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Una batería que se carga más rápido cuanto más grande es: el prototipo cuántico de CSIRO desafía la física tradicional con una carga en femtosegundos y la capacidad de extraer corriente eléctrica

Una batería que se carga más rápido cuanto más grande es: el prototipo cuántico de CSIRO desafía la física tradicional con una carga en femtosegundos y la capacidad de extraer corriente eléctrica

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Por: Autonoción Redacción

Publicado: 01.09.2026 10:20

Hay cosas en nuestro día a día, en nuestra vida, que damos por sentadas. Por ejemplo, que si una cosa es más grande o pesa más le costará más esfuerzo y tiempo hacer algo. Cargar un coche eléctrico lleva más tiempo que cargar un móvil, y un móvil más que un reloj inteligente. Es algo que vemos lógico y normal y no se nos pasa por la cabeza cuestionar. Pero la naturaleza, en su escala más pequeña, parece haber escrito otro manual de instrucciones. Un manual donde esa lógica se rompe, donde lo grande se carga más rápido y donde el tiempo se mide en femtosegundos —una milbillonésima de segundo, un intervalo tan breve que escapa a nuestra imaginación.

Ese manual lo ha escrito un equipo de investigadores liderados por el científico James Quach, de la agencia australiana CSIRO, en colaboración con la Universidad de Melbourne y la RMIT. Han presentado el primer prototipo funcional de una batería cuántica, un dispositivo que no solo desafía la intuición, sino que ha logrado algo que parecía reservado a la teoría: cargarse en tiempos ultrarrápidos y, en marzo de 2026, extraer una corriente eléctrica de ese sistema. Es la primera vez que un prototipo de batería cuántica completa el ciclo completo de carga, almacenamiento y descarga.

Pero ¿qué significa esto para una persona normal? ¿Para el que espera impaciente a que su teléfono llegue al 100% o para el que duda entre un coche eléctrico por el tiempo de recarga? Por ahora, nada inmediato. El prototipo almacena una cantidad de energía ridículamente pequeña —alrededor de «unos pocos miles de millones de electronvoltios», una fracción minúscula de la energía de un mosquito en vuelo— y la retiene apenas unos nanosegundos. No va a cargar tu móvil mañana. Pero lo que sí ha demostrado es que el principio funciona, y eso, en el mundo de la ciencia, es a veces más importante que tener un producto listo. Es como si los hermanos Wright no hubieran volado un 747, sino un planeador de madera. Pero volaron. Y eso lo cambió todo.

La física que hay detrás: cuando las moléculas se vuelven «colectivistas»

Para entender por qué esta batería rompe las reglas, hay que olvidarse de las reacciones químicas. Las baterías convencionales funcionan moviendo iones entre electrodos en un proceso que tiene siglos de antigüedad. La batería cuántica, en cambio, usa efectos cuánticos como el entrelazamiento y la superposición. Funciona como un sistema de muchas moléculas que, en lugar de actuar como individuos, se comportan como un coro perfectamente sincronizado.

El secreto está en un fenómeno llamado superabsorción, que permite que las moléculas absorban energía de forma colectiva en lugar de hacerlo una a una. El equipo crea una microcavidad óptica: dos espejos diminutos separados por apenas 100 nanómetros —unas mil veces menos que un cabello humano— donde colocan moléculas de un tinte orgánico. Al iluminarlas con un láser, la luz y las moléculas se acoplan con tanta fuerza que forman estados híbridos de luz y materia. Esos estados, llamados polaritones, permiten una absorción de energía vertiginosa.

Y aquí viene la parte más extraña para nuestra mente clásica: como las moléculas actúan en conjunto, cuanto más se añaden, más rápido se carga el sistema. Es lo que los investigadores llaman un comportamiento «superextensivo». Para el físico Dario Ferraro, de la Universidad de Génova, la clave no está en guardar una enorme cantidad de energía, sino en poder entregarla con una velocidad y un control sin precedentes.

Del laboratorio a la realidad: lo que se ha logrado y lo que queda

En 2022, el equipo ya había demostrado la carga ultrarrápida. En 2026, han dado el paso crucial: han extraído corriente eléctrica del prototipo, publicando sus resultados en la revista Light: Science & Applications. Han construido ocho dispositivos variando el número de moléculas para confirmar cómo el tamaño acelera la carga. La diferencia entre el tiempo de carga (femtosegundos) y el tiempo durante el cual se retiene la energía (nanosegundos) es de aproximadamente seis órdenes de magnitud, o lo que es lo mismo, un millón de veces.

«Este es el avance más cercano que hemos tenido a una batería cuántica funcional», afirma Daniel Gómez, profesor de la RMIT. Pero aún hay un abismo tecnológico que salvar. La energía almacenada es minúscula y se disipa en nanosegundos. Esa es la principal limitación. «El siguiente paso para las baterías cuánticas en este momento es extender su tiempo de almacenamiento de energía», reconoce el propio James Quach. Una de las vías que exploran es combinar la carga cuántica ultrarrápida con una capa de almacenamiento convencional que retenga la energía por más tiempo. Un híbrido que aproveche lo mejor de ambos mundos.

¿Cargar el coche en un suspiro? El sueño que late en el prototipo

A pesar de las limitaciones, la promesa es tan tentadora que merece soñar con ella. James Quach lo hace en público: «Mi ambición última es un futuro donde podamos cargar coches eléctricos mucho más rápido de lo que se reposta un coche de gasolina». No es una promesa para los próximos años, sino quizás para las próximas décadas. Pero la dirección está marcada.

La aplicación más inmediata y realista está en el campo de la computación cuántica, donde una batería que pueda suministrar energía en pulsos ultracortos y controlados sería un complemento natural. A largo plazo, si se logra escalar y extender el tiempo de retención, podría aplicarse en drones que necesiten recargas rápidas, en sensores remotos o en cualquier dispositivo donde la velocidad de entrega de energía sea crítica. Y si algún día logramos cargar el coche en segundos, será gracias a los primeros pasos que investigadores como James Quach y su equipo están dando hoy, en un laboratorio, con un dispositivo que parece más un experimento de física que una batería, pero que ya ha demostrado que lo imposible solo es cuestión de tiempo.

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