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El acelerador chino que ha superado en intensidad a todas las instalaciones mundiales ha entrado en funcionamiento: 2 kilómetros de haz para crear núcleos inestables, probar la electrónica de los satélites y hasta simular el daño por radiación en el cuerpo humano

El acelerador chino que ha superado en intensidad a todas las instalaciones mundiales ha entrado en funcionamiento: 2 kilómetros de haz para crear núcleos inestables, probar la electrónica de los satélites y hasta simular el daño por radiación en el cuerpo humano

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Por: Luis Reyes

Publicado: 27.07.2026 16:00

A dos kilómetros de longitud, enterrado a trece metros bajo tierra en la provincia de Guangdong, China ha puesto en marcha una máquina que desafía los límites de lo que conocemos. No es un reactor nuclear, ni un colisionador de partículas al uso. Es el HIAF, el Acelerador de Iones Pesados de Alta Intensidad, y es, en palabras de sus creadores, un «microscopio superpotente» para sondear los secretos más profundos de la materia . Y no lo han construido solo para hacer ciencia por hacer.

Porque el HIAF es, ante todo, el acelerador de iones pesados más potente del mundo. Ha establecido récords de intensidad que dejan atrás a cualquier instalación similar, con haces de oxígeno tres veces más intensos que el récord anterior y haces de bismuto siete veces y media más potentes . Esta capacidad, que parece salida de un manual de ciencia ficción, no es un fin en sí mismo. Es una herramienta para resolver algunos de los mayores misterios del cosmos y para desarrollar tecnologías que cambiarán nuestras vidas.

En el fondo, lo que hace el HIAF en sus entrañas es pura magia científica: fabrica núcleos súper inestables que ni siquiera existen en la Tierra. Vamos, que los tíos recrean en miniatura las condiciones de una supernova o del mismísimo Big Bang para entender, por fin, de dónde salen los elementos pesados que nos rodean.

Pero es que la cosa no se queda en la teoría. También es una especie de banco de pruebas espacial brutal, capaz de simular la radiación cósmica para ver si la electrónica de los satélites aguanta el tipo antes de mandarlos al espacio y arriesgarse a que se rompan. Y ojo, que lo más loco de todo es que usan estos haces de iones para cosas tan del día a día como avanzar en terapias contra el cáncer, diseñar nuevas medicinas o incluso conseguir que los cultivos del campo sean más fuertes y den mejor comida. Al final, es una instalación que demuestra que la ciencia más pura y las soluciones reales de la calle están separadas por una línea finísima… tan fina como un haz de iones lanzado a la velocidad de la luz.

Una década de trabajo para un logro histórico

El High Intensity Heavy-ion Accelerator Facility (HIAF) es un proyecto científico de gran envergadura que ha requerido casi ocho años de construcción. Ubicado en Huizhou, provincia de Guangdong, el HIAF es una de las instalaciones científicas más avanzadas del mundo. El proyecto se propuso originalmente en 2009, comenzó su construcción en diciembre de 2018 y produjo su primer haz en octubre de 2025. El 21 de julio de 2026, el HIAF superó la revisión de aceptación técnica y entró en operación de prueba.

Un gigante subterráneo en cifras

Para dimensionar la magnitud de esta instalación, basta con observar las cifras que la definen. No se trata de un laboratorio convencional; es un complejo tecnológico de proporciones extraordinarias. Bajo una profundidad de 13 metros, se extiende una línea de haz que alcanza los 2 kilómetros de longitud. En la superficie, el complejo abarca unas 32 hectáreas, lo que equivale aproximadamente a 45 campos de fútbol integrados en un mismo espacio.

Al explorar los detalles técnicos de la instalación, la escala resulta sorprendente. Cuenta con más de 6.000 equipos principales. El sistema está integrado por más de 5 millones de piezas individuales y supera el millón de metros de tuberías, una red de una complejidad técnica sin precedentes. Su valor no reside solo en el tamaño, sino en su carácter único. Es la primera instalación en el mundo que integra tres tecnologías de punta en un solo complejo: un acelerador lineal superconductor, un sincrotrón y un anillo de almacenamiento.

En esencia, se ha diseñado una infraestructura subterránea de alta precisión para el estudio de partículas a velocidades extremas, materializando capacidades que anteriormente pertenecían al ámbito de la teoría avanzada.

Récord de intensidad

El HIAF ha establecido nuevos récords mundiales en intensidad de haz de iones pesados, un logro técnico que lo sitúa como líder indiscutible en su campo. Por un lado, el haz de oxígeno (⁸O) alcanzó una intensidad de 2,5 × 10¹¹ partículas por pulso, superando el récord anterior en 3 veces. En cuanto al haz de bismuto (²⁰⁹Bi), alcanzó 3,2 × 10¹⁰ partículas por pulso, superando el récord anterior en 7,5 veces.

La clave de este éxito está en las innovaciones técnicas, como las fuentes de alimentación de conmutación ultrarrápida que pueden cambiar la corriente en miles de amperios en 100 milisegundos, y un sistema de vacío de ultra-alta presión (10⁻¹² mbar) comparable a la superficie de la Luna.

Los Tres Pilares de la Ciencia del HIAF

El HIAF tiene tres objetivos científicos principales, que combinan la investigación fundamental con aplicaciones prácticas. En primer lugar, explorar los límites de la existencia nuclear. Los investigadores utilizan el HIAF para producir núcleos inestables y explorar las fronteras donde la materia nuclear deja de mantenerse unida. Durante las pruebas, ya se ha logrado medir la masa del isótopo Au-202 con el doble de precisión que el récord anterior y se han descubierto dos nuevos isótopos.

También quiere revelar los procesos de la astrofísica nuclear. El HIAF puede simular condiciones extremas como el interior de las estrellas, explosiones de supernovas y los primeros momentos del Big Bang, ayudando a desvelar cómo se formaron los elementos pesados en el universo, como el uranio, el oro o el plomo.

Por último, también para otro tipo de aplicaciones multidisciplinares como podría ser la aeroespacial, Simula la radiación espacial para probar la resistencia de componentes electrónicos y satélites, ahorrando costes y riesgos en misiones reales; la medicina, avanza en la terapia de cáncer con iones pesados y en el desarrollo de nuevos fármacos con isótopos médicos; lo materiales,  permite estudiar la degradación por radiación de materiales para reactores nucleares y futuros sistemas de fusión; o la biotecnología ya que se utiliza para la mutación inducida por iones en la mejora de cultivos agrícolas, logrando variedades con mayor rendimiento y calidad

Contexto geopolítico y técnico

El HIAF es el ejemplo perfecto de cómo China está tirando la casa por la ventana cuando se trata de invertir en ciencia y tecnología. Este megaproyecto, que ha costado cientos de millones de dólares, no es solo un laboratorio más; es toda una declaración de intenciones que demuestra su ambición por liderar la ciencia mundial. Para que te hagas una idea de la bestialidad de la que hablamos, este acelerador tiene una pista subterránea de 2 kilómetros y ya ha pulverizado todos los récords de intensidad, dejando atrás a instalaciones parecidas de Estados Unidos, Europa y Japón.

En plan sencillo, piensa en el HIAF como si fuera un «microscopio superpotente» para cotillear los secretos más íntimos de la materia. Su capacidad para fabricar y lanzar iones pesados a toda pastilla lo convierte en una herramienta títpica que necesitamos sí o sí para entender cómo funciona el universo y, de paso, inventar la tecnología del futuro.

EL GARAJEvia El Garaje

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