Ya que te pones a buscar… pues buscas una unidad «cargada de extras». Sí, yo también he transitado esas aguas, pero una vez descubres lo que te espera tras la densa niebla y dejas de oir los cantos de sirena, no hay vuelta atrás. Esta vez te traigo extras del equipamiento opcional que me decepcionaron y que creo que a ti tampoco te causarán buena impresión.
Entonces, eran la última tecnología. Ahora, cuando se averían, estos extras son caros de reparar y funcionan (seré suave) «regular». No obstante, hay coches que, de incluirlos, hacen que suba su valor. Se me ocurren ejemplos como los interiores de cuero en BMW de colores muy estrafalarios o el equipo de sonido Mark Levinson propio de Lexus. Los siguientes no, sólo pueden traerte dolores de cabeza (si fallan).
1. Park Assist de primera generación

Los fabricantes de coches alemanes se preocupaban hace 20 años de meter un V12 diesel en el vano motor de un Audi Q7. También existían monovolumenes como el Mercedes Clase R, de más de 500 CV. Entonces, los límites de emisiones no eran una máxima. Alemania también era el mejor ejemplo de máxima tecnología en Europa.
Volkswagen presentó el Park Assist, un sistema robotizado de aparcamiento autónomo. Eliminaba los problemas propios de cualquier joven conductor que le coge la berlina a su padre. Como aparcar el «carguero» en batería sin destrozarlo. Cuando te colocabas cerca de un hueco libre y ponías en marcha el Park Assist, sólo debías controlar el acelerador y el freno; de la dirección se encargaba el propio coche automáticamente.
Estos sistemas han evolucionado muchísimo hasta nuestros días. Ahora son más precisos, más rápidos y se apoyan en cámaras que permiten vigilar el perímetro del coche. Antes, como mucho, contabas con los sensores de aparcamiento. Te tocaba confiar en el coche y, como el sistema necesitaba mucho tiempo para colocar el vehículo en la plaza, al final aprendías a conducir el “mueble” de tu padre por pura supervivencia.
2. Viejos navegadores por satélite

Hace 20 años, los coches de alta gama incorporaban navegadores por satélite en los acabados más completos. De hecho, algunas marcas generalistas los ofrecían por el módico precio de… 1.500 o 2.000 euros.
Ajustado a la inflación, te puedes imaginar que no era un extra barato. Pero entonces el airbag lateral de cortina, la radio o el ESP también podían ser opcionales, así que es comprensible que la última tecnología en geolocalización de aquellos años costara una pequeña fortuna.
El problema está en que la velocidad de los procesadores de las pantallas y ordenadores de principios de siglo ha sido superada con mucho margen por los equipos más modernos. La interfaz se caracterizaba por menús toscos, con problemas de visibilidad en las pantallas pasado el tiempo y una digitalización «aún en pañales». Si deseas conectar tu teléfono al coche y este tiene más de 20 años, este es mi consejo.
Compra un soporte y, si tu radio lo permite, conecta el dispositivo por Bluetooth. Puedes encontrar pantallas compatibles, fáciles de instalar y de buenísima calidad. Por desgracia, suelen ser caras, de 300 euros en adelante y si quieres que la compatibilidad con Apple CarPlay o Android Auto sea inalámbrica, aún peor.
En cualquier caso, si deseas un Audi, BMW, Mercedes o Lexus con GPS o pantalla por disfrutar de la conducción de otra época, adelante, disfrútalo. Pero hazlo sabiendo que repararlos no es barato ni sencillo.
3. Pantallas de DVD o televisión en el coche

Marcas como Opel ofrecían una pantalla desplegable desde el techo tras los asientos delanteros. No solo aceleraba las náuseas; en un coche tan grande como el Zafira, te tocaba mirar hacia arriba durante todo el trayecto. Además, el sonido no siempre funcionaba bien, la imagen era bastante pobre y el mando a distancia solía desaparecer antes que la segunda llave del coche.
En su momento parecía un extra de lujo. Tener una película puesta para los niños en los asientos traseros era casi magia. Hoy, un iPad con más horas de uso que una nevera dejará en evidencia a cualquier sistema de DVD de la época.
4. Suspensión neumática o adaptativa

