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24 GWh, 1.500 MW y 16 horas seguidas de electricidad: la mayor batería de Europa está en Valencia, esconde siete grupos de generación bajo una montaña y funciona con agua y gravedad

24 GWh, 1.500 MW y 16 horas seguidas de electricidad: la mayor batería de Europa está en Valencia, esconde siete grupos de generación bajo una montaña y funciona con agua y gravedad

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Por: Autonoción Redacción

Publicado: 02.10.2026 10:20

El río Júcar se ha pasado milenios excavando la roca caliza, creando paredes verticales de doscientos metros que caen a plomo sobre un agua de color imposible. En lo alto, una altiplanicie de roca desnuda. Abajo, un embalse que se retuerce entre las montañas. Y entre ambos, quinientos metros de desnivel que alguien, hace ya cuarenta años, decidió convertir en la batería más grande de Europa.

La Muela de Cortes de Pallás no es un nombre que suene en las conversaciones cotidianas. Nadie habla de ella en el bar. Pero cuando enciendes la luz en tu casa, cuando pones la lavadora por la noche, cuando el aire acondicionado zumba en agosto, hay una probabilidad nada desdeñable de que esa electricidad haya pasado por las entrañas de esta montaña. Porque dentro de ella, excavadas en la roca viva, hay siete turbinas reversibles de trescientas toneladas cada una, girando a seiscientas revoluciones por minuto, esperando el momento en que la red las necesite.

El complejo se llama Cortes-La Muela. Es de Iberdrola. Y funciona con un principio tan antiguo como la rueda hidráulica y tan moderno como la transición energética: cuando sobra electricidad, se usa para bombear agua hacia arriba. Cuando falta, el agua baja y mueve las turbinas. La gravedad hace el resto. Sin litio. Sin cobalto. Sin riesgo de incendio. Solo agua, roca y una montaña hueca que respira electricidad.

La reserva de energía que cabe en un millón de metros cuadrados

El depósito superior de La Muela es un lago artificial que ocupa más de un millón de metros cuadrados, encima de la montaña. Contiene hasta veinte hectómetros cúbicos de agua. Y esa agua, situada a quinientos metros sobre el embalse inferior, es una reserva energética de 24 gigavatios-hora, suficiente para abastecer el consumo diario doméstico de 6,75 millones de personas, más habitantes que toda la Comunidad Valenciana.

Las cifras oficiales de Iberdrola, la propietaria, son claras. La potencia de turbinación del complejo alcanza los 1.762 megavatios. La de bombeo, 1.293 megavatios. En total, más de 1.800 megavatios de capacidad instalada entre las dos centrales, La Muela I y La Muela II, más la presa de Cortes. Para ponerlo en contexto: eso es más potencia que el reactor nuclear de Cofrentes, que ronda los 1.092 megavatios. La Muela, cuando turbina a pleno rendimiento, podría cubrir la demanda de una ciudad entera.

Las dos tuberías forzadas que conectan el depósito superior con el embalse inferior tienen diámetros de 4,80 y 5,45 metros. Por ellas cabría un autobús. Salvan un desnivel de 500 metros en poco menos de un kilómetro. El agua cae por ahí, empuja las turbinas Francis de las cavernas subterráneas, y genera electricidad en cuestión de segundos. “Podemos pasar de la potencia mínima a la potencia máxima en cuestión de segundos”, explica Borja González, director de Generación Mediterránea de Iberdrola, en una visita a la instalación.

De la noche al mediodía: cómo el sol cambió las reglas del bombeo

Durante décadas, La Muela funcionó con un ritmo predecible. Por la noche, cuando la demanda caía y las centrales nucleares y térmicas seguían produciendo, el excedente se usaba para bombear agua hacia arriba. Por el día, cuando todos encendían las luces y las fábricas arrancaban, el agua bajaba y generaba electricidad. Un ciclo diario. Un latido.

Pero llegó la energía solar. Y el latido cambió de ritmo. Ahora, el bombeo se concentra en las horas centrales del día, cuando los paneles fotovoltaicos inundan la red con una producción que a veces nadie puede absorber. En lugar de almacenar el excedente nocturno, La Muela se ha convertido en el gran amortiguador del sol. “Ahora hablamos de dos o tres ciclos diferentes al día”, explica González. “¿Por qué? Porque los megavatios de renovables no gestionables en el sistema han aumentado muchísimo”.

