En la industria del automóvil, dos de los mayores fabricantes del mundo se enfrentan a un desafío idéntico y es que cuentan con una oferta de modelos excesivamente amplia que genera costes innecesarios y complica el trabajo de desarrollo.
Tanto Toyota como el Grupo Volkswagen han llegado a la conclusión en las últimas horas de que tienen que simplificar sus catálogos, algo que es clave para mejorar la rentabilidad y la eficiencia operativa. Aunque operan en contextos diferentes, sus estrategias muestran sorprendentes paralelismos.
Toyota busca aligerar su extensa gama de vehículos
Toyota cerró 2025 con un récord y es que vendió 10.536.807 vehículos, incluyendo los de su división de lujo Lexus. Esto representó un crecimiento del 3,7% respecto al año anterior y le permitió mantener el liderazgo mundial en ventas por sexto año consecutivo. Sin embargo, el nuevo CEO, Kenta Kon, no ve solo motivos de celebración en estas cifras.
Tras visitar varios centros de I+D, Kon identificó que los ingenieros están sobrecargados por la enorme cantidad de modelos, especificaciones y variantes. Esta complejidad eleva los costes de desarrollo y fabricación sin aportar siempre valor real al cliente. En sus propias palabras, “si vas a una división de desarrollo, ves problemas como el aumento de diferentes modelos y variantes que impulsan los costes al alza. Si hay áreas que no agregan valor verdadero o donde el trabajo no se hace de forma eficiente, debemos examinarlas detenidamente”.
Una de las primeras decisiones bajo su liderazgo fue cancelar el Lexus LF-ZC, un sedán eléctrico cuya producción fue suspendida por “fluctuaciones en la demanda del mercado” y la carga de trabajo asociada al planeamiento y fabricación. Este movimiento revela que Toyota no está dispuesta a invertir recursos en proyectos cuya viabilidad comercial no esté 100% clara.
Un ejemplo de la profundidad histórica de su gama es el Land Cruiser Serie 70 (J70), un todoterreno presentado en 1984 que aún se comercializa en mercados como Australia y Japón. A pesar de sus más de 40 años, sigue siendo un vehículo prácticamente indestructible, capaz de enfrentarse a los terrenos más exigentes. Su permanencia ilustra cómo Toyota ha acumulado modelos a lo largo de décadas, creando una gama fascinante pero también muy compleja.
Kenta Kon, quien reemplazó a Koji Sato el pasado 1 de abril, también prioriza aumentar la capacidad de producción de vehículos híbridos. Según declaraciones recogidas por Reuters, la compañía no frenará bruscamente las opciones. Seguirán ofreciendo gasolina, híbridos, híbridos enchufables e incluso algunos diésel. Esta postura contrasta con la fuerte apuesta eléctrica de otros competidores y se alinea con las opiniones de Akio Toyoda, reelegido como presidente, quien ha señalado que los vehículos eléctricos puros difícilmente superarán el 30% del mercado global, aunque reconoce que la industria se mueve en esa dirección.
Volkswagen acelera su plan de reducción de complejidad
Al otro lado del mundo, el Grupo Volkswagen también ha diagnosticado el mismo problema y es que el fabricante cuenta con demasiados modelos y variantes que diluyen esfuerzos y elevan costes. Su programa de recorte de gastos avanza a toda máquina. Solo en 2025 redujo más del 20% los costes en sus plantas alemanas y tiene previsto eliminar hasta 50.000 empleos en Volkswagen, Audi, Porsche y CARIAD para finales de la década.
Durante su asamblea anual la compañía presentó ocho iniciativas clave. La principal se centra en reducir la complejidad de su gama.
Esta medida irá acompañada de una reducción en el número de plataformas y arquitecturas electrónicas, lo que permitirá acelerar el desarrollo de vehículos y bajar costes. Además, buscarán resolver la sobrecapacidad productiva en fábricas donde la demanda ya no justifica los volúmenes actuales. Si el plan se ejecuta correctamente, esperan lograr ahorros netos anuales superiores a los 6.000 millones de euros para 2030.
Algunas decisiones ya se han dejado ver y es que Audi eliminó de raíz los A1 y Q2, Volkswagen dejó de producir el Touran y en 2027 desaparecerá el T-Roc Cabriolet. Esto no significa que la compañía esté ralentizando su ofensiva de producto. En 2025 lanzó más de 30 modelos nuevos y planea otros 20 en 2026, incluyendo opciones eléctricas como el ID. Polo, Cupra Raval, Skoda Epiq y el regreso del Audi A2.
Un enfoque común ante un problema compartido
Tanto Toyota como Volkswagen han entendido que vender más no siempre equivale a ganar más. El mercado cada vez es más competitivo y tecnológico, mantener decenas de variantes con cifras de ventas mediocres resulta insostenible. La solución pasa por concentrarse en los productos de alto volumen, reducir plataformas compartidas y optimizar recursos.
Este giro estratégico llega en un momento clave. Mientras Toyota mantiene una apuesta equilibrada por múltiples tecnologías de propulsión, Volkswagen también busca eficiencia sin renunciar a la innovación. Ambos gigantes parecen coincidir en que el futuro no pasa por tener el catálogo más extenso, sino por ofrecer lo que realmente demandan los clientes de forma más rentable.













