Volvo Cars vuelve a tirar de tijera y eso no es para nada una buena noticia. El fabricante sueco, controlado mayoritariamente por el grupo chino Geely, ha anunciado la eliminación de unos 2.500 puestos de trabajo en todo el mundo, una decisión que golpea sobre todo a su país de origen y es que 2.000 de esos empleos desaparecerán en Suecia.
Para que te hagas una idea de la magnitud de la decisión, el recorte afecta aproximadamente al 6% de su plantilla y llega en un momento en que la marca se enfrenta a la presión mayúscula de los fabricantes chinos, de los aranceles y a una demanda bastante más floja de lo que cabría esperar en Estados Unidos donde sus ventas están sufriendo un duro golpe.
Esta medida es la respuesta a un año que se ha torcido mucho más de lo previsto para el fabricante de coches sueco.
De beneficios a pérdidas en solo doce meses
Volvo Cars cerró el tercer trimestre de 2026 con una pérdida operativa de 334 millones de euros al cambio actual. Hace un año, en el mismo periodo, la compañía ganaba 521 millones de euros.
El deterioro también se nota en el margen bruto, uno de los indicadores que los inversores siguen con más atención para medir el impacto de los aranceles y los descuentos. Ha caído hasta el 14,7%, frente al 20,4% que registraba un año antes.
La bolsa lo ha castigado sin contemplaciones. El pasado viernes, las acciones de Volvo Cars se hundieron un 25% en una sola sesión, y esta semana tocaron su mínimo histórico. En lo que va de año, el valor acumula un desplome del 54%, lastrado por los aranceles, el menor apetito por los vehículos eléctricos y los elevados costes de desarrollo. Si se mira con más perspectiva, el panorama es todavía pero y es que la cotización ha perdido ya un 90% respecto a los máximos que alcanzó en 2022.

Cómo se ejecutarán los despidos
Aunque es un drama, la empresa ha explicado que el ajuste de plantilla se hará sin perjudicar en la medida de lo posible a los empleados y es que para empezar se efectuarán despidos con la finalización de contratos con consultores externos, se incentivarán las bajas naturales y no se cubrirán vacantes disponibles y por último habrá paquetes e incentivos para la prejubilación de determinados empleados.
Según el consejero delegado, Hakan Samuelsson, estos recortes deberían completarse a mediados de 2027. Eso sí, el directivo no descartó, en declaraciones a Reuters, que lleguen nuevas medidas si el plan de recuperación no da los resultados esperados.
Un ahorro adicional de 449 millones de euros
El recorte de empleo forma parte de un paquete más amplio que en total se elevará hasta los 2.515 millones de euros.
China, un mercado que Volvo ya da por perdido
Las dificultades de Volvo no son una novedad de este trimestre y es que el grupo lleva tiempo luchando por mantenerse rentable en un entorno que se ha vuelto hostil desde varios frentes a la vez.
El golpe más duro llega desde China. Los ingresos de la marca en ese país cayeron casi un 50% en el tercer trimestre, y la compañía da por perdido el mercado chino. Una renuncia de enorme calado para un fabricante cuyo accionista mayoritario es, precisamente, un grupo chino.
A ello se suma que la demanda de sus coches eléctricos se ha enfriado, justo cuando la marca había apostado con fuerza por esa tecnología. Y también el peso de los aranceles y de unos costes elevados, que están erosionando sus ventas en Estados Unidos.
El segundo gran ajuste desde el regreso de Samuelsson
Para la plantilla, el anuncio tiene un sabor amargo. Poco después de que Samuelsson volviera a asumir el cargo de consejero delegado en 2025, Volvo ya anunció 3.000 despidos y de un plan de ahorro 1.616 millones de euros y de una cooperación más estrecha con las marcas de Geely.
Los nuevos recortes se suman a aquellos anunciados el año pasado y nos dejan una pregunta rondado por nuestras cabezas, y es que si Volvo logrará regresar a la senda de la rentabilidad con todo este recorte de gasto y personal.













