El sector naval contamina mucho y están haciendo todo lo posible para reducir su huella de contaminantes, gases de efecto invernadero y en definitiva, reducir el impacto sobre el ecosistema marino o terrestre. La idea más loca que ya os contamos hace años se ha vuelto real y es que Michelin, que había lanzado su idea de vela hinchable para barcos, se ha hecho realidad.
La Dirección General de Asuntos Marítimos, Pesca y Acuicultura de Francia (DGAMPA) ha encargado a Michelin el equipamiento de su nuevo patrullero de alta mar con el sistema de vela asistida WISAMO. Aunque este ha sido el primer contrato comercial que recibe esta tecnología desarrollada por la compañía, y marca un punto de inflexión real en el esfuerzo por reducir el consumo de combustible en operaciones marítimas oficiales sin sacrificar capacidad operativa, no creo que vaya a ser el último.
Un ahorro del 15 % sin renunciar a nada
Para que te hagas una ideal un velero de 170 metros cuadrados se integrará como apoyo al sistema híbrido diésel-eléctrico ya previsto para el buque. Según las estimaciones basadas en el diseño optimizado y el perfil de uso del patrullero, se espera una reducción cercana al 15 % en el consumo de combustible. Lo más relevante es que esta mejora llega sin limitar las misiones del barco ni añadir complicaciones a la tripulación. El sistema se pliega y despliega de forma automática según las condiciones, por lo que no supone una carga extra de trabajo ni reduce la disponibilidad del buque para vigilancia, rescate o control medioambiental.

Tres piezas, una solución versátil
El corazón de WISAMO es su sencillez de concepto y su robustez en la práctica. Consta de un mástil telescópico autoportante que se retrae por completo cuando no se necesita; una envolvente de tejido técnico ligero que se infla a baja presión y adopta la forma de un ala simétrica capaz de aprovechar el viento de forma eficiente; y un cerebro electrónico que gestiona de manera autónoma todas las maniobras: izado, arriado, orientación, reducción de superficie o protección ante mal tiempo.
Esta combinación convierte al sistema en una herramienta adaptable a contextos muy distintos. No requiere obenques ni jarcias laterales tradicionales, lo que libera espacio en cubierta y simplifica la navegación. Puede funcionar como complemento o, en ciertos barcos, como elemento principal de propulsión. Esa flexibilidad es precisamente lo que ha permitido pasar de las primeras pruebas a un contrato real en un buque con exigencias operativas muy estrictas.
Tres empresas francesas, un barco de nueva generación
El patrullero que recibirá la vela es el sucesor del Iris, un buque que lleva casi cuarenta años prestando servicio. Su diseño corre a cargo de la firma de arquitectura naval Mauric, la construcción la realiza el astillero Socarenam y la integración de la tecnología eólica corresponde a Michelin. Todo el proceso se desarrolla con participación de los equipos de WISAMO desde las primeras fases del proyecto en 2025. La instalación a bordo está prevista para principios de 2027 y las pruebas de mar se realizarán a finales de ese mismo año.
El buque operará desde La Rochelle y cubrirá principalmente el Golfo de Vizcaya y la costa atlántica francesa. Sus cometidos abarcan la vigilancia de la Zona Económica Exclusiva, el control pesquero, la lucha contra la contaminación, el seguimiento de la navegación y las operaciones de búsqueda y rescate. En este contexto, la vela no es un añadido decorativo: es una herramienta que permite cumplir todas esas funciones con menor dependencia de combustible.
El camino ya recorrido: pruebas reales en el Golfo de Vizcaya
Antes de este contrato, la tecnología ya había acumulado experiencia en condiciones exigentes. En 2023, un prototipo demostró su resistencia durante varios meses a bordo del MN Pelican en el propio Golfo de Vizcaya. Un año antes, Michelin había firmado un acuerdo con la Compagnie Maritime Nantaise – MN para instalar un primer prototipo de 100 metros cuadrados en el mismo buque, que cubre la línea regular entre Poole (Reino Unido) y Bilbao. Paralelamente, se realizaron ensayos técnicos en la embarcación del navegante Michel Desjoyeaux, primero en lago en Suiza y después en mar invernal en el Golfo de Vizcaya.
Esos pasos previos permitieron ajustar detalles de control, materiales y comportamiento en oleaje antes de dar el salto a un buque oficial con requisitos de disponibilidad permanente.
Del mercante al recreo: el yate Aqua demuestra la versatilidad
La misma tecnología que ahora llega a un patrullero ya se ha probado en el sector del ocio. El yate Aqua, un daysailer de 60 pies desarrollado por JFA Yachts en colaboración con Novem Nautical Design y Michelin, incorpora una unidad WISAMO adaptada a sus dimensiones. Su casco de carbono-epoxi y su cubierta despejada —gracias a la ausencia de obenques— crean un espacio habitable amplio y funcional tanto en el exterior como en el interior, que incluye cocina equipada, salón para ocho personas y camarotes para seis.
La vela hinchable, cuyo perfil recuerda los característicos pliegues del Bibendum de Michelin, se maneja de forma completamente automática. El yate cuenta además con propulsión eléctrica auxiliar para maniobras en puerto o días sin viento, y un hidrogenerador que produce energía limpia durante la navegación.
Materiales compuestos que viajan del neumático al mar
WISAMO también pone de relieve la capacidad de Michelin para aplicar su conocimiento en materiales compuestos más allá de los neumáticos. La envolvente de la vela, el mástil telescópico y los sistemas de control combinan ligereza, resistencia y durabilidad en un entorno marino agresivo. Esa misma experiencia que la compañía ha desarrollado durante décadas en productos tan distintos como cintas transportadoras industriales, trajes de bombero o componentes de competición automovilística encuentra ahora una aplicación práctica en la reducción de emisiones del transporte marítimo.
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