Almacenamiento. Ese es el quid de la cuestión. El gran problema de las energías renovables. Y es que en España hemos hecho los deberes en lo que a este tipo de energías limpias y sostenibles se refiere. En los últimos años hemos instalado decenas de gigavatios de paneles solares y aerogeneradores. Tanto, que en muchos días de sol y viento, la electricidad que producimos supera lo que podemos consumir.
Y ahí está el problema. Estamos en un día de agosto de pleno sol y cielos despejados y los paneles solares generan un exceso de energía que se desperdicia porque no tenemos donde guardarla. Y cuando el sol se pone, toca volver a encender las centrales de gas. Es la pescadilla que se muerde la cola. Es como si dieses un banquete enorme enorme pero no tuvieses donde conservar la comida que te sobra al mediodía para cenar por la noche.
Las baterías de litio son caras y duran pocas horas. El hidrógeno verde aún no despega. Y, en este contexto, las centrales de bombeo hidroeléctrico, esa tecnología que usamos desde hace décadas, se han convertido en la solución más sensata, barata y duradera para guardar la energía a gran escala.
En Cantabria, en el municipio de San Miguel de Aguayo, hay una central hidroeléctrica que lleva décadas en funcionamiento. Pero Repsol tiene un gran plan: quiere que se convierta en la segunda mayor batería de agua de España, solo por detrás de la gigante Cortes-La Muela en Valencia. El proyecto se llama Aguayo II y acaba de recibir el empujón definitivo. La Comisión Europea va a apoyar la idea con 180 millones de euros y el Gobierno de España ya ha firmado todos los permisos necesarios para ponerlo en marcha.
Cómo funciona una batería de agua: el invento más sencillo y más eficaz
El proyecto Aguayo II no es para generar energía nueva, sino para guardar la que hay en el tiempo con un sistema simple, pero altamente eficaz. La central de Aguayo ya tiene dos embalses: uno inferior (Alsa) y uno superior (Mediajo). Imagina que a mediodía, con el sol a tope, sobra energía limpia. En lugar de desperdiciarla, se usa esa electricidad para subir agua de un embalse a otro más alto. El agua se queda allí arriba, guardada como si fuera una batería gigante.
Por la noche, cuando todo el mundo llega a casa, enciende la tele, el horno y pone la calefacción, la demanda se dispara. Es entonces cuando abren las compuertas: el agua cae con fuerza, mueve unas turbinas y generan la electricidad que necesitamos devolviéndola a la red.
Y lo mejor de todo: no necesita litio, ni cobalto, ni tierras raras. Solo agua, gravedad y un poco de inteligencia para saber cuándo bombear y cuándo turbinar. Su vida útil es de décadas y su mantenimiento, comparado con el de una batería química, es ridículamente bajo.
Aguayo II: 1.400 MW de potencia, 6 GWh diarios y 2.000 GWh al año
Pongamos las cifras del proyecto sobre la mesa. El proyecto que ha diseñado Repsol es una ampliación colosal de la actual central de Aguayo. La inversión ronda los 900 millones de euros y con ella se pretende, por un lado, ampliar la potencia. Añadirán 1.000 MW de nueva potencia a los 400 MW existentes, alcanzando un total de 1.400 MW.
También se espera tener una capacidad de almacenamiento diario de 6 GWh. Suficiente para abastecer a una ciudad mediana durante varias horas. Se estima que Aguayo II generará 2.000 GWh al año, el equivalente al consumo eléctrico de más de 800.000 hogares españoles.
Además, la central será la segunda más grande de España en su categoría. Y todo sin necesidad de ampliar los embalses existentes ni crear nuevas láminas de agua, porque la nueva infraestructura será subterránea, excavada en el interior de la montaña.
El espaldarazo europeo: 180 millones y el sello de «proyecto estratégico»
El proyecto lleva años en tramitación, pero este 2026 ha recibido varias buenas noticias. Primero, en enero, la Comisión Europea le asignó 180 millones de euros por ser un proyecto estratégico en el marco de Mecanismo Conectar Europa (CEF). La UE destaca que genera energía limpia sin coste ambiental, ya que las obras son subterráneas y no amplían los embalses actuales.
Después, en junio, el Ministerio para la Transición Ecológica firmó la autorización oficial y su declaración de utilidad pública. Esto abre vía libre a Repsol para iniciar unas obras que crearán más de 1.000 puestos de trabajo en sus picos de actividad y estarán listas en unos cuatro o cinco años.
El calendario: en marcha en 2030, pero los empleos empiezan antes
Como decimos, las dos buenas noticias recibidas aceleran el proyecto y cuentan con el respaldo institucional. La idea de Repsol es que se ponga en marcha a finales de 2030, pero los trabajos de ingeniería, excavación y construcción comenzarán mucho antes. La obra civil es subterránea y requiere maquinaria especializada, lo que significa que el impacto económico en Cantabria se notará en los próximos meses.
El delegado del Gobierno en Cantabria, Pedro Casares, ha calificado la autorización como «una extraordinaria noticia para que avance un proyecto estratégico, no solo para Cantabria sino para el conjunto del país». La presidenta de Cantabria, María José Sáenz de Buruaga, ha ido más allá y lo ha definido como un «espaldarazo definitivo».
El futuro: una batería que no se agota, no contamina y no necesita litio
En un mundo obsesionado con el litio, las baterías de agua son la alternativa silenciosa y eficaz que llevamos décadas infrautilizando. No emiten CO₂, no generan residuos tóxicos, no dependen de materiales críticos importados de países lejanos y su vida útil es de 50, 60 o incluso 100 años. Aguayo II no va a resolver todos los problemas de almacenamiento de España, pero sí una parte muy importante. Y lo hará desde Cantabria, sin necesidad de abrir nuevas minas ni de ampliar embalses. Solo con el agua que ya lleva décadas guardada entre dos valles, la inteligencia para bombearla cuando sobra y la paciencia para soltarla cuando falta. A veces, la tecnología más avanzada es la que ya hemos inventado hace tiempo, solo que ahora sabemos usarla mejor.













