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El 80% del plástico termina en vertederos y solo el 10% se recicla, pero la Universidad de California ha encontrado una fórmula para convertirlo en hidrógeno limpio y CO2 sólido sin contaminar

El 80% del plástico termina en vertederos y solo el 10% se recicla, pero la Universidad de California ha encontrado una fórmula para convertirlo en hidrógeno limpio y CO2 sólido sin contaminar

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Por: Autonoción Redacción

Publicado: 27.07.2026 10:20

Seguro que te ha pasado un montón de veces. Te terminas de beber una botella de agua después de correr, vas a tirar el vasito de plástico del yogur que te has tomado en el desayuno o miras ese cajón de la cocina que tienes a reventar de bolsas del súper. En ese momento, te entra el remordimiento y piensas: «Venga, voy a reciclar, que hay que cuidar el planeta». Pues lamento aguarte la fiesta, pero todos esos envases, tras su cortísima vida útil, se la juegan a una ruleta rusa con un destino bastante chungo.

La cruda realidad es que la inmensa mayoría de lo que tiramos va a acabar sepultado en un vertedero gigante por los siglos de los siglos. Otra parte, con un poco de «mala suerte», terminará en una incineradora, quemándose y soltando un montón de mofetas y gases tóxicos al cielo que luego respiramos todos. Pensamos que lo estamos haciendo genial, pero si miramos los datos globales, la cosa es de traca: solo un mísero 9% de todo el plástico que se fabrica en el mundo se salva de la quema y logra convertirse en algo nuevo. Es la gran paradoja de nuestra era: un material que nos cambió la vida para bien y nos trajo una comodidad increíble, se ha acabado convirtiendo en nuestro peor enemigo. Hasta ahora, claro.

Resulta que un grupo de científicos de la Universidad de California en Los Ángeles (la famosa UCLA) y la Universidad Femenina Ewha, en Corea del Sur, se han cansado de ver cómo el planeta se llena de porquería y han dado con una fórmula magistral. Se han sacado de la manga un proceso químico brutal que es capaz de coger los tres plásticos más típicos y pesados que existen (el PET de las botellas de refresco, el polietileno de las bolsas de la compra y el polipropileno de los envases de yogur) y meterlos todos juntos, en plan batiburrillo, dentro de un único reactor. ¿El resultado? Lo transforman en hidrógeno de una pureza espectacular, que es justo el combustible limpio del que todo el mundo habla para salvar el futuro. Y lo mejor de todo es que se saltan el paso más aburrido y caro del mundo: no hace falta clasificar los residuos para nada.

El problemón en números

El sistema actual de reciclaje está más roto que una escopeta de feria. Nos han vendido que con separar en casa ya está todo hecho, pero las plantas de reciclaje tradicionales no dan abasto y el proceso es tan lento y caro que muchas veces no sale a cuenta económicamente. Para que veas el tamaño del marrón que quieren arreglar, mira estas cifras que asustan:

  • Casi nada: Solo el 9% del plástico del planeta se recicla.
  • Vertederos a tope: El 80% termina acumulado en basureros o flotando en el mar.
  • Humaredas: El 12% que queda se quema y contamina el aire cosa mala.
  • EE.UU. tampoco se salva: En 2018 (el último dato de la EPA), allí solo reciclaron el 8,7%.

El gran culpable de este desastre es el dichoso «número de resina», ese triangulito con un número que viene grabado en los envases. Las máquinas actuales son súper tiquismiquis: si mezclas una botella con una bolsa, la lías y el proceso no funciona. Alguien tiene que ir separando a mano o con máquinas carísimas cada tipo de plástico. Es lento, es manual y cuesta un ojo de la cara. Por eso casi todo acaba en el vertedero.

La receta mágica: Tratamiento Térmico Alcalino (ATT)

El invento se llama ATT y, básicamente, consiste en mezclar todo ese plástico junto con hidróxido de sodio y calentarlo a unos 300 o 400 grados. Al final del proceso, consigues un hidrógeno con una pureza de más del 90%. Pero lo que es una genialidad títpica de peli de ciencia ficción es que el carbono no se escapa al aire en forma de CO₂; se queda atrapado como una especie de roca sólida (carbonato sódico) que luego se puede vender a otras industrias. Vamos, que conviertes un desecho horrible en dos cosas valiosísimas. Alquimia pura.

¿Cómo lo hacen exactamente?

  1. Un toque de calor: Primero le dan un calentón rápido al plástico con aire normal para meterle oxígeno y crear «puntos de enganche».
  2. El baño químico: Luego le echan el hidróxido de sodio a unos 300-400 °C. Es un chollo, porque las fábricas actuales necesitan entre 700 y 1.000 °C para hacer algo parecido.
  3. Atrapar la mofeta: El hidróxido absorbe el carbono y lo hace piedra, impidiendo que contamine el cielo.

Los resultados del laboratorio

Cuando los investigadores se pusieron a analizar lo que salía de esa chimenea química, alucinaron en colores. Los números demuestran que no es una idea bonita sobre el papel, sino que funciona de verdad en el laboratorio.

Para empezar, el hidrógeno que se extrae sale con una pureza de más del 90%. Esto es importantísimo porque para usar hidrógeno en coches de pila de combustible o en la industria pesada, necesitas que sea súper limpio, si no, estropeas los motores. Por otro lado, el invento es limpio a más no poder: más del 75% del carbono se queda fosilizado en la piedra o en unos líquidos orgánicos, logrando que lo que se escapa al aire en forma de gas sea menos del 13%. Los propios científicos dicen que esa emisión es «despreciable».

Y ojo a cómo rinde cada tipo de basura, porque hay sorpresas: Las bolsas del súper (PE) fueron las mejores, dando 51,9 milimoles por gramo. Las botellas de agua (PET) consiguieron 43,7 mmol/g. ¡Un 62% más de hidrógeno que con los métodos viejos!. Por último, los envases de yogur (PP) se quedaron en 30,2 mmol/g, pero oye, súper aprovechables.

Pies en el suelo: de la mesa a la realidad

A ver, tampoco nos vengamos arriba todavía. De momento esto es un experimento en un laboratorio pequeñito. Han hecho las pruebas con muestras que no llegan ni a un gramo, y ahora están intentando pasar a los 100 gramos. Aunque sobre el papel pinta genial (baja las emisiones una barbaridad comparado con el metano convencional), todavía hay que ver si sale rentable económicamente. El hidróxido de sodio se gasta en el proceso y fabricarlo cuesta lo suyo. Los propios científicos reconocen que queda mucho curro por delante antes de ver esto en una fábrica de verdad. Pero oye, el simple hecho de ahorrarte el tener que separar los plásticos ya es un puntazo a favor enorme para el futuro. ¡Crucemos los dedos!

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