En el sur de Europa hay una gigantesca «batería» para coches eléctricos y hogares que no la fabrica China, ni Tesla, ni la todopoderosa CATL. Está compuesta por 1.050 viejos silos de cereal abandonados entre Extremadura y Portugal, y su conversión en almacenes térmicos cuesta 1.514.396 euros. No es magia, es termodinámica aplicada a estructuras que ya existen.
El gran problema de las renovables: el sol no siempre brilla cuando lo necesitas
Las energías renovables han sido y son la alternativa a las fuentes de energía más contaminantes y caducas, pero han tenido siempre un problema y es que no son constantes. Es como tener un pozo de agua gratis, pero solo durante unas horas al día; el resto del tiempo, no da ni una gota. Si queremos agua de noche, tenemos que sacarla durante el día y almacenarla. Eso pasa con la energía solar y eólica: generan mucha electricidad cuando hay sol y viento, pero si no hay demanda en ese momento, esa energía se desperdicia.
En España y Portugal, cada vez más, los excedentes de energía renovable se venden a precio de saldo —e incluso a precio negativo en momentos puntuales— o simplemente se pierden. Las cifras del operador del sistema dejan claro el tamaño del problema: durante 2025, hubo decenas de horas en las que el precio mayorista de la electricidad se hundió por debajo de los 5 euros por megavatio-hora, y en alguna jornada concreta llegó al cero o a valores negativos en bloques horarios solares. La infraestructura de almacenamiento actual —sobre todo, baterías de litio— es cara, depende de minerales importados y no da abasto. Aquí es donde entra en juego una idea tan brillante como sencilla: usar lo viejo para solucionar lo nuevo.
¿En qué consiste el proyecto THESILO? Guardar calor en vez de grano
Siempre se ha dicho: «renovarse o morir». Esa es la base de este nuevo proyecto. Coger algo obsoleto y abandonado como los silos que se utilizaban para guardar grano y convertirlos en enormes baterías que guardan el calor. El proyecto, presentado oficialmente el pasado 10 de abril de 2026 en la Casa de la Cultura de Torremocha (Cáceres), lleva el nombre de THESILO y está coordinado por el Centro Ibérico de Investigación en Almacenamiento Energético (CIIAE), con sede en Extremadura y financiado conjuntamente por los gobiernos de España, Portugal y la Junta de Extremadura. La propuesta es transformar esos enormes cilindros de hormigón en baterías térmicas: en lugar de almacenar electricidad directamente, almacenan calor.
El proceso sería así: cuando hay excedente de energía solar o eólica, se utiliza esa electricidad para calentar un material —por ejemplo, sales fundidas, arena especial o cerámica— que se introduce dentro del silo. Ese material actúa como una «piedra caliente» capaz de retener la temperatura durante horas o incluso días. Cuando se necesita la energía de nuevo, por la noche o en un día sin viento, se extrae el calor del silo. Conviene matizar aquí algo importante: ese calor puede usarse de dos formas. La primera es para procesos industriales o calefacción de distrito directamente como calor —que es lo más eficiente, con rendimientos cercanos al 90 %—. La segunda es para generar vapor que mueva una turbina y vuelva a producir electricidad, una conversión que conlleva pérdidas mucho mayores y deja la eficiencia global en torno al 30-50 %. Lo más probable es que THESILO se enfoque inicialmente al primer escenario, calor para industria y municipios cercanos al silo.
Por qué los silos son perfectos para esto
El lugar elegido para este proceso, los silos, no es una mera casualidad. Estas construcciones, en su mayoría levantadas en los años 50 dentro del antiguo Servicio Nacional del Trigo, fueron diseñadas para soportar grandes cargas, cambios bruscos de temperatura y décadas de uso intensivo. Sus gruesos muros de hormigón son un excelente aislante natural. Además, están ubicados cerca de núcleos rurales y, muy importante, en muchos casos junto a antiguas vías férreas e infraestructuras eléctricas, lo que abarata muchísimo la conexión a la red.
«Es un ejemplo de economía circular en estado puro», explican los investigadores del CIIAE. En lugar de demoler estas estructuras (costoso y contaminante), se les da una segunda vida para resolver un problema energético actual. El presupuesto de conversión, los 1.514.396 euros exactos asignados al proyecto, es ridículo comparado con construir nuevas baterías de litio desde cero —un sistema de almacenamiento de iones de litio de la misma capacidad costaría varios órdenes de magnitud por encima—. El piloto experimental se está montando precisamente en el silo municipal de Torremocha, un pueblo de menos de mil habitantes en la provincia de Cáceres que ha cedido su antigua estructura granera para la prueba.
