Bosch ha elegido un camino diferente y provocador y es que han querido demostrar que los motores tradicionales aún tienen mucho que decir. La compañía alemana, junto a Ligier Automotive y Maserati, ha logrado transformar un conocido propulsor V6 de gasolina en un motor de hidrógeno capaz de desarrollar 653 CV y un par motor de 880 Nm. El resultado lleva el nombre de Ligier JS2 RH2, un prototipo de competición que ya acumula más de 8.000 kilómetros de pruebas en condiciones extremas.
Un cambio profundo con raíces familiares
Lo más sorprendente del proyecto no es solo la potencia conseguida, sino la filosofía que lo sustenta y es que han logrado aprovechar al máximo lo que ya existe. Los ingenieros tomaron como base el Maserati Nettuno, un V6 biturbo de 3.0 litros de gasolina, y lo adaptaron al hidrógeno.
La mayor parte de los componentes originales se mantienen intactos. La arquitectura básica del motor, las culatas e incluso los turbocompresores conservan su esencia. Este paso demuestra que la industria puede evolucionar sin tener que empezar de cero cada vez, lo que reduce costes, tiempos de desarrollo y, en última instancia, el impacto ambiental de fabricar mecánicas completamente nuevas.
Adaptar un motor a un combustible tan diferente como el hidrógeno requiere precisión quirúrgica. Bosch Engineering tuvo que rediseñar elementos clave como los pistones, que se modificaron para soportar las particulares características de la combustión del hidrógeno. También se implementó un sistema de encendido específico y, sobre todo, se desarrolló una gestión electrónica a medida.

La inyección directa de hidrógeno: el gran salto tecnológico
El corazón de esta transformación reside en el sistema de alimentación. Mientras que el motor original trabaja con gasolina, el nuevo utiliza inyección directa de hidrógeno mediante los inyectores Bosch HIDI LCV, diseñados específicamente.
Esta tecnología permite introducir el hidrógeno directamente en la cámara de combustión con una precisión milimétrica. El resultado es una combustión más estable, mayor eficiencia y, lo más importante en un coche de carreras, una entrega de potencia brutal sin renunciar a la fiabilidad.
Uno de los mayores desafíos técnicos fue conseguir que esa combustión permaneciera estable incluso por encima de las 7.000 revoluciones por minuto.
Almacenamiento seguro: el hidrógeno bajo control
Convertir el motor es solo la mitad del trabajo. El otro gran reto era almacenar y gestionar el hidrógeno de forma segura en un vehículo que corre a altas velocidades.
El Ligier JS2 RH2 incorpora tres depósitos de fibra de carbono que almacenan el hidrógeno a una presión de hasta 700 bares. Su distribución está pensada al milímetro: uno detrás del habitáculo y los otros dos en los laterales, mejorando el reparto de pesos y manteniendo el equilibrio dinámico del coche.
Todo el sistema está vigilado por la Hydrogen Storage Control Unit (HSCU), una unidad de control desarrollada por Bosch que monitoriza en tiempo real presión, temperatura y posibles anomalías.
Además, el prototipo cuenta con sensores de detección de fugas, conductos de ventilación específicos y múltiples barreras de protección.













