Si hay un paisaje que se repite a o largo de nuestra geografía cuando vamos conduciendo por el país, no es otros que ver decenas y decenas de aerogeneradores con sus palas girando a mayor o menor ritmo. A pesar de los años que llevamos viéndolos, no siguen sin dejar de llamar la atención y parecernos una innovación, pero lo cierto es que muchos de ellos fueron instalados a finales de los años noventa y principios de los dos mil, cuando la energía eólica empezaba a despegar en el país. Hoy, esas máquinas siguen ahí, produciendo electricidad, pero con un rendimiento muy inferior al que podrían ofrecer. Y es que como en todos los campos, la tecnología avanza y dispositivos de hace 20 años, obviamente, se han quedado atrás. Hoy en día un solo aerogenerador moderno puede generar la misma energía que una decena de aquellos viejos molinos. Y sin embargo, seguimos aferrados a lo viejo.
España tiene la flota eólica más envejecida de Europa. Más de 8 gigavatios de potencia instalada superan ya los 25 años de vida útil, y se espera que para 2030 sean 20 gigavatios los que rebasen las dos décadas funcionando, Pero la cifra que realmente debería llamar la atención es otra: solo el 3% de esos parques antiguos ha sido repotenciado. El resto sigue funcionando con tecnología de finales del siglo pasado, cuando podrían estar produciendo mucha más energía con muchas menos máquinas.
El ejemplo más revelador llega de Galicia. En los parques eólicos de Zas y Corme, en A Coruña, la empresa EDPR ha demostrado lo que es posible hacer. Allí, desmontaron 141 viejos aerogeneradores que apenas alcanzaban los 42,3 megavatios de potencia y los sustituyeron por solo 17 máquinas modernas. El resultado: los mismos 42,3 megavatios, pero con un 88% menos de aerogeneradores y, lo que es más importante, con un incremento de la producción eléctrica de más del 50%. Menos molinos, más energía. La ecuación parece sencilla, pero en España apenas estamos empezando a resolverla.
El problema no es menor. Esos molinos antiguos ya no dan la talla: producen menos luz, ocupan demasiado espacio y dan muchos más quebraderos de cabeza en mantenimiento. Pero el verdadero problema viene cuando cumplen años y toca jubilarlos, porque desmontarlos deja una montaña enorme de basura. Pero la repotenciación no es solo una cuestión de eficiencia o de residuos. Es también una oportunidad para que España recupere el liderazgo en una industria que ayudó a construir.
El envejecimiento de la flota eólica española
La realidad es que los parques eólicos de nuestro país se están haciendo viejos. A día de hoy, ya tenemos más de 8 gigavatios de potencia en manos de molinos que han cumplido los 25 años. Y la bola de nieve no para de crecer: se calcula que para 2030, dos tercios de todos nuestros aerogeneradores (unos 20 gigavatios) habrán soplado ya las 20 velas.
Los primeros parques eólicos, instalados en los años 90, tenían aerogeneradores de 300 a 660 kW. Hoy, los modelos modernos superan los 4 MW de potencia. Mantener esas máquinas antiguas supone un lastre de eficiencia y ocupación de terreno.
Es hora de la repotenciación
La repotenciación puede transformar un parque y hay datos concretos en nuestro propio país que así lo demuestran. Es el caso de Zas y Corme, en Galicia. Desmontaron 141 aerogeneradores de 300 kW y los sustituyeron por 17 máquinas modernas. Mismos 42,3 MW de potencia, pero con un aumento de la producción eléctrica de más del 50%. Es el ejemplo más contundente de cómo menos máquinas pueden generar más energía.
En Galicia y Castilla-La Mancha, Iberdrola repotenciará cuatro parques. En Muras (Lugo), pasarán de 74 máquinas de 660 kW a 11 de 4,3 MW. En Molar de Molinar (Albacete), de 75 aerogeneradores a solo 11. En el caso de RWE en Muel (Zaragoza) se pasaron de 27 turbinas antiguas (16,2 MW) a 3 turbinas modernas de 6,6 MW (19,8 MW), más que duplicando el suministro de hogares, de 9.400 a 21.000. Además, lograron reciclar el 99,82% de los materiales de los antiguos molinos. En Aldeavieja (Ávila), de 22 aerogeneradores (14,5 MW) a 4 (24 MW) . En Navarra, Montes de Cierzo pasará de 84 máquinas a 10.
El por qué merece la pena
Con menos aerogeneradores, se reduce la ocupación del suelo y el impacto paisajístico. Se evita construir 4.000 MW nuevos y más de 1.500 kilómetros de nuevas líneas eléctricas. Los aerogeneradores modernos tienen mayor capacidad de generación, mejor aprovechamiento del viento y mayor disponibilidad. La producción por turbina se multiplica. Además, las máquinas nuevas requieren menos reparaciones y tienen una vida útil más larga.
Los componentes de los viejos molinos pueden reutilizarse o reciclarse. RWE logró recuperar el 99,82% de los materiales de su parque de Muel. En España, se está desarrollando la primera planta de reciclaje de palas en Lumbier (Navarra).
La realidad que frena el cambio
El principal escollo, como casi siempre en este país, es la burocracia. Obtener los permisos y la conexión a la red para un parque repotenciado es casi tan complejo como para uno nuevo, lo que desincentiva a los promotores. Por otro lado, aunque a largo plazo es rentable, la repotenciación requiere una inversión significativa que no todos los propietarios pueden afrontar.
Además, aunque se avanza en reciclaje, las palas de los aerogeneradores antiguos son difíciles de reciclar porque están hechas de materiales compuestos. Se estima que en Andalucía se generarán 464.284 toneladas de residuos del desmantelamiento, de las cuales 63.742 toneladas corresponden a rotores.
La carrera por repotenciar España
Si España repotenciara los 20 GW de parques que superarán los 20 años en 2030, podría incrementar significativamente su producción eólica sin ocupar nuevo territorio. Ayudaría a alcanzar los 62 GW de potencia eólica que el PNIEC prevé para 2030. El programa de Repotenciación Circular, con fondos NextGenerationEU, ha adjudicado 185,7 millones de euros a 169 proyectos, de los cuales 127 millones van a repotenciación. Proyectos como Muel o Caparroso ya se benefician de estas ayudas.
Como señalan desde la AEE, la repotenciación es una «palanca clave» para la transición energética. El reto no es tecnológico, sino de voluntad política y de agilización administrativa. El caso de Zas y Corme demuestra que es posible generar la misma energía con una fracción de los molinos. El ritmo actual de repotenciación es insuficiente, y España necesita acelerar si no quiere quedarse atrás en la carrera por un futuro energético más limpio y eficiente. La flota eólica más vieja de Europa tiene una oportunidad única para convertirse en la más moderna y sostenible del continente.












