Guardias tumbados, resaltes, badenes… Sea cual sea su nombre, ninguno me gusta. Algunos son tan elevados que producen un desgaste innecesario en la suspensión, la dirección y los neumáticos. Incluso cuando circulas muy despacio, pasar un badén es un incordio. Además, son incómodos para quien viaja en el coche. No obstante, parecen la única solución para concienciar a los conductores sobre reducir la velocidad en entornos urbanos.
Pero… ¿qué ocurre si vas muy deprisa y no tienes tiempo suficiente para frenar? Quizá, por instinto, tu reacción sea la de clavar el freno. He de avisarte que no siempre es la mejor solución. De hecho, en función del resalte, puedes incluso perder el control del vehículo. Te cuento cómo debes reaccionar para mantener la máxima seguridad cuando frenar es una respuesta que llega demasiado tarde.
Así te puedes cargar la suspensión, la dirección y los neumáticos

La clave para entender qué es mejor para mantener la seguridad y cuidar tu coche es saber primero cómo funciona la suspensión. Cuando hundes el pie derecho con fuerza en el freno, el peso del vehículo se desplaza hacia la parte delantera. El muelle y el amortiguador se comprimen, lo que reduce su efectividad a la hora de absorber el golpe producido al contacto con el badén.
En definitiva, el resultado puede ser un impacto aún más seco, incómodo y perjudicial para el sistema de suspensión de tu coche. Si el badén es alto y estrecho, podrías llegar a destrozar un neumático, los amortiguadores o la geometría de la dirección.
Evita frenar de golpe a menos que la seguridad esté en juego

Lo mejor es que evites frenar de golpe en el último instante. Sobre todo, cuando la distancia es insuficiente para frenar de manera progresiva y la velocidad, elevada. En su lugar, levanta el pie del acelerador o reduce una marcha sin forzar el motor. Mantén la dirección recta justo antes de superar el obstáculo.
Obviamente, si tu vida o la del resto de usuarios de la vía corre peligro, no has de tener ninguna consideración sobre el mantenimiento y el estado de los frenos, suspensiones o ruedas de tu coche. La seguridad es lo más importante.
¿Y si se plantea una situación con mayor libertad de acción? Por ejemplo, cuando estimas que aún tienes tiempo para frenar. Siempre y cuando la frenada sea progresiva, esta es la manera más apropiada de actuar. El escenario ideal es aquel en el que no convergen el aumento de peso sobre el eje delantero y el esfuerzo que supone absorber un obstáculo a alta velocidad.
Frenar mientras atraviesas el resalto: error garrafal
Otro error bastante frecuente es mantener el freno mientras atraviesas el resalto. En condiciones como lluvia extrema, esto puede ser «el desencadenante perfecto» que provoque un accidente. Si el resalto es muy ancho, podrías perder el control de tu coche por deslizamiento. Y sí, la solución más sencilla para reaccionar a tiempo ante cualquier imprevisto es la más evidente: reducir la velocidad.

No obstante, todos los coches matriculados en la Unión Europea desde 2004 equipan por normativa un sistema ABS de serie. Este frena de manera selectiva e intermitente cada rueda y evita que las ruedas se bloqueen (es decir, que dejen de girar mientras el coche sigue avanzando), permitiéndote conservar el control de la dirección durante una frenada de emergencia. Ten en cuenta una cosa: el deslizamiento del coche responde a una falta de agarre por parte del neumático, no a un fallo en los frenos. El ABS hace mucho, pero no puede pelear contra la física si el asfalto está mojado y el caucho no agarra.
Ojo, hay vehículos más sensibles a los badenes. Entre ellos, los deportivos con amortiguadores de menor recorrido y muelles más cortos. También sufren este problema los SUV con llantas de más de 20 pulgadas. Estos suelen calzar un perfil de neumático muy reducido, de serie 30 o 35 (es decir, el flanco mide solo el 30 o el 35 % de la anchura del neumático), una pared lateral muy fina y, por tanto, especialmente sensible a los golpes secos.
Si, además, el badén está deteriorado o la señalización es insuficiente, las posibilidades de sufrir un accidente se multiplican. Estos dos últimos son problemas de los que debes tomar nota (y fotos) para recurrir al ayuntamiento en caso de accidente.
Y atención, porque muchos badenes son directamente ilegales
Aquí va un dato que conviene que conozcas, porque puede ahorrarte un disgusto (y una factura de taller). En España, los reductores de velocidad están regulados por la Orden FOM/3053/2008, la Instrucción Técnica del entonces Ministerio de Fomento. Esa norma establece, entre otras cosas, que un badén tipo «lomo de asno» o trapezoidal no puede superar los 10 centímetros de altura, debe tener unas rampas de acceso proporcionales a la velocidad de la vía (1 metro para 30 km/h, 1,5 para 40 km/h y 2,5 para 50 km/h), debe estar pintado obligatoriamente en blanco y negro (nada de pinturas de colores ni resbaladizas) e ir precedido de su señalización vertical correspondiente: la R-301 de limitación de velocidad, la P-15a de advertencia de resalto y, donde haya paso de peatones, la P-20.
¿Y por qué te cuento esto? Porque la inmensa mayoría de los badenes que te encuentras a diario no cumplen esa norma. El plazo para adaptarlos venció en 2010 y, según los datos que se manejan, solo en torno al 40 % se modificaron. El resto siguen ahí, demasiado altos, demasiado verticales o sin señalizar. Y lo más importante para ti: de acuerdo con el Reglamento General de Circulación, un resalto que no cumple la normativa se considera legalmente un obstáculo en la calzada, lo que abre la puerta a reclamar al ayuntamiento los daños que te haya causado en el coche.
Entonces… ¿qué me recomiendas?
Si ves un badén demasiado tarde, la mejor solución es la más sencilla: trata de detener el coche de forma controlada en la medida de lo posible. Si ves que la única salida es pisar a fondo y no hay vidas en riesgo, lo mejor es que dosifiques la fuerza sobre el pedal para mantener la trayectoria y atajes el problema con calma. En cualquier caso, mi opinión personal apunta a que los mejores conductores son aquellos que saben anticiparse a lo que ven más adelante en la carretera.
Es por eso que, tanto en la pista como en la calle, adaptarse a las condiciones del asfalto es una de las cuestiones más importantes. Reduce la velocidad en vías urbanas y podrás ver cómo la suspensión trabaja de forma correcta. De hecho, no hará falta ni que te preocupes por nada más. Y te aseguro que, aunque el precio a pagar es ir más despacio, merece la pena. Eso sí: si el badén que te machaca los bajos cada día parece sacado de una rampa de esquí, sácale una foto y mídelo. A lo mejor resulta que el del problema no eres tú, sino el ayuntamiento.













