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Tiene el tamaño de una lavadora, orbitará a 450 kilómetros y hará algo que nadie ha hecho jamás: enviar electricidad del espacio a la Tierra sin un solo cable, con lanzamiento a finales de año

Tiene el tamaño de una lavadora, orbitará a 450 kilómetros y hará algo que nadie ha hecho jamás: enviar electricidad del espacio a la Tierra sin un solo cable, con lanzamiento a finales de año

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Por: Autonoción Redacción

Publicado: 20.06.2026 11:00

En pocos días llega el verano y nuestra cabeza ya solo piensa en disfrutar del sol, ya sea en la playa, la piscina, el río… Da igual dónde, pero el Astro Rey es nuestro gran aliado en esta época del año y nuestra vitamina D sube como la espuma con el buen tiempo y las horas de luz.

Disfrutamos, y mucho, de un sol que, aunque todos conocemos, pocas veces nos paramos a pensar en él. Y es que nuestro astro favorito no brilla de noche. Parece una obviedad, pero tiene consecuencias enormes en la transición energética que estamos atravesando.

Los paneles solares, por muy eficientes que sean, se pasan la mitad del tiempo sin producir nada. Y cuando hay nubes, también.

Eso significa que, para confiar en la energía solar, necesitamos enormes baterías que guarden lo que sobra durante el día para usarlo por la noche. Y las baterías, como hemos visto en otros artículos, son caras y tienen sus propios problemas.

Esa es la batalla que se está librando ahora mismo: buscar alternativas de almacenamiento por un lado y, por otro, encontrar la forma de ganarle horas a ese sol que tanto nos da.

En Japón, un país con una enorme dependencia energética y una densidad de población que deja poco espacio para grandes parques solares, han ido un paso más allá. El país asiático ha decidido que la mejor solución es poner paneles solares en un sitio donde nunca es de noche.

Un lugar donde el sol brilla las 24 horas del día, sin nubes, sin tormentas, sin atmósfera que lo debilite. Estarás pensando que eso es imposible, pero ese sitio existe y se llama espacio.

Una vez por encima de la atmósfera, la luz solar es mucho más intensa que en superficie: aquí abajo el aire absorbe buena parte de esa energía antes de que llegue al suelo. Según la propia JAXA, alrededor del 70% de la radiación se pierde por el camino. Por eso los paneles orbitales podrían generar hasta cinco veces más energía que los mejores paneles del desierto del Sáhara.

El problema, claro, es cómo bajar esa electricidad hasta tu casa sin que se pierda. No puedes tender un cable de 400 kilómetros de largo. Pero los japoneses han encontrado una forma, y está a punto de ponerse a prueba.

A finales de 2026, dentro del año fiscal japonés, un pequeño satélite del tamaño de una lavadora despegará desde Japón para intentar algo que nadie ha completado todavía: generar electricidad con paneles solares en órbita y enviarla a la Tierra sin un solo cable, para volver a convertirla en corriente utilizable al tocar el suelo.

OHISAMA: el satélite que quiere ser una central eléctrica orbital

El proyecto se llama OHISAMA, que en japonés significa «sol». Lo impulsa la fundación de investigación Japan Space Systems por encargo del Ministerio de Economía, Industria y Comercio del país, en colaboración con la agencia espacial japonesa (JAXA) y varios socios académicos y privados.

La nave es sorprendentemente pequeña: pesa unos 180 kilos y su panel solar mide apenas dos metros de largo. Cabe en el maletero de un coche. Pero su misión es inmensa.

El plan es tan sencillo como alucinante. El satélite se colocará en una órbita baja, a unos 400 kilómetros de altura. Allí, sus paneles captarán la luz solar y la convertirán en electricidad.

Esa electricidad, en lugar de viajar por cables, se transformará en un haz de microondas. Esas microondas se emitirán hacia la Tierra con una precisión milimétrica, apuntando a una estación receptora en la prefectura de Nagano, en el centro de Japón.

Allí, en tierra, una antena especial (llamada «rectenna») recogerá las microondas y las volverá a convertir en electricidad. El objetivo inicial es modesto: generar lo justo para encender unas luces LED o una cafetera de un kilovatio. Es un primer paso. Y si funciona, Japón habrá abierto el camino a una tecnología capaz de cambiar el mundo.

PESO
180 kg
tamaño de una lavadora
ÓRBITA
400 km
órbita baja terrestre (LEO)
1 kW
lo justo para una cafetera
META 2040s
A FUTURO
1 GW
como un reactor nuclear

¿Cómo es posible mandar electricidad por el aire sin cables?

