La evolución tecnológica global está alcanzando niveles que jamás se hubieran podido imaginar, y algo que en principio podría verse como positivo está teniendo repercusiones más bien negativas para la industria de la automoción, y tiene que ver con los suministros. Hace unos años se produjo una grave escasez global de semiconductores que provocó que las fábricas tuvieran que parar, con el consiguiente retraso en la entrega de coches en todo el planeta. A día de hoy, Europa está pagando las tensiones geopolíticas, las sanciones y su dependencia de proveedores asiáticos.
Tal es así que la propia Unión Europea está estudiando dar marcha atrás y aprobar una exención a un fabricante chino de semiconductores para que pueda seguir abasteciendo algunos componentes considerados necesarios para el sector del automóvil. Y es que las reservas actuales podrían tener los días contados, y eso supondría paralizar de nuevo el sector.
El nombre del fabricante en cuestión es Yangzhou Yangjie Electronic Technology, una compañía con sede en Yangzhou (provincia de Jiangsu) especializada en semiconductores de potencia. Su catálogo incluye rectificadores, MOSFET, IGBT y dispositivos de carburo de silicio (SiC), componentes que no destacan por su sofisticación frente a un procesador de última generación pero que resultan indispensables para que un coche moderno funcione. Yangjie fue incluida en el vigésimo paquete de sanciones de la UE contra Rusia, aprobado el mes pasado, acusada de haber enviado más de doscientos envíos de tecnología de uso dual a Moscú desde el inicio de la guerra en Ucrania, con componentes localizados en drones y munición empleada por el Ejército ruso.
Crisis de chips
La tensión geopolítica y las sanciones pueden suponer un gran problema contra quienes las aplican. Europa ha ido sancionando a Rusia en los últimos años, y estos paquetes de sanciones han aumentado a medida que continúa el conflicto armado. Precisamente el último paquete es el que está generando el problema, ya que entre las medidas de bloqueo se incluyó a varias empresas acusadas de proporcionar suministros tecnológicos de potencial uso dual a los rusos. Entre ellas se encontraba el fabricante chino de semiconductores en cuestión, que había ganado una importante relevancia en el mercado europeo.
El bloqueo de los suministros a esta empresa ha provocado un efecto dominó en las fábricas de automóviles, pero también en otro tipo de distribuciones tecnológicas. Si bien es cierto que estos chips no juegan un papel directo y relevante en la IA ni en la computación de más alto nivel, sí son lo suficientemente esenciales para que los coches más modernos funcionen.
Hablamos de los semiconductores de potencia que se emplean para controlar el flujo eléctrico, gestionar las baterías, alimentar los sistemas eléctricos y garantizar el funcionamiento de algunos elementos críticos del coche. La evolución de la automoción ha derivado en que cada coche esté compuesto por miles de componentes electrónicos, y basta con que falte una pieza para que la cadena de ensamblaje pueda detenerse por completo.
Lo más sorprendente es que Yangjie se había ganado el protagonismo en el mercado europeo precisamente porque otro fabricante, Nexperia, había dejado un hueco. El caso de Nexperia, eso sí, fue distinto: con sede en los Países Bajos pero propiedad de la china Wingtech, fue intervenida por el Gobierno holandés el 30 de septiembre de 2025 invocando la Ley de Disponibilidad de Bienes, una norma de 1952 que jamás se había aplicado a un caso tecnológico. La maniobra se produjo bajo la presión del listado de Wingtech en el Entity List de Estados Unidos. Pekín respondió bloqueando las exportaciones de chips desde la fábrica china de Nexperia, lo que ya provocó entonces la primera ola de pánico en la industria europea del automóvil. El bloqueo se levantó parcialmente en noviembre de 2025, tras la reunión entre Xi Jinping y Donald Trump en Busan, y el Ejecutivo holandés acabó devolviendo el control de la compañía a sus propietarios chinos.
A día de hoy, los fabricantes se han visto obligados a recurrir a otros proveedores para poder seguir con la producción, pero la capacidad global disponible está llegando a su límite y, si no se actúa con rapidez, todo podría derivar en una nueva crisis.
El stock de chips
Lo que ha elevado el grado de preocupación ha sido la propia advertencia que llega desde el sector, algo que también eleva la presión sobre Bruselas. Los principales distribuidores y las voces de mayor peso del sector aseguran que las existencias disponibles se están agotando, y creen que, si no se hace algo con urgencia, la situación podría volverse crítica antes del final del verano.
Y esto no solo supondría retrasos. En el caso de la industria del automóvil, es importante tener en cuenta que el sistema de producción es muy ajustado, y el almacenamiento de componentes suele ser escaso para minimizar costes. Algo que, en momentos de escasez como el actual, deja de ser una ventaja para convertirse en un problema.
Todo ello podría derivar en paradas temporales de fabricación y de suministros en plantas repartidas por toda Europa. Y el problema no afectaría solo a los fabricantes de coches: la falta de suministros podría golpear a todo el sector, a proveedores secundarios, empresas logísticas y redes comerciales.
Los más previsores ya están buscando otros fabricantes y alternativas, pero los tiempos de homologación y la adaptación de las tecnologías provocan problemas que, aun siendo diferentes, acaban teniendo el mismo efecto: retrasos en la producción.
La horquilla temporal que manejan los distribuidores afina aún más el cuadro. Noureddine Seddiqi, consejero delegado del distribuidor alemán Sand & Silicon, ha cifrado en declaraciones a Handelsblatt que las existencias de chips de Nexperia y Yangjie todavía en circulación durarán «hasta julio u octubre», dependiendo del fabricante y del modelo concreto. La salida de la situación, además, no es inmediata ni automática: aunque la Comisión Europea proponga formalmente la exención, su entrada en vigor requiere la aprobación unánime de los Veintisiete Estados miembros, el procedimiento estándar para modificar un paquete de sanciones. Cualquiera de ellos podría, en teoría, bloquear la salida de emergencia.
La dependencia de los chips chinos
Europa quiere frenar el avance chino, pero al mismo tiempo depende de él para avanzar. Es tal el avance y la distancia que nos llevan que prescindir de su producción supondría, ya no solo dar varios pasos atrás, sino renunciar y despreciar a un país que ofrece muchos más recursos que los que tenemos. En el caso de los chips, la dependencia es total y absoluta: en fabricación, en componentes, en tecnología y en volumen. Por un lado, no queremos que nos coman; por otro, no podemos seguir sin ellos.
Conviene matizar, eso sí, que mientras Bruselas trata de articular la exención, China ya ha movido ficha. Pekín respondió a la inclusión de Yangjie y del resto de entidades chinas en el vigésimo paquete sancionando a varias compañías europeas del sector defensa, incorporándolas a su propio listado de control de exportaciones. La fotografía que queda es la de un tablero en el que cada movimiento defensivo desencadena uno equivalente al otro lado, y donde el primer perjudicado, sin haber participado en la batalla, es el coche que sale de las plantas europeas.