La suspensión neumática o adaptativa era un extra popular entre las berlinas y los coupés de lujo. Algunos de los más interesantes son el Mercedes Clase S, el BMW Serie 7, el Audi A8 o ciertos Range Rover. Todos ellos podían montar conjuntos de suspensión sofisticados, cómodos y maravillosos cuando estaban en buen estado. Todo eso resulta maravilloso hasta que un día el coche amanece más bajo de un lado que del otro.
Ahí empieza la verdadera experiencia premium. Compresores fatigados, balonas con fugas, sensores de altura que dan guerra, módulos electrónicos y facturas que recuerdan que aquel coche no costaba 90.000 euros nuevo por casualidad.
En un coche de segunda mano, una suspensión neumática puede ser un argumento de compra si está bien mantenida y hay facturas que lo demuestran. Pero también puede ser una bomba de relojería. Por eso, es indispensable revisar que la suspensión suba y baje correctamente. También comprobar que no haya avisos en el cuadro. Sobre todo, asumir que el lujo barato rara vez es barato cuando toca pasar por el taller.
5. Faros de LED o Xenon

Lo «más de lo más». Aunque los faros Xenon iluminan bien, que se desgasten pasados 20 años es una patata caliente. Bombillas caras, balastros, lavafaros obligatorios, sensores de altura, regulación automática y ópticas quemadas o con humedad.
Que iluminen bien no significa que estén en buen estado. Lo peor no es sólo su precio, es la tarea de buscar y encontrar piezas, comparar referencias… Un auténtico quebradero de cabeza. Después llegaron los LED, los faros adaptativos, los sistemas matriciales y toda una carrera por convertir la noche en mediodía.
No obstante, los LED tampoco se libran. La diferencia es que en estos podrías tener que cambiar todo el faro. Esto aumenta considerablemente el precio de la reparación. A la hora de revisar el coche, ten en cuenta el estado de los faros, más si son Full LED. Podrías acabar con la necesidad de invertir hasta 2.000 euros más.
6. Sensores y cámaras de aparcamiento antiguos

Espera, que aún hay fabricantes que cuentan con cámaras de marcha atrás que bien podrían pasar por una cinta VHS de tipo “found footage”. Y eso en coches modernos. Imagina ahora lo que puede ofrecerte una cámara de hace 15 años.
La cosa no mejoraba bajo condiciones de poca luz. Entonces, era casi mejor aparcar con los ojos cerrados. Sombras que no existían, píxeles por todas partes, una imagen quemada por el sol y la imposibilidad de calcular exactamente la distancia a la que estaban los objetos. Cualquier cámara de marcha atrás comprada en AliExpress le hace sombra.
Los sensores de aparcamiento, por su parte, han envejecido algo mejor. Son simples y útiles. Pero también pueden dar falsos avisos, fallar con lluvia, ensuciarse, quedar tocados tras un golpe de paragolpes o empezar a pitar sin ningún tipo de control. No es un extra que debas evitar, pero sí conviene comprobarlo con calma.
7. Comandos de voz

«Enciende la calefacción», respuesta: «ajustando la velocidad de crucero a… 60… kilómetros hora». Los comandos de voz antiguos merecen un artículo propio. Tal ha sido la obsesión de la industria por brindar una experiencia de conducción propia de una película de fantasía a nuestro día a día que muchos aún cometen errores de inteligencia artificial amateur.
Los más antiguos sólo entienden comandos muy concretos. Llamar por teléfono, cambiar de emisora o introducir un destino en el navegador es algo relativamente moderno. Si tenías la ventanilla bajada, había ruido de rodadura en el habitáculo o con algunos acentos, el coche ya entraba en crisis.
Hoy los asistentes son mucho más avanzados, reconocen tu voz y dan respuestas más naturales. Se conectan a internet y hacen que los anteriores parezcan un descubrimiento arqueológico.
Hoy, todos estos extras inservibles nos permiten ver cuál ha sido el avance de la industria. Nos recuerdan lo mucho que ha cambiado tu coche y la forma en que lo utilizas. Todo en un periodo muy corto de tiempo. Y eso es algo que nos pasará también con los sistemas del hoy, aunque aquello parezca imposible. Recuerda, también pensabas eso hace 20 años.
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