Lo que hasta hace poco sonaba a promesa de laboratorio ya circula por las calles de la capital española. Bosch ha arrancado su primer proyecto de cliente en el segmento de autobuses y lo ha hecho de la mano de Irizar y Alsa.
Ya podemos decir que el primer vehículo de prueba equipado con su nuevo sistema de pila de combustible de hidrógeno lleva varias semanas transportando pasajeros en la red de transporte público madrileña. Se trata de una operación real, con horarios, con viajeros y con las mismas exigencias que cualquier otro autobús de la flota.
Cuando la autonomía marca la diferencia
Las normas de la Unión Europea obligan a recortar de forma drástica las emisiones de los autobuses urbanos: un 90 % menos de CO₂ en 2030 respecto a los niveles de 2019. Para el resto de tipologías el plazo se alarga hasta 2040. Los operadores buscan soluciones que no solo sean limpias, sino también operativas. Y aquí es donde la pila de combustible empieza a ganar terreno.
El autobús de Irizar monta el módulo FCPM C190 de Bosch. Se trata de un sistema compacto basado en un doble stack horizontal que entrega 190 kilovatios de potencia continua. Con la capacidad de los depósitos de hidrógeno que lleva a bordo, la autonomía supera los 1.000 kilómetros. El repostaje, además, se resuelve en entre 10 y 15 minutos. Mientras un vehículo eléctrico necesita paradas algo más largas, este puede seguir rodando casi sin interrupciones. Por eso Alsa ha elegido rutas donde esa ventaja se note de verdad que son los trayectos largos, las largas jornadas y las rutas en las que no exista la posibilidad de recargar un autobús eléctrico.

Tres tamaños para tres necesidades
Bosch no se ha limitado a un único modelo. El FCPM C190 es el que ahora rueda por Madrid, pero la compañía ofrece también el C300, pensado para autocares de largo recorrido y camiones pesados, y el C100, de 100 kilovatios y diseño especialmente plano, orientado a los autobuses urbanos más compactos. La idea es la de orecer el servicio de sin forzar a los operadores a cambiar de tecnología según el tipo de ruta.
La normativa que hay detrás de todo esto
Según la Asociación Europea de Fabricantes de Automóviles (ACEA), en 2025 se matricularon en la Unión Europea algo más de 38.000 autobuses nuevos. Una cifra que, en los próximos años, tendrá que inclinarse cada vez más hacia propulsores de cero emisiones. Las pilas de combustible, aparecen como una de las pocas opciones capaces de cumplir los plazos sin renunciar a la autonomía ni a la flexibilidad operativa.
Una prueba que mira más allá de Madrid
Lo que está ocurriendo estos días en la capital española es, en realidad, el primer paso de algo más amplio. Bosch quiere demostrar que su tecnología no solo funciona en condiciones controladas, sino que está lista para el día a día de un operador que necesita kilómetros, fiabilidad y tiempos de parada mínimos.
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