A veces la actualidad tiene un sentido del humor muy particular. Mientras en España la Guardia Civil de Tráfico lleva años lidiando con las críticas del consumo de sus Alfa Romeo Stelvio de gasolina, en Italia la Policía de Estado acaba de recibir las llaves de un Lamborghini Temerario con un motor V8 biturbo de 4,0 litros y tres motores eléctricos, capaz de rozar los 920 CV.
El problema del Stelvio: gasto elevado
El Alfa Romeo Stelvio se incorporó a la flota de la Agrupación de Tráfico de la Guardia Civil como vehículo de intervención rápida, pensado para perseguir a conductores infractores en autovías y autopistas (o estar mucho parado con el motor encendido por si había que reaccionar a algún evento). Sin embargo, desde su llegada ha sido objeto de crítica por su consumo de combustible, elevado para un vehículo de uso diario y patrullaje constante, ha generado quejas tanto de asociaciones de guardias civiles como de analistas del gasto público.
Italia responde con un V8 biturbo de 920 CV
Automobili Lamborghini presentaba en Sant’Agata Bolognese el nuevo Temerario, destinado a la Policía di Stato italiana. Un superdeportivo con motor V8 biturbo híbrido, pensado para misiones de máxima urgencia: transporte de órganos, material sanitario y actuaciones donde cada segundo cuenta.

No es la primera vez que Italia apuesta por este tipo de vehículos. La colaboración entre Lamborghini y su Policía arrancó en 2004 con el primer Gallardo, y desde entonces se ha renovado con el Gallardo LP 560-4, el Huracán y el Urus Performante. En total, seis vehículos Lamborghini han prestado servicio policial en más de dos décadas, participando en más de doscientas misiones de transporte de órganos y salvando vidas gracias a su velocidad.
¿Contradicción o simplemente contextos distintos?
La comparación entre el Stelvio y el Temerario, aunque tentadora, mezcla dos realidades distintas. El vehículo italiano no forma parte del parque habitual de patrullaje, sino que se reserva para misiones puntuales y de alta relevancia social, como los traslados urgentes de órganos, donde el rendimiento del motor justifica cada litro consumido. El Stelvio español de gasolina, en cambio, se usa de manera diaria y masiva en labores de vigilancia y control de tráfico, lo que multiplica el impacto de su consumo en las cuentas del cuerpo.
Una cuestión de prioridades, no solo de cilindrada
Más allá del titular, lo que revela esta comparación es una diferencia de enfoque estratégico. Italia ha convertido la colaboración con Lamborghini en una política de imagen institucional y utilidad real sostenida durante veinte años, con resultados medibles en vidas salvadas. España, mientras tanto, sigue ajustando su flota de intervención rápida bajo criterios de coste-beneficio, sin que exista (de momento) un socio de lujo dispuesto a poner su tecnología al servicio de la ley de forma tan visible.













