Si tienes la edad suficiente para haber viajado en avión hace cuatro décadas, o si eres un apasionado de la historia de la aviación, es muy probable que recuerdes un sonido ensordecedor que parecía sacado de una película bélica. En los años 80, los motores de hélice abierta —esos gigantescos ventiladores con las palas desnudas y expuestas al aire— prometían comerse el mundo. Sin embargo, se convirtieron en uno de los mayores fracasos de la ingeniería aeroespacial.
Eran insoportablemente ruidosos para los pasajeros, lentos en velocidad de crucero y, sobre todo, daban pánico: si una sola de esas palas se rompía en pleno vuelo, no había una carcasa metálica que la frenara, convirtiéndose en un proyectil directo hacia el fuselaje. La industria de la aviación los sentenció a muerte, los enterró bajo el éxito de los reactores convencionales y juró no volver a mirar atrás.
Pero el fantasma de los 80 ha vuelto del revés. En pleno Farnborough Airshow, la alianza CFM International —el gigante formado por la estadounidense GE Aerospace y la francesa Safran— ha dejado a todos con la boca abierta al resucitar esta tecnología bajo el nombre de proyecto RISE.
¿Por qué desenterrar un diseño maldito? La respuesta está en una cifra asfixiante: la aviación comercial necesita reducir drásticamente sus emisiones, y los motores actuales ya han tocado su techo físico de eficiencia. El nuevo motor, bautizado como Open Fan, se quita la armadura, saca las hélices al aire y promete una reducción del 20% en el consumo de combustible.
No estamos ante un simple boceto o una declaración de intenciones bienqueda. CFM ya está probando hardware real a escala real y acaba de superar con éxito las revisiones preliminares de diseño de sus componentes clave. Es una bofetada de nostalgia tecnológica que pretende reescribir por completo la fisonomía de los aviones comerciales de pasillo único —los que todos usamos para trayectos cortos o medianos— de cara a la próxima década.
Domesticar el caos del viento sin una carcasa protectora parecía una locura inviable, pero la física moderna y los nuevos materiales han acudido al rescate. Los cielos del año 2030 no se parecerán en nada a los de hoy, y lo más irónico es que el futuro de los viajes espaciales comerciales se va a parecer muchísimo a un pasado que intentamos matar por ruidoso, inseguro y obsoleto.
Anatomía del Open Fan: ¿Por qué sin carcasa es más eficiente?
El motor tiene una relación de derivación brutal de 60:1. Esto mide el aire frío que empuja el ventilador frente al aire caliente del núcleo. Cuanto más alta es, menos combustible gasta. Los motores actuales no pueden crecer más porque la carcasa chocaría contra el suelo o las alas. Al quitar la funda, las palas pueden ser gigantes.
Para que el avión vuele igual de rápido que un jet tradicional, el Open Fan incorpora las Outlet Guide Vanes (OGV), una segunda hilera de álabes fijos que ordenan el torbellino de aire caótico.
CFM ya ha sometido al sistema a pruebas extremas de fatiga, impactos de objetos, vibraciones y hielo, logrando niveles de ruido notablemente inferiores a lo esperado. También acumulan más de 1.000 horas de test de turbina y 2.000 ciclos de ingestión de polvo.
La paradoja del desierto: Menos polvo que los motores actuales
Podrías pensar que al tener las hélices al aire, el motor es más vulnerable a la arena o la contaminación, pero GE Aerospace ha demostrado lo contrario. Gracias a la física intrínseca de su arquitectura abierta, el motor Open Fan ingiere un 50% menos de polvo y partículas que un motor carenado convencional.
Los reactores tradicionales actúan como una «aspiradora» que succiona todo lo que entra en su tubo. Al no haber carcasa, las partículas pesadas salen despedidas por la fuerza centrífuga antes de entrar al núcleo. Esto, sumado a temperaturas operativas internas más bajas, multiplica las horas de vuelo continuo antes de requerir un mantenimiento mayor (time-on-wing).
Las dudas de los gigantes: El recelo de Boeing y Airbus
Integrar este motor altera la fabricación clásica. Airbus teme quedarse atada a un único proveedor de motores exclusivo, lo que rompería su política de dar opciones de motorización a las aerolíneas. Por su parte, Boeing muestra cautela y prefiere seguir apostando por arquitecturas convencionales con carcasa cerrada para el futuro sustituto de su polémico 737 MAX.
El proyecto europeo TAKE OFF y los secretos del A380 «laboratorio»
La Unión Europea se ha tomado tan en serio este motor que ha inyectado 100 millones de euros a través de su programa Clean Aviation en un consorcio paneuropeo liderado por Safran llamado TAKE OFF (Technology And Knowledge for European Open Fan Flight).
La prueba de fuego real en tierra se hará en 2027 en Villaroche (Francia). El debut volador será en 2029 a bordo de un gigantesco Airbus A380 reconvertido en laboratorio. Su llegada comercial definitiva no ocurrirá hasta la segunda mitad de los años 2030.
Se eligió específicamente al superjumbo (el avión de pasajeros más grande del mundo) para las pruebas de vuelo de 2029. El Open Fan se instalará en la posición número 2 (el motor interior del ala izquierda). El A380 es idóneo porque su diseño de cuatro motores garantiza la seguridad absoluta si el prototipo experimental falla en el aire, y su gigantesco espacio interior permite albergar toneladas de ordenadores, sensores y cables para monitorizar el comportamiento de la hélice en tiempo real.
La última frontera de la aviación comercial
El audaz regreso del motor de hélice abierta con el proyecto RISE representa mucho más que una simple mirada nostálgica al pasado; es la aceptación de que la aviación comercial necesita transformar radicalmente su fisonomía si pretende alcanzar la neutralidad climática.
Al esquivar con brillantez los límites físicos de los reactores tradicionales mediante una tasa de derivación inédita y una resistencia al polvo sorprendente, GE y Safran han demostrado que la innovación a menudo consiste en resolver viejos problemas con ojos nuevos. Aunque las dudas comerciales de Airbus y Boeing obligarán a esperar hasta mediados de la próxima década para facturar un billete en estos aviones, la hoja de ruta está trazada. Los cielos del futuro serán drásticamente más eficientes, y sus motores, por fin, jugarán a favor de la física pura.













