Imagina que metes tu ordenador dentro de una olla a presión hermética, la sumerges a 35 metros de profundidad en el mar, la conectas a un aerogenerador y te olvidas de ella durante años. Pues eso es exactamente lo que ha hecho China, pero a lo grande: 2.000 ordenadores (servidores) dentro de cápsulas selladas en el fondo del océano. No estamos hablando de un experimento, es muy real. Funciona y ya esta dadno servicio a clientes como China Telecom. Está ubicado en la costa de Shanghai y acaba de recibir una inversión de 1.600 millones de yuanes, unos 195 millones de euros.
El problema que resuelve: los centros de datos tienen calor y sed
Algunos podrán pensar que para qué, que si no es rizar el rizo e inventar por inventar, pero lo cierto es que plantar servidores en el fondo del océano no es algo aleatorio o una ocurrencia loca. Para se entienda la magnitud del invento, primero hay que comprender el problema.
Los centros de datos normales (los que hacen posible que veas Netflix, uses ChatGPT o hagas una transferencia bancaria) consumen una barbaridad de electricidad. Pero no solo para hacer funcionar los servidores: hasta el 40% de esa energía se va en refrigerarlos. Es como si de cada 10 euros que pagas de luz, 4 se fueran en ventiladores y aires acondicionados.
Además, beben agua dulce como si no hubiera un mañana. En zonas con sequía, esto es un problema serio. Seguro que alguna vez habéis oído que usar Chat GPT seca pantanos. Y es real como la vida misma. En zonas con sequía, esto es un problema serio. En este contexto, China ha dicho: «¿Y si metemos los servidores dentro del mar y dejamos que el agua haga el trabajo gratis?».
La solución: servidores en conserva
El centro de datos submarino (UDC, por sus siglas en inglés) funciona así. Construyen cápsulas de acero resistentes a la corrosión del tamaño aproximado de un contenedor de barco. Dentro meten los servidores, los sellan herméticamente y los hunden a 35 metros de profundidad, junto a los aerogeneradores marinos. En total, han sumergido cerca de 2.000 servidores con una capacidad conjunta de 24 megavatios (MW).
La refrigeración es pasiva, es decir, no necesita energía extra. El calor que generan los procesadores se transmite a través de unas placas a un circuito cerrado con un gas refrigerante. Ese gas se calienta, sube por flotabilidad hasta la parte superior de la cápsula y allí cede el calor al agua del mar a través de un intercambiador. Luego el gas se enfría, se condensa y vuelve a bajar por gravedad. Todo el ciclo funciona sin bombas, sin ventiladores y sin consumir ni un solo vatio extra.
Lo realmente ingenioso no es solo meter los servidores en el agua, sino ponerlos al lado de los aerogeneradores. El centro de datos está ubicado entre la primera y la segunda fase del parque eólico marino de Lingang, que tiene más de 50 turbinas. Esto significa que la electricidad recorre muy poca distancia desde que se genera (en el aerogenerador) hasta que se consume (en el servidor). Más del 95% de la energía que usa este centro viene directamente del viento.
Un PUE de 1,5: qué significa y por qué es tan importante
En el mundo de los centros de datos hay una estadística sagrada que se llama PUE (Power Usage Effectiveness o Eficiencia del Uso de Energía). Se calcula así:
PUE = Energía total que gasta el centro de datos / Energía que usan solo los servidores
Si el PUE es 1, significa que toda la electricidad que entra se va directamente a hacer cálculos. Es el sueño imposible (nunca se alcanza). Si el PUE es 2, significa que por cada vatio que usan los servidores, gastas otro vatio en refrigeración y pérdidas. La media mundial de los centros de datos anda por el 1,55. Algunos muy eficientes bajan a 1,2. Pues este centro submarino chino tiene un PUE de 1,15.
Traducción: de cada 100 vatios que consumen, solo 15 se pierden en refrigeración. El resto, 85 vatios, van directamente a dar servicio. Comparado con uno normal, ahorran casi un 23% de electricidad. A gran escala, eso son millones de kWh al año.
¿Y si se estropea un servidor?
No puedes mandar a un técnico con un destornillador a 35 metros de profundidad. La solución es tan elegante como sencilla: las cápsulas son modulares y extraíbles. Si algo falla, un barco grúa viene, engancha la cápsula, la sube a la superficie, la abren en tierra, la reparan y la vuelven a hundir. Mientras tanto, las otras cápsulas siguen funcionando. Está diseñado para que las intervenciones sean muy poco frecuentes. De hecho, los experimentos previos de Microsoft con su Project Natick demostraron que bajo el agua los servidores se estropean ocho veces menos que en tierra, porque no hay polvo, ni oxígeno que oxide los contactos, ni cambios bruscos de temperatura, ni técnicos que tropiecen y desconecten algo por error.