De la teoría a la práctica: ¿qué falta para que funcione?
Actualmente, el proyecto está en fase inicial de pruebas. Los científicos están investigando qué material concreto —sales fundidas, arena, grafito, materiales de cambio de fase o un compuesto específico— es el más eficiente para almacenar calor dentro de los silos durante más tiempo y con la menor pérdida posible. También se estudia el sistema de carga y descarga para que sea seguro y automático. El CIIAE no parte de cero: dentro de su Departamento de Almacenamiento Térmico, lleva años trabajando con calor sensible (sales fundidas), calor latente (materiales de cambio de fase) y calor químico (termoquímica y adsorción), así que cada candidato tiene equipo experimental detrás.
El proyecto cuenta con un consorcio amplio: junto al CIIAE participan la Agencia de la Energía de Extremadura (AGENEX), la Agencia de la Energía del Alentejo (AreanaTejo), el Politécnico de Portalegre, el Instituto de la Construcción, Energía, Ambiente y Sostenibilidad (ITECONS) y la entidad Adai, además de centros del Sistema Extremeño de Ciencia, Tecnología e Innovación como INTROMAC (especialista en rocas ornamentales y materiales de construcción). La presentación oficial corrió a cargo de Javier de Francisco Morcillo, secretario general de Ciencia, Tecnología e Innovación de la Junta de Extremadura.
Conviene saber que la idea no es completamente nueva en el mundo. En Finlandia, la empresa Polar Night Energy lleva desde 2022 operando una «batería de arena» comercial en la localidad de Kankaanpää, suministrando calor a la red de calefacción urbana del municipio, y desde 2024 tiene una planta industrial mayor en Pornainen. Ese precedente es el que demuestra que técnicamente la cosa funciona; lo que aporta THESILO es la idea de aprovechar una estructura preexistente y abandonada en lugar de construir el contenedor desde cero. Una vez resueltas las cuestiones del material y del sistema de carga (algo que los expertos estiman para 2027-2028), Extremadura y Portugal podrían disponer de una «gigabatería térmica» distribuida por todo el territorio y sin necesidad de importar litio o cobalto de países lejanos.
Entonces, ¿esto no es para coches eléctricos?
Cuando esta gigabatería esté en funcionamiento no dará electricidad directamente a un coche eléctrico. Lo que hace es estabilizar la red eléctrica y aprovechar excedentes que hoy se desperdician. Es decir, cuando haya muchos coches eléctricos enchufándose por la noche, parte de la energía que consumirán podría provenir del calor almacenado en esos silos durante el día —o, más probablemente, de procesos industriales o municipales que dejarán de tirar de la red en horas de alta demanda gracias al calor previamente almacenado—. Por tanto, sí: es una pieza clave para que la movilidad eléctrica sea realmente sostenible y no dependa de centrales de gas para cubrir picos. Pensemos en un ejemplo cotidiano: la fábrica de una pequeña localidad cacereña podría procesarse con el calor del silo en lugar de con gas natural, liberando capacidad eléctrica de la red para que el vecino del pueblo cargue su coche eléctrico sin pagar un sobreprecio por congestión.
Un cambio de mentalidad: almacenar energía no es solo hacer «pilas gigantes»
Lo fascinante de este proyecto es que nos enseña que hay más formas de almacenar energía que las baterías químicas. Las baterías de litio almacenan electricidad y la devuelven como electricidad. Las baterías térmicas almacenan el excedente eléctrico en forma de calor y lo devuelven como calor —y, opcionalmente, como electricidad—. No sirven exactamente para lo mismo, pero los materiales granulares como la arena son mucho más baratos, no se degradan con los ciclos y aprovechan recursos casi infinitos. Para almacenamiento estacionario a gran escala, donde el litio resulta caro y geopolíticamente sensible, es una alternativa con mucho sentido.
Si el proyecto THESILO tiene éxito, esos 1.050 silos que hoy solo son ruinas de un pasado agrícola podrían convertirse en el corazón silencioso de la nueva red eléctrica renovable. No es una utopía, sino un ejemplo de cómo la ciencia aplicada con criterios de economía circular puede resolver uno de los mayores cuellos de botella de las energías limpias: el almacenamiento. Y lo hace a un coste mínimo, en zonas rurales que necesitan revitalización, y con materiales locales. Para Extremadura y para el Alentejo, dos de las regiones más despobladas de la península, el proyecto tiene además un atractivo adicional difícil de medir en megavatios: devolver vida útil a una infraestructura olvidada del siglo XX para que sea pieza activa del sistema energético del siglo XXI.













