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16 turbinas dentro de un dique, 3 GWh acumulados desde 2011 y ahora tres máquinas nuevas: el mar Cantábrico se convierte en el banco de pruebas donde Australia quiere validar su tecnología

16 turbinas dentro de un dique, 3 GWh acumulados desde 2011 y ahora tres máquinas nuevas: el mar Cantábrico se convierte en el banco de pruebas donde Australia quiere validar su tecnología

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Por: Autonoción Redacción

Publicado: 20.06.2026 13:00

Llevamos décadas oyendo que el mar es una fuente de energía inagotable. Que las olas tienen una fuerza brutal. Que si supiéramos aprovecharla, tendríamos electricidad limpia las 24 horas del día.

Y en gran parte es verdad. La energía undimotriz (la que se obtiene del movimiento de las olas) es una de las fuentes renovables con mayor densidad energética del planeta: una misma superficie de mar concentra mucha más energía aprovechable que la que recogen el viento o el sol sobre esa misma área. El problema nunca fue la cantidad de energía. Fue cómo cazarla sin que el mar se la lleve por delante.

Y es que la pregunta es clara, ¿por qué no lo estamos haciendo ya?. Por qué no estamos usando esa fuerza de las olas para tener energía limpia e inagotable. Pues porque el mar es un enemigo traicionero.

Es salado, corrosivo, impredecible y no perdona. Las olas que en verano son suaves, en invierno se convierten en muros de agua de 14 metros. Lo que funciona en el laboratorio, se rompe en el mar. Y lo que aguanta el temporal, suele ser demasiado pesado para funcionar bien con olas pequeñas.

Durante años, la energía de las olas ha sido la «eterna prometedora»: todos saben que tiene potencial, pero nadie consigue que sea rentable. Sin embargo, en la costa vasca hay algo diferente.

Allí, desde 2011, una planta fija integrada en el dique del puerto de Mutriku lleva generando electricidad sin parar, acumulando más de 3,2 GWh de energía limpia. Y ahora, en 2026, tres nuevos dispositivos van a saltar al agua para demostrar que la undimotriz puede ser algo más que una promesa: una realidad industrial.

La planta de Mutriku: la vieja conocida que nunca dejó de funcionar

Si hay un lugar en el mundo donde la energía de las olas es más que un experimento, ese es Mutriku. Dentro del propio dique del puerto hay una planta que funciona desde 2011 con una tecnología llamada Columna de Agua Oscilante (OWC).

Es un sistema sencillo y eficiente. El dique tiene una cámara abierta al mar por debajo del nivel del agua. Cuando las olas entran y salen, el nivel del agua dentro de la cámara sube y baja.

Ese movimiento empuja el aire hacia arriba y hacia abajo, haciendo girar unas turbinas que generan electricidad. La planta tiene 16 turbinas de tipo Wells con una potencia total de 296 kW, y fue la primera instalación de Europa en comercializar la energía que saca de las olas.

Aunque está en suelo guipuzcoano, Mutriku es propiedad de BiMEP, el centro vasco de ensayos de energías marinas. Y aquí hay un matiz importante: sus turbinas originales ya están llegando al final de su vida útil, con una eficiencia de en torno al 30%. Por eso el Ente Vasco de la Energía (EVE) impulsa un programa específico, TurboWave, para sustituirlas por turbinas de nueva generación capaces de acercarse al 50% de rendimiento.

Desde su puesta en marcha, la planta ha acumulado más de 3,2 GWh inyectados a la red. No es una cifra espectacular para una central convencional, pero para un prototipo que lleva más de una década aguantando el duro Cantábrico, es un hito. Ha demostrado que la tecnología es robusta y fiable.

La reválida de 2026: tres nuevos dispositivos se lanzan al agua

Este año 2026, la costa vasca se convertirá en el banco de pruebas más avanzado de Europa para la energía undimotriz. El epicentro es BiMEP (Biscay Marine Energy Platform), la plataforma situada frente a Armintza, en Bizkaia.

Conviene saber qué es exactamente esa plataforma. BiMEP es una sociedad pública participada al 75% por el EVE y al 25% por el IDAE estatal, operativa desde 2015. Ofrece una zona acotada en mar abierto, a más de 1.700 metros de la costa, con conexión a la red eléctrica y capacidad para evacuar hasta 20 MW. Es, básicamente, un enchufe gigante en medio del mar donde los fabricantes pueden probar sus aparatos en condiciones reales.

