La evolución tecnológica global está alcanzado niveles que jamás se hubiera podido imaginar, y algo que en principio podría verse como algo positivo, podría tener sus repercusiones más que negativas para la industria de la automatriz y tiene que ver con los suministros. Hace unos años se produjo una elevada falta global de semiconductores que provocó que las fábricas tuvieran que parar, con el consiguiente retraso en la entrega de coches en todo el planeta. A día de hoy, Europa está pagando la tensión geopolítica, las tensiones, sanciones, y su dependencia de proveedores asiáticos.
Tal es así que la propia Unión Europea ha tenido que dar marcha atrás, o está estudiando hacerlo, una exención a un fabricante chino de semiconductores para que pueda seguir abasteciendo algunos componentes que están considerado necesarios para el sector del automóvil. Y es que, las reservas actuales podrían tener los días contados y supondría paralizar de nuevo el sector.
Crisis de chips
La tensión gelopolítica y las sanciones pueden suponer un gran problema contra quienes las aplican. Por ejemplo, Europa ha ido sancionando a Rusia en los últimos años, y estos paquetes de sanciones, han aumentado a medida que continúa el conflicto armado. Precisamente el último paquete es el que está generando el problema. Pero en esas mismas medidas de bloqueo, se incluyó a varias empresas acusadas de proporcionar suministros tecnológicos de potencial uso dual a los rusos, entre los que se encontraba el fabricante chino en cuestión que suministraba semiconductores, y que había ganado una importante relevancia en el mercado europeo.
El bloqueo de los suministros a esta empresa ha provocado un efecto dominó en las fábricas de automóviles, pero también en otro tipo de distribuciones tecnológicas. Si bien es cierto que estos chips no juegan un papel directo y relevante con la IA o con la computación del más alto nivel, si son lo suficientemente esenciales para que los coches más modernos funcionen.
Estos son los semiconductores de potencia que se emplean para que se pueda controlar el flujo eléctrico, para la gestión de las baterías, para que se puedan alimentar los sistemas eléctricos, y para poder garantizar el funcionamiento de algunos elementos críticos de los coches. La evolución en la automoción ha derivado que cada coche esté compuesto por miles de componentes electrónicos, y solo con que falte una pieza, la cadena de ensamblaje puede detenerse por completo.
Lo más sorprendente es que esta empresa se había ganado el protagonismo en los últimos años porque otra empresa recibió el mismo tipo de sanción en el pasado, Nexperia, que se vio afectada por las restricciones de la guerra comercial entre Europa y China.
A día de hoy, los fabricantes se han visto obligados a recurrir a otros proveedores para poder seguir con la producción, pero la capacidad global disponible está llegando a su límite y si no se actúan con rapidez, podría derivar en una nueva crisis.
El stock de chips
Lo que ha elevado el grado de preocupación ha sido la propia advertencia que llega desde el sector, lo que también elevada la presión en Bruselas. Los principales distribuidores y las personas de relevancia del sector aseguran que las existencias disponibles se están agotando, y creen que si n ose hace algo con urgencia, podría ser definitivo para el final del verano.
Y esto no solo supondría retrasos. En el caso de la industria del automóvil, es importante tener en cuenta que el sistema de producción es muy ajustado, y el almacenamiento de componentes suele ser escaso para poder minimizar costes. Algo que en momentos de escasez como el actual, lo que podía ser una ventaja se convierte en un problema.
Todo ello podría derivar en paradas temporadas de fabricación y de suministros en plantas repartidas por todo Europa. Pero el problema no es solo los fabricantes de coches, es que la falta de suministros podría afectar a todo el sector, a proveedores secundarios, empresas logísticas y redes comerciales.
Los más previsiones ya están buscando fabricantes y alternativas, pero los tiempos de homologación y la adaptación de las tecnologías provocan problemas que, aun siendo diferentes, acaban teniendo el mismo efecto, retrasos en la producción.
La dependencia de los chips chinos
Europa quiere frenar el avance chino, pero al mismo tiempo, dependen de él para avanzar. Es tal el avance y la distancia que nos llevan, que prescindir de su producción supondría, ya no solo dar varios pasos atrás, sería renunciar y despreciar a un país que ofrece muchos más recursos que los que tenemos. En el caso de los chips, la dependencia es total y absoluta, en fabricación, en componentes, en tecnología y en volumen. Por un lado, no quieren que nos coman, por otro lado, no podemos seguir sin ellos.









