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El diésel no ha muerto en Europa… solo necesitaba unas microgotas de agua mezcladas con el combustible: el estudio que reduce 7 de cada 10 emisiones contaminantes sin tocar el motor

El diésel no ha muerto en Europa… solo necesitaba unas microgotas de agua mezcladas con el combustible: el estudio que reduce 7 de cada 10 emisiones contaminantes sin tocar el motor

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Por: Autonoción Redacción

Publicado: 21.05.2026 12:30

El diésel es ese amigo o familiar con el que tienes relación amor-odio. Por un lado por otro lado los coches diésel son más eficientes que los gasolina y tienen menor gasto a la vez que tienen mayor empuje, pero, por otro lado tienen un coste de mantenimiento más elevado y contaminan más que los motores de gasolina.

Para este último punto, el que podría llevarlo a la ‘muerte’ con las nuevas normativas medioambientales de los países, ha aparecido una solución que suena un poco a ciencia ficción. Porque pensar en echar agua al depósito del coche para que contamine menos, suena, cuanto menos, a idea loca. Sin embargo, un grupo de investigadores ha conseguido que esta idea, que normalmente llevaría tu coche directamente al taller, se convierta en una de las soluciones más prometedoras para limpiar uno de los motores más «sucios» del planeta.

A ver, por partes, no hace falta que llenéis un vaso de agua del grifo y vayáis al coche ahora mismo. No se trata de eso. La ciencia ha perfeccionado el proceso. Te contamos cómo unas simples microgotas de agua pueden reducir hasta 7 de cada 10 emisiones contaminantes sin necesidad de cambiar el coche ni modificar una sola pieza del motor.

¿Cómo puede el agua limpiar el diésel? La magia de las microexplosiones

Para entenderlo, imaginemos una sartén con aceite caliente. Si echamos una gota de agua, esta baila y explota. Dentro de un motor diésel ocurre algo similar, pero a una escala microscópica y con resultados espectaculares.

La tecnología, bautizada como WiDE (Water-in-Diesel Emulsion o Emulsión de Agua en Diésel), no se limita a mezclar ambos líquidos. Los científicos han tenido que usar un «pegamento» químico especial llamado surfactante (como el de la lejía o el jabón) para que el agua y el diésel, que normalmente se odian y se separan, se abracen formando una mezcla estable que dura semanas.

Cuando esta mezcla llega a la cámara de combustión, ocurre el milagro. El motor está tan caliente que las microgotas de agua, rodeadas de diésel, se calientan mucho más rápido que el combustible. Al alcanzar el punto de ebullición, explotan en microexplosiones sucesivas.

Este fenómeno, conocido como «atomización secundaria», rompe el combustible en partículas muchísimo más finas de lo normal. Al ser pequeñas, el oxígeno las quema por completo. Es como si en lugar de tirar un tronco al fuego (que humea), lanzáramos serrín (que arde limpio). Además, el agua al evaporarse absorbe calor, bajando la temperatura interna y frenando la creación de gases tóxicos.

Los números hablan por sí solos

Los datos del estudio, publicado en la revista Carbon Research, son difíciles de ignorar. Los investigadores de la Federal University of Technology Owerri (Nigeria) analizaron décadas de pruebas y los resultados superan a muchos filtros y catalizadores actuales.

Por ejemplo, los óxidos de nitrógeno, causantes del humo marrón de las ciudades, se reducen hasta el 67%. Además, el hollín negro desciende hasta un 68%. Lo más revolucionario es que para lograr esto no hace falta tocar el motor por lo que es un salvavidas para miles de vehículos que ya circulan por nuestras carreteras.

¡Ojo, no lo hagas en casa!

Ya lo hemos dicho antes, pero por si alguno se emociona y le apetece ir a echar agua al depósito, no lo hagas. Añadir agua suelta al depósito es una receta para el desastre. El agua pura oxida los inyectores (que cuestan un ojo de la cara) y daña las bombas de alta presión que funcionan con tolerancias microscópicas.

La clave está en la emulsión perfecta. Necesitas la proporción exacta de agua (entre un 5% y un 15%) y el surfactante adecuado para que el agua no toque directamente el metal. Sin esa química, el agua se separa, se va al fondo y destruye el motor.

El futuro

Está claro que el camino actual del mercado del motor es tender a la electrificación y cada vez hay más híbridos y eléctricos en nuestro parque automovilísticos. Sin embargo, no debemos olvidar la gran flota de coches, tanto particulares como de largo recorrido o maquinaria, que funcionan con diésel. Esta tecnología WiDE no es la solución final, pero sí un puente de emergencia.

Es una forma barata y sencilla de reducir la contaminación en países en desarrollo o en maquinaria antigua que no puede permitirse un motor nuevo. Por supuesto, la industria deberá resolver los efectos a largo plazo en los motores y crear un producto estable que podamos comprar en la gasolinera.

De momento, el diésel no ha muerto y si ‘aprende a beber agua’ puede reducir sus efectos negativos y prolongar su presencia en nuestras vidas.

EL GARAJEvia El Garaje

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