La llegada de la nueva normativa de motores en 2026 ha traído un sistema para intentar que nadie se quede descolgado, el famoso ADUO. El concepto es sencillo en el papel. Si un fabricante de motores está lejos del mejor, se le permite gastar más dinero y trabajar más horas en el banco de pruebas.
Es una forma de ayudar al que va más lento para que no se rinda. Sin embargo, en la práctica, este sistema se ha convertido en un juego de sombras donde nadie quiere enseñar todas sus cartas antes de tiempo.
La FIA tiene previsto tomar las primeras decisiones importantes después de Miami. El objetivo es identificar qué motoristas tienen derecho a estos beneficios extra.
El problema es que los equipos son expertos en leer la letra pequeña de cualquier reglamento. En el ‘paddock’ ya se comenta que algunos fabricantes podrían estar frenando sus motores a propósito.
Lo hacen para entrar dentro de los márgenes del ADUO y así recibir el visto bueno para mejorar su motor sin restricciones durante el resto del año. Es decir, prefieren parecer flojos ahora para ser mucho más rápidos después.
La exclusión de las baterías en el ADUO permite a los motoristas maquillar los resultados
Uno de los puntos más conflictivos del ADUO es que solo mide el rendimiento del motor de gasolina. En la Fórmula 1 de hoy, es imposible entender el rendimiento de un coche si solo se mira una parte de la unidad de potencia. La fuerza total del monoplaza depende totalmente de la mezcla entre el motor de combustión y la parte eléctrica. Al dejar fuera la recuperación de energía y el uso de las baterías, la FIA se ha metido en un laberinto muy difícil de resolver.
Por ejemplo, es muy complicado saber por qué un coche pierde tiempo en una recta. Puede ser porque su motor de combustión sea flojo, pero también porque ha decidido usar la electricidad de forma ineficiente. Esta duda permite que los ingenieros jueguen con el programa informático que controla el coche para maquillar los resultados.
Así, si un equipo convence a la FIA de que su motor rinde un 4% menos que el líder, el premio en horas de desarrollo será enorme. A muchos les compensa ir un poco más despacio en las primeras carreras si a cambio pueden trabajar mucho más en la fábrica durante los meses siguientes.
A todo esto se suma el problema de la diferencia de velocidades. Este año se han visto variaciones de hasta 50 km/h en las rectas. Esto ocurre por la gestión de la energía y por cómo se corta la potencia eléctrica para ahorrar.
La FIA está intentando poner orden para que las carreras no parezcan artificiales. De hecho, en Miami entrarán nuevos cambios relación en la gestión de la energía para hacer más interesantes las carreras este año. Pero mientras se centra en esto, el tema del ADUO sigue ahí esperando a explotar. Los jefes de equipo están muy nerviosos porque saben que una mala decisión de los comisarios puede cambiar el rumbo de todo el campeonato.
Los motoristas que van bien, como parece ser el caso de Mercedes, tienen miedo de que sus rivales aprovechen estas ayudas para adelantarles por la mano. Por eso, hay una vigilancia constante entre unos y otros. No se fían de lo que ven en los tiempos. Saben que un motorista puede estar guardándose mucha potencia en el bolsillo para que la FIA se crea que necesita ayuda
Ferrari, Mercedes y el miedo a la trampa
Las sospechas apuntan en varias direcciones. En el caso de Ferrari, han elegido un turbo más pequeño. Esto les permite salir de las curvas con mucha fuerza, pero les quita velocidad punta cuando el motor entrega la máxima potencia. Fred Vasseur parece convencido de que les darán el beneficio del ADUO y, si lo consiguen, podrán cambiar piezas del motor que ahora mismo están bloqueadas por la norma. Es su gran oportunidad para dar un salto adelante si la FIA muerde el anzuelo.
Por otro lado, en Mercedes siempre planea la sombra de que guardan un secreto. Existe la teoría de que tienen mucha más potencia guardada y que solo la usarán cuando no haya peligro de que la FIA ayude a sus rivales.
Leclerc y Hamilton, que han visto cómo este año su Ferrari parece estar más cerca de pelear por cosas importantes, miran con asombro este intercambio de acusaciones. Al final, los pilotos son los que sufren estas dudas, ya que no saben si su coche es realmente malo o si simplemente están siguiendo un plan de la directiva para engañar a la Federación Internacional.

Una solución que parece imposible
Al final, la FIA tiene un problema grave para controlar lo que ocurre dentro de los motores. Solo con los datos ofrecidos del banco de pruebas, sacando el motor del coche y probándolo a solas, se podría llegar a una conclusión justa para el ADUO. Pero incluso ahí, la electrónica puede engañar al ojo más experto.
Los ingenieros son capaces de cr ear programas que detecten cuándo están en una prueba y cuándo están en la pista para dar valores diferentes, como ya ocurriera con las mediciones ilegales de Mercedes y Red Bull, cuando utilizaban un truco que les daba entre 68 y 136 CV de potencia extra.
Ahora, lo que nació como una ayuda para que marcas como Honda o Audi no se fueran de la competición, corre el riesgo de ser una herramienta política. Los equipos grandes tienen más recursos para jugar a este despiste. Como suele pasar en este deporte, la trampa siempre va un paso por delante de la norma. El ADUO es ahora mismo el campo perfecto para ver quién es el más listo de la clase, mientras el público se pregunta si lo que ve en la televisión es la velocidad real de los coches o solo una actuación para conseguir más horas de fábrica.





