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Plataformas solares flotantes inspiradas en los nenúfares para sobrevivir al mar: Tecnalia lidera el proyecto europeo que desarrolla hormigones de ultra altas prestaciones y recubrimientos biobasados contra la corrosión y el biofouling

Plataformas solares flotantes inspiradas en los nenúfares para sobrevivir al mar: Tecnalia lidera el proyecto europeo que desarrolla hormigones de ultra altas prestaciones y recubrimientos biobasados contra la corrosión y el biofouling

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Por: Autonoción Redacción

Publicado: 18.09.2026 16:00

Hay una planta que lleva millones de años resolviendo el problema que ahora intentamos copiar. El nenúfar. Su hoja es plana, ligera, flexible, y se mantiene a flote incluso cuando el agua la golpea, cuando el viento la inclina, cuando la corriente la empuja. No se rompe. No se hunde. No se deja vencer por el oleaje. La evolución ha diseñado esa geometría con una precisión que los ingenieros aún intentan descifrar.

En un laboratorio marino de Mutriku, en la costa vasca, un equipo de Tecnalia ha instalado una estructura flotante que copia ese diseño. No es una hoja, pero se le parece. Tiene vigas radiales y tangenciales, una disposición que le da ligereza y flexibilidad para adaptarse a las cargas del mar. Y sobre esa estructura, paneles solares. La idea es sencilla y ambiciosa a la vez: llevar la energía fotovoltaica al mar abierto, donde el sol brilla más y no hay que competir por el suelo. Pero el mar, ya se sabe, no perdona.

La instalación en Mutriku, llevada a cabo en diciembre de 2025, es el primer despliegue real de una estructura de estas características dentro del proyecto europeo Natursea-PV, coordinado por Tecnalia. No es un prototipo de laboratorio. Está en el agua, en un entorno marino real, expuesta a la sal, al oleaje, a los organismos que quieren colonizar cualquier superficie sumergida. Y está construida con un material que, en sí mismo, es una declaración de intenciones: hormigón de ultra altas prestaciones y baja huella de carbono, recubierto con compuestos de origen biológico que impiden que los percebes, las algas y los mejillones se adhieran a él.

El enemigo invisible que corroe y coloniza

Quien haya tenido una barca sabe lo que es el biofouling. Es esa capa de organismos que se pega al casco, que crece, que pesa, que frena el barco y obliga a limpiarlo cada pocos meses. En una plataforma solar flotante, el problema es el mismo pero multiplicado. El biofouling no solo añade peso; también bloquea la luz solar, daña los recubrimientos y acelera la corrosión del hormigón y del metal. Y la corrosión, en el mar, es implacable. La sal penetra en los poros del material, oxida las armaduras, agrieta la estructura. Una plataforma solar en el mar tiene que aguantar eso durante décadas, sin mantenimiento constante, sin grúas ni barcos de apoyo disponibles cada semana.

El proyecto Natursea-PV ataca el problema desde tres frentes. El primero es el material estructural: han desarrollado un hormigón de ultra altas prestaciones, con una porosidad mínima y una resistencia mecánica muy superior a la del hormigón convencional. Eso lo hace más difícil de penetrar por el agua de mar. El segundo son los recubrimientos: polímeros que contienen más del 75% de monómeros de origen biológico, diseñados para repeler los organismos y proteger la superficie. El tercero es el diseño estructural: la forma de nenúfar, con vigas radiales, no solo es ligera, sino que también reduce las cargas sobre el sistema de fondeo y permite que la plataforma se adapte al movimiento del agua en lugar de resistirlo.

Un hormigón que se diseña en el ordenador antes de existir

Hay otra parte del proyecto que no se ve, pero que es igual de importante. Los investigadores están desarrollando un conjunto de herramientas de simulación predictiva para evaluar cómo se degradarán los materiales en condiciones marinas reales. El objetivo es poder predecir, antes de construir nada, cuántos años durará una plataforma, dónde fallará primero, y cómo optimizar el diseño para prolongar su vida útil.

El equipo de la Universidad Técnica de Darmstadt, uno de los socios del proyecto, lidera este trabajo. Han desarrollado modelos termodinámicos que simulan la hidratación del cemento y la microestructura del hormigón, prediciendo la porosidad, la composición de la solución de poros y el riesgo de penetración de cloruros. También están utilizando simulaciones de dinámica molecular para identificar qué monómeros biobasados se adhieren mejor a la superficie del hormigón y, por tanto, son más eficaces como recubrimiento antiincrustante.

Es un enfoque que combina lo experimental con lo computacional, y que busca reducir el número de prototipos físicos necesarios. En un entorno marino, cada prueba es cara, lenta y logísticamente complicada. Poder simular antes de construir ahorra tiempo, dinero y frustración.

Lo que queda por demostrar

La estructura de Mutriku está instalada y funcionando. Los ensayos en el laboratorio marino de Tecnalia, único en su categoría en Europa, permitirán validar el comportamiento real de los materiales y del diseño . Pero el proyecto está en su fase final. Termina en octubre de 2026. Los resultados de los ensayos en mar estarán disponibles, pero serán de pocos meses, no de años. No se puede saber, todavía, si el hormigón de ultra altas prestaciones aguantará diez o veinte años sin degradarse. No se puede saber si los recubrimientos biobasados seguirán funcionando después de miles de horas de exposición a la radiación UV, a la abrasión del oleaje y a la colonización biológica.

Hay otra pregunta que flota en el aire: la escala. La estructura de Mutriku es un prototipo a escala, no una plataforma comercial de varios megavatios. Pasar de ese prototipo a una planta fotovoltaica flotante de tamaño industrial implica multiplicar el tamaño, el número de unidades y la complejidad del sistema de fondeo. Y el coste. La fotovoltaica flotante marina aún no es competitiva con la terrestre o con la eólica marina, y los materiales de altas prestaciones que se están desarrollando no son baratos.

El proyecto europeo Natursea-PV es un paso importante, pero es un paso. No resuelve todos los problemas. No convierte la fotovoltaica marina en una realidad comercial mañana. Lo que hace es demostrar que la tecnología es viable, que los materiales existen, que el diseño inspirado en la naturaleza funciona. Y eso, para una industria que aún está en pañales, es mucho.

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