tecnología extranjera para esquivar bloqueos comerciales de Occidente. Además, el carbono-14 se puede extraer purificando los residuos de las centrales nucleares actuales, abriendo la puerta a una especie de «economía circular nuclear».

¿Para qué sirve un microvatio?

Un microvatio es una cantidad diminuta de energía, pero no se debe subestimar su valor. No está pensada para sustituir las baterías de litio de los teléfonos o coches eléctricos. Su verdadero campo de batalla está en aquellos dispositivos donde cambiar una batería es imposible, peligroso o extremadamente caro.

Hablamos por ejemplo de sensores remotos en el Ártico, el fondo oceánico o en misiones espaciales; equipos de monitorización industrial; y dispositivos médicos implantables como marcapasos o bombas de insulina, que podrían durar toda la vida del paciente sin cirugía de reemplazo.

China ya ha utilizado baterías nucleares en sus misiones lunares Chang’e-3 y Chang’e-4, pero Qianjiyuan Tianshu representa un paso hacia baterías más pequeñas, potentes y baratas para aplicaciones industriales y civiles.

Esta tecnología no va a cambiar la forma en que cargamos el móvil, pero sí va a transformar sectores enteros: la monitorización ambiental, la industria 4.0 y la medicina. Es la revolución silenciosa de la energía, la que llega en dosis de microvatios pero con una duración casi eterna.

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