Hay una máquina en Oxfordshire que no se parece a nada. No es la típica rosquilla ancha de los tokamaks convencionales, esos anillos gigantes que ocupan naves industriales enteras. Esta tiene una forma más compacta, más esférica, como una manzana a la que alguien le hubiera vaciado el corazón. Y dentro de esa manzana, en un espacio que cabe en la palma de la mano, se enciende un sol en miniatura. No una vez. Más de mil veces. En concreto, 1.100 descargas de plasma durante los últimos dos años, cada una a temperaturas de decenas de millones de grados, cada una contenida por campos magnéticos que doblan la física hasta hacerla obedecer.
La máquina se llama MAST Upgrade, es el tokamak esférico más grande del mundo en funcionamiento, y está en el Culham Campus de la Autoridad de Energía Atómica del Reino Unido. Su misión no es generar electricidad. Todavía no. Su misión es responder a una pregunta que ha frenado la fusión comercial durante décadas: ¿se puede mantener el plasma estable cuando la presión sube? Porque la fusión, para ser rentable, necesita presiones altísimas. Y las presiones altísimas, hasta ahora, desestabilizaban el plasma, lo que provocaba eyecciones de energía que dañaban las paredes del reactor y apagaban la reacción. Era como intentar mantener una hoguera encendida dentro de una caja de cristal que se agrieta cada vez que el fuego crece.
El equipo británico acaba de demostrar que se puede. Y lo ha hecho, en parte, con un truco tan simple que parece de sentido común: mirar la luz que emite el plasma para saber dónde está .
El truco de la luz: controlar un sol mirando su brillo
La novedad más llamativa de esta quinta campaña de experimentos, que se desarrolló entre 2025 y 2026 con más de 200 investigadores de 40 instituciones, no está en la física del plasma. Está en cómo lo vigilan. Los tokamaks tienen divertores, zonas diseñadas para expulsar el calor y las partículas sobrantes. El MAST Upgrade tiene dos, uno arriba y otro abajo. Y el equipo descubrió algo que nadie había aprovechado antes: el deuterio que llega a esos divertores emite luz visible. Comparando la intensidad de esa luz en el divertor superior y en el inferior, se puede saber, en tiempo real, si el plasma se está desplazando hacia arriba o hacia abajo. Y con esa información, el sistema corrige automáticamente la posición del plasma, sin que nadie tenga que tocar un botón .
Es la primera vez en el mundo que se usa esta técnica. Y su importancia va mucho más allá del experimento. Las futuras centrales de fusión tendrán que funcionar solas, sin científicos ajustando parámetros manualmente cada pocos segundos. Necesitarán sistemas de control automático, rápidos y fiables. Este método de control basado en la luz es un paso hacia ese objetivo.
Cuatro regímenes estables y un récord que nadie había alcanzado
El logro central de la campaña fue alcanzar la presión de plasma más alta jamás registrada en esta máquina sin que el plasma se desestabilizara . La presión es clave porque, a mayor presión, más reacciones de fusión por unidad de volumen. Pero también es el factor que más desestabiliza el plasma. Conseguir presión alta y estabilidad al mismo tiempo es el santo grial de la fusión por confinamiento magnético.
El equipo lo logró operando en cuatro regímenes distintos de plasma, todos estables y de alto rendimiento. Uno de ellos, el modo QCE (Quasi-Continuous Exhaust), y otro, el modo I, permiten mantener una alta confinación de energía mientras se reducen o eliminan los ELM, esos estallidos periódicos de energía en el borde del plasma que pueden dañar las paredes del reactor. Acceder a estos cuatro regímenes demuestra que el diseño esférico puede operar en condiciones mucho más exigentes de lo que se pensaba, y que hay margen para elegir la configuración más adecuada según las necesidades de la futura planta.
El calor que hay que domar: nitrógeno para no quemar las paredes
Otro de los avances de la campaña tiene que ver con el escape de calor. Un reactor de fusión genera una cantidad brutal de energía, y esa energía tiene que salir de alguna manera sin fundir los materiales que la rodean. El MAST Upgrade tiene un divertor especial, llamado Super-X, diseñado para manejar cargas de calor extremas. Pero incluso con esa geometría avanzada, los cálculos indican que la carga térmica sería demasiado alta para una planta comercial.
La solución que probaron es sorprendentemente sencilla: inyectar pequeñas cantidades de nitrógeno en el borde del plasma. El nitrógeno hace que el plasma emita una gran fracción de esa energía en forma de luz, dispersándola sobre un volumen mucho mayor antes de que alcance las paredes. Es como si, en lugar de dejar que el agua de una presa caiga toda por un solo tubo, se abrieran cientos de pequeños canales para repartir la presión. Los investigadores esperan que este método de disipación asistida por impurezas sea esencial en las futuras plantas de fusión.
De MAST a STEP: el camino hacia la central de demostración
Estos experimentos no son un fin en sí mismos. Son el banco de pruebas de STEP, el prototipo de central de fusión esférica que el Reino Unido planea construir en West Burton, Nottinghamshire, con el objetivo de empezar a operar en 2040. STEP tendrá que demostrar que puede entregar más de 100 megavatios netos a la red, autosuficiencia en tritio y costes viables a lo largo de su ciclo de vida.
Antes de eso, el MAST Upgrade recibirá mejoras importantes. En 2026 y 2027 se añadirán dos inyectores de haces neutros que duplicarán su capacidad de calentamiento, y un sistema de ondas de Bernstein (EBW) que aportará 1,6 megavatios adicionales de potencia. La tecnología EBW es la misma que se planea usar en STEP . La sexta campaña de experimentos, centrada en investigación relevante para STEP, está prevista para 2028 .
Lo que aún falta por demostrar
El récord de presión y las nuevas técnicas de control son hitos reales. Pero la fusión comercial sigue siendo un horizonte lejano. El MAST Upgrade no genera electricidad. No tiene un sistema de captura de tritio. No ha demostrado que sus materiales aguanten años de bombardeo de neutrones. STEP, la planta que se supone que responderá a esas preguntas, todavía está en fase de diseño, con la construcción prevista para la década de 2030 y la operación no antes de 2040.
James Harrison, responsable científico de MAST Upgrade, lo resumió sin exageraciones: “Los resultados realmente dan forma al diseño de las futuras centrales de fusión. Acceder a cuatro regímenes estables de alto rendimiento, incluidos QH-mode, QCE e I-mode, y nuestra técnica pionera de control de posición del plasma, demuestra que MAST Upgrade está produciendo ciencia en la vanguardia de lo posible”.
En Culham, dentro de una máquina con forma de manzana, han encendido el sol 1.100 veces. Han aprendido a controlarlo mirando su brillo. Y han demostrado que el plasma puede soportar más presión de la que nadie había conseguido antes sin deshacerse. No es la fusión comercial. Pero es un paso. Y en un camino tan largo como este, cada paso cuenta.