Está muy bien hablar de enviar electricidad desde el espacio, pero por mucho que lo imaginemos suena imposible sin un cable. La tecnología que lo hace posible se llama transmisión inalámbrica de energía por microondas.

Aunque sorprenda, no es nada nuevo: la usamos a pequeña escala desde hace décadas. Cuando pones el móvil a cargar sobre una base inalámbrica, estás usando el mismo principio, pero a centímetros de distancia. OHISAMA lo llevará a 400 kilómetros.

De hecho, Japón lleva en esto desde los años 80. En 1983, el experimento MINIX logró la primera transmisión de energía por microondas desde el espacio. Y más recientemente, JAXA y Mitsubishi consiguieron enviar 10 kilovatios a 500 metros de distancia en tierra. El salto a la órbita es el siguiente paso lógico, no un brinco desde cero.

Sobre el papel, el proceso es sencillo. Los paneles del satélite generan electricidad. Un dispositivo llamado magnetrón (el mismo componente que tiene el microondas de tu cocina) convierte esa electricidad en ondas electromagnéticas de alta frecuencia. Esas ondas se emiten en un haz muy concentrado hacia la Tierra, donde una antena receptora las capta y las vuelve a convertir en electricidad.

Dicho así no suena tan imposible. Lo que de verdad impresiona es la precisión. El satélite viaja a más de 28.000 kilómetros por hora mientras la Tierra gira por debajo. El haz tiene que acertar en una antena terrestre relativamente pequeña, y el más mínimo error manda la energía a ninguna parte.

Para lograrlo, OHISAMA usa un sistema retrodirectivo: la antena de tierra emite una señal piloto muy débil y el satélite la usa como faro para ajustar su haz en tiempo real. Si pierde esa referencia, el sistema corta la emisión automáticamente.

La gran ventaja: energía constante, sin depender del tiempo ni de la noche

Para Japón, que esto funcione es clave. Importa más del 90% de su energía y apenas tiene terreno para instalar parques solares.

El plan a largo plazo de JAXA es ambicioso. Para mediados de siglo, en torno a los años 2040, quiere tener en órbita geoestacionaria, a 36.000 kilómetros de altura, una enorme estructura con paneles solares de 2,5 kilómetros de lado.

Una sola de esas unidades generaría un gigavatio, lo mismo que un reactor nuclear, y bastaría para cubrir más del 10% del consumo eléctrico de Tokio. La electricidad bajaría a una antena receptora de unos cuatro kilómetros de ancho.

Conviene matizar una cosa, eso sí. La idea del «sol que nunca se pone» se cumple del todo en esa órbita geoestacionaria del futuro. El satélite de prueba, en cambio, orbita mucho más bajo y todavía cruza la sombra de la Tierra varias veces al día. Por eso la demostración transmitirá energía solo durante unos minutos y necesitará varios días para recargar las baterías. Es una prueba de concepto, no una central enchufada a la red.

Y es un proyecto lleno de retos. El primero es la eficiencia: de toda la energía solar capturada en órbita, hoy solo se aprovecha entre el 10% y el 15% cuando llega a la red.

El segundo es el precio. Un estudio de la NASA de 2021 calculó que la electricidad generada desde el espacio podría costar hasta diez veces más que la solar o la eólica terrestres.

El tercero es la seguridad. Un haz de microondas de alta potencia atravesando la atmósfera preocupa a mucha gente. ¿Y si se desvía sobre una ciudad? ¿Y si afecta a los satélites de comunicaciones? JAXA asegura que la densidad del haz en tierra será parecida a la de la luz solar, muy por debajo de los límites de seguridad internacionales, y que las frecuencias empleadas son similares a las del wifi o la telefonía móvil.

Japón no está solo en esta carrera. China ha anunciado sus propios planes: una estación solar orbital de nivel megavatio para 2035 y, para la década de 2050, una estructura de un kilómetro de ancho capaz de generar dos gigavatios, un proyecto que allí han bautizado como «otra Presa de las Tres Gargantas en el espacio».

Estados Unidos también ha dado pasos. En 2023, el Instituto Tecnológico de California (Caltech) consiguió enviar energía desde un satélite a la Tierra por microondas por primera vez en la historia. Eso sí, fue una cantidad ínfima, suficiente para detectarla en una antena pero no para convertirla en electricidad aprovechable.

Esa es justo la frontera que Japón quiere cruzar con su satélite del tamaño de una lavadora: no solo enviar la señal, sino completar la cadena entera y encender algo de verdad en tierra. Si lo consigue, habrá dado el primer paso hacia una forma de energía que llevamos medio siglo imaginando.

EL GARAJEvia El Garaje

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