El agua sube al mediodía, cuando la electricidad es barata y abundante. Y baja por la tarde, cuando el sol se va y la demanda se dispara. Es la misma montaña, el mismo agua, las mismas turbinas. Pero el papel que juega en el sistema eléctrico se ha transformado por completo.

El día que La Muela encendió España

Hubo un día, el 28 de abril de 2025, en que La Muela dejó de ser una anécdota para convertirse en una necesidad. Un apagón total recorrió la península ibérica. De repente, millones de personas se quedaron sin luz. Y en medio del caos, pocas centrales podían arrancar por sí solas. Necesitaban electricidad de la red para ponerse en marcha, y la red estaba muerta.

La Muela fue una de las primeras en despertar. Tiene capacidad de arranque autónomo, un sistema que le permite generar electricidad sin depender de una red que no existe. Fue la primera instalación en ponerse en marcha en la Comunidad Valenciana y la Región de Murcia. En cuestión de minutos, sus turbinas estaban inyectando energía al sistema, dando el primer empujón para que España volviera a encenderse.

No fue la única vez. Durante la DANA que arrasó Valencia en octubre de 2024, con líneas de transmisión caídas y subestaciones inundadas, La Muela volvió a ser el ancla del sistema. Y en agosto de 2026, cuando un eclipse solar oscureció el cielo y apagó de golpe cinco gigavatios de generación fotovoltaica, Red Eléctrica llamó a La Muela. La central turbinó a pleno rendimiento durante más de una hora, sustituyendo la energía que el sol dejó de enviar.

“Tenemos que pensar que La Muela proporciona energía para muchísimos hogares cada año, así que ese día fue muy importante para dar estabilidad y seguridad al sistema”, recuerda González. “En tres o cuatro minutos estábamos a plena potencia”.

Un ciclo cerrado que no gasta una gota

Hay un detalle que a menudo pasa desapercibido y que explica por qué esta tecnología es tan valiosa en un país que sufre sequías cíclicas. La Muela funciona en circuito cerrado. El agua que sube y baja no se consume. No se evapora en cantidades significativas. No se vierte al río. Se reutiliza una y otra vez, prácticamente indefinidamente.

“Estamos en un circuito cerrado, así que no tenemos consumo de agua. Podemos usar el agua tantas veces como queramos”, explica González. Eso significa que la central no compite por el recurso hídrico con la agricultura, ni con el abastecimiento urbano, ni con los ecosistemas. El agua es un vehículo, no un consumible.

La capacidad de almacenamiento es tan grande que, según los datos técnicos, el depósito superior podría mantener la central funcionando de forma ininterrumpida durante 56 horas si se usara toda su capacidad extraordinaria. En la práctica, el sistema eléctrico la usa en ciclos más cortos, pero ese margen es lo que permite a Red Eléctrica gestionar días de baja producción renovable o picos de demanda inesperados.

Lo que aún queda por construir

La Muela es una obra faraónica. Pero es una obra del siglo XX. La primera fase se construyó entre 1983 y 1988. La segunda, entre 2006 y 2013. La inversión total superó los 1.200 millones de euros. Y desde entonces, no se ha construido nada parecido en España.

El Plan Nacional Integrado de Energía y Clima establece un objetivo de 22,5 gigavatios de almacenamiento para 2030. España tiene alrededor de 6,5 gigavatios de bombeo hidroeléctrico. La brecha es enorme. Y construir una central de bombeo nueva lleva entre cinco y diez años, entre permisos, obras y conexión a la red.

Iberdrola ya trabaja en una posible ampliación, La Muela III, que añadiría una nueva caverna y más turbinas. Pero el proceso avanza despacio. Mientras tanto, La Muela sigue funcionando. Cada día, el agua sube y baja. La montaña respira. Y España, sin saberlo, sigue funcionando gracias a una gigabatería escondida en un cañón azul de Valencia.

EL GARAJEvia El Garaje

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