Hay coches que llaman la atención por su diseño, otros por su potencia y algunos por su rareza. Y luego están los Superbuggy Street y Cross, dos vehículos que no encajan en ninguna de esas categorías porque son todas a la vez. Imagina la escena: un coche que parece sacado de una playa de Río de Janeiro, con sus líneas abiertas y su promesa de libertad, circula por una carretera secundaria. Llama la atención por su rareza, por su colorido, por su aire a «coche de verano».
A primera vista, cualquiera diría que es un coche lento, ruidoso y un dolor de cabeza en el día a día, pero basta con pisar el acelerador para tragarse las palabras. Su carrocería de fibra de carbono no es solo fachada; gracias a ella es un auténtico peso pluma que esconde un secreto bajo el capó: el mítico motor 1.0 TSI de Volkswagen. Esta versión brasileña viene modificada para darlo todo y sacarle hasta la última gota de energía.
El resultado es un bicho de apenas 987 kg empujado por 105 CV que te planta en los 100 km/h en 9,3 segundos y supera los 180 km/h. Es, en esencia, la fórmula perfecta para pasárselo como un niño: ligereza, potencia y una pizca de bendita locura.
Un buggy con alma de deportivo
En una era dominada por coches eléctricos cada vez más pesados y SUV de dimensiones descomunales, un vehículo que pesa menos de 1.000 kg es una rareza. Pero no solo es raro: es revolucionario. Este peso pluma, conseguido gracias al empleo masivo de fibra de carbono en su carrocería, es el auténtico protagonista de sus prestaciones.
Con 987 kg, el Superbuggy es notablemente más ligero que un Mazda MX-5, el referente mundial de la ligereza en roadsters, que ronda los 1.078 kg. Quitarle casi 100 kilos de encima se nota, y mucho, en cuanto empiezas a enlazar curvas. Al liberar al motor 1.0 TSI de ese lastre innecesario, el coche se siente ágil y despierto. Da igual que repostes gasolina (101 CV) o que uses etanol (105 CV), el combustible rey en Brasil: la relación entre lo que pesa y lo que empuja es tan buena que este pequeño tres cilindros corre y rinde muchísimo más de lo que cualquiera devotos de los motores grandes se atrevería a imaginar.
Un interior conocido con ADN Volkswagen
A pesar de su aspecto radical, el interior del Superbuggy es un oasis de familiaridad para cualquier conductor europeo. Al sentarse al volante, uno descubre que buena parte de los mandos proceden directamente del Grupo Volkswagen. La instrumentación, el volante multifunción, los controles del climatizador, las palancas de luces y limpiaparabrisas, e incluso la palanca de cambios, son piezas que cualquier usuario de un Polo, un T-Cross o un Golf reconocería al instante.
Equipamiento de serie: Un buggy con todas las de la ley
El Superbuggy Street y Cross demuestran que no todo es diversión; la seguridad y el confort también tienen su lugar. Ambos modelos incorporan de serie un completo paquete de seguridad que incluye faros Full LED, airbag para el conductor, sistema de frenos antibloqueo (ABS) y control de tracción.
Además, el equipamiento de confort y tecnología es envidiable. Dependiendo de la versión, pueden incluir aire acondicionado, una pantalla táctil con compatibilidad con Apple CarPlay y Android Auto, conexión Bluetooth y USB, ordenador de viaje, dirección asistida, retrovisores con ajuste eléctrico y llantas de aleación que pueden alcanzar las 20 pulgadas.
Dos versiones para dos filosofías
La marca ofrece dos versiones claramente diferenciadas para adaptarse a los gustos y necesidades de sus clientes. El Superbuggy Street es la variante más urbana y deportiva. Se caracteriza por unas líneas más limpias y depuradas y calza unas imponentes llantas de aleación de 20 pulgadas. Por su parte, el Superbuggy Cross es la opción todoterreno. Aunque comparte la misma base técnica y el mismo motor, su puesta a punto y sus neumáticos están orientados a aventurarse fuera del asfalto.
Ambos están homologados para cuatro pasajeros, lo que los convierte en vehículos utilizables en familia o entre amigos.
El precio de la exclusividad
Llegados a este punto, es inevitable preguntarse: ¿cuánto cuesta esta obra de arte sobre ruedas? La respuesta es que no es un capricho al alcance de todos los bolsillos. Aunque en Brasil los precios varían considerablemente según la configuración elegida, el Superbuggy tiene un coste que supera los 30.000 euros. Su precio se debe a la construcción artesanal, el uso extensivo de fibra de carbono y la complejidad de ensamblar una mecánica moderna en un chasis tan especial.
A día de hoy, los Superbuggy no tienen distribución oficial en Europa ni homologación confirmada para circular por nuestras carreteras.