Allí van a coincidir tres tecnologías diferentes, incluyendo la apuesta de una empresa australiana.

La empresa australiana Carnegie Clean Energy ha abierto oficina en Bizkaia para coordinar la construcción de su primer dispositivo Ceto. Es un convertidor semisumergido: no es completamente flotante, sino que se mantiene parcialmente bajo el agua y, al moverse con las olas, transmite la energía generada a la red.

La compañía asegura que ya ha terminado los componentes clave y está completando las últimas partes. La previsión es colocarlo en BiMEP a finales de año, dentro del programa europeo EuropeWave, con la mira puesta en un futuro parque de 6 MW frente a Armintza.

Por otro lado, la ingeniería bilbaína Idom lleva años trabajando en distintas versiones de su dispositivo Marmok. Ya fueron pioneros al colocar un primer prototipo en BiMEP en 2016, que aguantó tres inviernos en el Cantábrico.

Ahora han instalado, también en Armintza, una versión más avanzada, más eficiente y tecnológicamente más completa, para comprobar su posible salto a escala comercial. No es un detalle menor: este tipo de aparato está diseñado para resistir olas de hasta 14 metros, justo esos muros de agua que el Cantábrico levanta en invierno.

Además, está Arrecife Energy Systems, una empresa vasca con sede en Bilbao y raíces en la Escuela de Ingeniería de la ciudad. Ya probó con éxito un primer prototipo a escala real en 2019, y ahora ultima la instalación de su nuevo dispositivo en la planta de Mutriku.

Su tecnología avanza con el respaldo del citado programa TurboWave del EVE, dotado con 1,3 millones de euros que se reparten entre la propia Arrecife, Idom y otras dos firmas (una asturiana y otra portuguesa). El dispositivo de Arrecife se inspira en los arrecifes de coral: es una plataforma tipo catamarán con turbinas de flujo cruzado que aprovecha tanto el movimiento vertical como el horizontal de las olas. Su gran baza es que está pensado para las olas más comunes, de uno a cinco metros, y que se sumerge durante los temporales para no romperse.

Si todo sale según lo previsto, a finales de 2026 BiMEP vivirá un hito poco habitual: dos dispositivos undimotrices distintos (el Marmok de Idom y el Ceto de Carnegie) funcionando a la vez junto al aerogenerador flotante de Saitec, que ya opera en la misma zona. Tres formas de sacar energía del mar conviviendo en el mismo trozo de Cantábrico.

Mutriku · La veterana
+3,2 GWh
TecnologíaOWC fija
Potencia296 kW
En marcha desde2011
Marmok · Idom
Ya en el agua
TipoSemisumergido
UbicaciónBiMEP, Armintza
Resiste olas de14 m
Ceto · Carnegie
Finales de 2026
TipoSemisumergido
OrigenAustralia
Meta futuraParque de 6 MW
Arrecife · Bilbao
Rumbo a Mutriku
TipoCatamarán
Aprovecha olas de1 a 5 m
En temporalesSe sumerge

El desafío pendiente: ser más barata que el gas

La energía de las olas lo tiene casi todo a favor desde el punto de vista técnico, pero el desafío es económico. El coste de generar electricidad con las olas sigue siendo alto, aunque está bajando rápido.

Las empresas vascas han logrado hitos importantes: han demostrado que sus dispositivos aguantan el temporal, que pueden conectarse a la red y que generan energía sin emisiones. Lo que no han conseguido todavía es hacerlo barato.

Conviene ser honesto con la cifra: hoy por hoy, el coste de la electricidad undimotriz está muy por encima del de la eólica o la solar, que son las referencias a batir. Justo por eso, buena parte de estos programas europeos persiguen un objetivo concreto: reducir el coste de operación en el mar más de un 50% para que la tecnología empiece a tener sentido comercial.

Falta escala. Falta que los dispositivos pasen de prototipos a productos industriales fabricados en serie. Y para eso, como siempre, hace falta inversión y tiempo.

Pero la costa vasca, con su planta de Mutriku y sus tres nuevos proyectos, ha demostrado una cosa: que el mar Cantábrico no es solo un lugar difícil, sino el mejor banco de pruebas del mundo para domar las olas.

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