Hay lugares donde el viento sopla con una fuerza casi mística. El Hierro, la más pequeña y occidental de las Islas Canarias, es uno de ellos. Durante siglos, ese viento fue solo una anécdota del paisaje, algo que moldeaba los árboles y acompañaba la vida de sus habitantes. Nadie imaginó que aquella brisa constante podría algún día liberar a la isla de su dependencia del petróleo. Hasta que alguien, en algún momento, miró aquel viento y no vio un capricho de la naturaleza, sino la llave de su propia libertad.
Gorona del Viento nació así, en 2014, como un experimento que muchos calificaron de utópico. La idea era simple sobre el papel, pero revolucionaria en la práctica: usar el excedente de energía eólica para bombear agua desde un embalse inferior de 150.000 metros cúbicos hasta otro situado a 655 metros de altura, con capacidad para 380.000 metros cúbicos. Cuando el viento escasea, esa agua almacenada desciende y mueve las turbinas. Una batería de agua, gigantesca y silenciosa, que guarda el viento para los días de calma.
Y funcionó. En 2018, El Hierro logró mantenerse 18 días seguidos solo con energías renovables. Fue un hito que dio la vuelta al mundo. Pero el camino no fue fácil. La cobertura renovable media en 2024 fue del 43,7%, con meses de agosto rozando el 83% y otros, como noviembre, cayendo a apenas el 7%. Esa irregularidad reveló la debilidad del sistema: el viento no siempre sopla, y ni siquiera el almacenamiento hidráulico es suficiente para los largos periodos de calma chicha. La isla seguía dependiendo del diésel, aunque cada vez menos.
Ahora, El Hierro da un paso más. La ampliación de Gorona del Viento, prevista antes de 2030, añadirá 3,3 MW eólicos (hasta 14,8 MW totales) y, por primera vez, 7,1 MW de energía solar fotovoltaica acompañada de baterías de almacenamiento electroquímico. El objetivo no es solo generar más energía limpia, sino guardarla mejor y durante más tiempo. Porque el reto no son los picos de generación, sino la continuidad.
La batería de agua que cambió las reglas del juego
Gorona del Viento es una auténtica genialidad de la ingeniería porque consigue algo que parecía imposible: que la isla de El Hierro funcione con energía limpia incluso cuando no hace viento. Imagina que el sistema funciona como una batería gigante, pero hecha de agua. Cuando los molinos de viento producen más electricidad de la que la isla necesita, esa energía sobrante no se desperdicia; se usa para bombear agua montaña arriba hasta un gran depósito. El agua se queda allí guardada y, en el momento en que el viento para, simplemente abren las compuertas. Al caer con fuerza por el desnivel de la montaña, el agua mueve unas turbinas que vuelven a generar luz. Así de simple y así de brillante: usan el viento para guardar agua, y el agua para asegurar la electricidad de todos.
Este sistema convierte a Gorona del Viento en una de las primeras centrales hidroeólicas del mundo, y ha sido un banco de pruebas para demostrar que una red eléctrica aislada puede integrar altas dosis de renovables con almacenamiento. El éxito fue tal que en 2018 consiguió la gesta de las 18 jornadas consecutivas solo con viento y agua. Pero, como admite la propia instalación, la fiabilidad del alisio —el viento constante que caracteriza a Canarias— no es lo que era. El cambio climático ha alterado sus patrones, y los periodos de ausencia prolongada de viento son más frecuentes.
El sol entra en escena: 7,1 MW fotovoltaicos y baterías para una nueva era
La ampliación que ahora se prepara no pretende sustituir el sistema hidráulico, sino complementarlo. La incorporación de energía solar es la pieza que faltaba. La fotovoltaica tiene un perfil de generación diario, concentrado en las horas de sol, mientras que la eólica es más variable e impredecible. Juntas, se equilibran. Y las baterías de almacenamiento electroquímico, que responden en milisegundos, pueden gestionar las fluctuaciones de corta duración que el bombeo hidráulico no puede seguir.
El nuevo mix renovable —eólica, fotovoltaica, bombeo hidráulico y baterías— permitirá a El Hierro dar un salto cualitativo. En 2025, la central ya había acumulado 1.049 horas de cobertura 100% renovable, frente a las 859 de 2024, y había evitado el consumo de 5.591 toneladas de diésel y la emisión de 21.551 toneladas de CO₂ solo ese año. El objetivo de la ampliación es superar ampliamente esas cifras y acercarse a la descarbonización total permanente.
El plazo para ejecutar esta ampliación es 2030, y el Cabildo de El Hierro ya ha destinado 561 hectáreas para el desarrollo de energías renovables, protegiendo rigurosamente los valores ambientales y descartando espacios naturales protegidos. La isla, que es Reserva de la Biosfera y Geoparque, entiende que la transición energética no puede hacerse a costa de su patrimonio natural.
El viaje continúa: un modelo para el mundo
El Hierro ha demostrado que una isla pequeña puede ser soberana energéticamente. El presidente del Cabildo, Alpidio Armas, lo resume con claridad: «Somos conscientes de que los combustibles fósiles no son lo que interesa, y de que la producción de energías compuestas renovables es el futuro y el presente». La ampliación de Gorona del Viento es la confirmación de que ese futuro no es un espejismo, sino una realidad que se construye paso a paso, con viento, agua y ahora también sol.
Y mientras El Hierro avanza, otras islas y regiones remotas del mundo miran hacia ella. Porque si una isla de 11.000 habitantes ha logrado mantenerse semanas sin petróleo, y si está a punto de ampliar ese récord con nuevas tecnologías, entonces el modelo es replicable. El Hierro no solo está demostrando que se puede vivir sin combustibles fósiles. Está demostrando que el camino para llegar allí está pavimentado de ingenio, perseverancia y, sobre todo, de un profundo respeto por la tierra que nos sostiene.













