En Ourense hay un problema que suena casi a capricho de la naturaleza. El agua brota caliente de la tierra. A 25 grados, a 30, a veces a 40. Los romanos ya se bañaban en ella hace dos mil años. Pero para llenar una piscina de balneario, para dar un baño que reconforte de verdad, esa agua necesita estar a 80 grados. Y ahí es donde empieza la factura. Porque calentar miles de litros de agua cada día, en un negocio que vive de que la gente se bañe, cuesta mucho dinero. Y ese dinero, hoy, se va en quemar gas y gasóleo.
Luis Menor, presidente de la Diputación de Ourense, lo resumió sin rodeos: no toda el agua que sale de las surgencias tiene la temperatura requerida. Necesita un calentamiento, y eso se hace con energía. Hoy se emplean combustibles fósiles, y eso encarece los gastos de los balnearios. Es una paradoja incómoda: Galicia tiene uno de los recursos geotérmicos más ricos de Europa, pero los balnearios que lo explotan dependen del gas para hacerlo utilizable. El agua les sale gratis de la tierra. El calor les cuesta una fortuna.
Un equipo de investigadores del Campus da Auga de la Universidade de Vigo ha decidido buscar una salida. Han diseñado una planta piloto que combinará energía geotérmica y solar fotovoltaica para elevar la temperatura del agua termal. La Diputación de Ourense ha aprobado una subvención de 150.000 euros para que la construyan y la prueben. El objetivo no es solo calentar agua. Es demostrar que los balnearios gallegos pueden funcionar sin quemar combustibles fósiles, con lo que ya tienen bajo sus pies.
De 30 grados a 80 sin quemar nada
La planta piloto se instalará en Ourense. No será una central geotérmica convencional, de esas que perforan kilómetros en busca de calor profundo. Será algo más modesto y más inteligente. La idea es usar bombas de calor, que funcionan con electricidad, para extraer la energía térmica que ya está en el agua termal y elevarla hasta la temperatura de baño. La electricidad vendrá de paneles solares. Y el agua, que ya sale caliente de la tierra, será tanto la fuente de calor como el objeto a calentar.
El sistema tiene una lógica que cualquiera puede entender. El agua termal, a 25 o 30 grados, tiene energía. No mucha, pero la tiene. Una bomba de calor no genera calor desde cero: mueve calor de un sitio a otro. Es como una carretilla que transporta piedras. No produce las piedras, pero las lleva donde las necesitas con mucho menos esfuerzo que si tuvieras que levantarlas a mano. En este caso, la bomba coge el calor del agua termal, lo concentra, y lo devuelve al agua a una temperatura mucho más alta. La electricidad que consume el compresor vendría de los paneles solares .
El resultado, si funciona, es un circuito casi cerrado. El sol da electricidad. La electricidad mueve la bomba de calor. La bomba de calor calienta el agua que ya salió caliente de la tierra. Y los bañistas se meten en agua a 80 grados sin que se haya quemado una sola gota de gas.
Lo que ya se ha probado en otros sitios
Los investigadores gallegos no parten de cero. En Bath, Inglaterra, hay una abadía histórica que se calienta con bombas de calor geotérmicas desde hace años. El agua termal de la ciudad, a 37 grados constantes, se usa como fuente de energía para calentar el edificio y el agua caliente sanitaria. En Terme Dobrna, el balneario más antiguo de Eslovenia, instalaron en 2021 una bomba de calor geotérmica de 60 kilovatios para calentar seis apartamentos de lujo con bañeras de hidromasaje de dos metros cúbicos cada una. El sistema funciona desde entonces, calentando el agua de los baños y del edificio entero.
Y en Austria, un proyecto llamado GEO.MAT está estudiando cómo recuperar el calor del agua que sale de las piscinas a 30 grados, que hoy se tira sin aprovechar. Según sus datos, entre el 60 y el 70% de la demanda de calor de un balneario se destina solo a mantener el agua de las piscinas caliente. Es decir, el grueso de la factura energética de un balneario no viene de calentar el agua para llenar la piscina, sino de mantenerla caliente hora tras hora. Recuperar aunque sea una parte de ese calor perdido puede suponer un ahorro enorme.
La planta de Ourense quiere ir un paso más allá. No solo recuperar calor residual, sino usar el propio acuífero termal como fuente y como almacenamiento. Ourense tiene una ventaja que pocos lugares del mundo pueden igualar: 42 manifestaciones termales en la provincia, con temperaturas de surgencia que en algunos casos alcanzan los 70 grados. El agua caliente está literalmente debajo de la ciudad.
Los números que faltan y las preguntas sin responder
La planta piloto tendrá 150.000 euros de presupuesto. Es una cantidad modesta, suficiente para construir un prototipo y medir si funciona, pero no para demostrar viabilidad comercial a gran escala. Los investigadores quieren medir consumo energético, coste de utilización y emisiones asociadas, y comparar todo eso con las instalaciones convencionales que usan combustibles fósiles. Es decir, quieren saber si el invento es mejor que lo que ya hay. Y eso, en el fondo, es la única pregunta que importa.
Hay otras preguntas que el proyecto tendrá que responder antes de que los balnearios se lancen a cambiar sus calderas. La primera es la corrosión. El agua termal de Ourense no es agua corriente. Tiene minerales disueltos, azufre, fluoruros, bicarbonatos. Es agua agresiva, que ataca los metales y los intercambiadores de calor. En Bath, los ingenieros tuvieron que diseñar intercambiadores especiales para resistir las propiedades corrosivas del agua termal . En Ourense, el problema será el mismo o peor.
La segunda es la temperatura de salida. El agua que brota a 25 o 30 grados puede servir para precalentar, pero para llegar a 80 grados hace falta mucho trabajo. Las bombas de calor son eficientes cuando la diferencia de temperatura entre la fuente y el destino es pequeña. Si la fuente está a 30 grados y el destino a 80, la diferencia es de 50 grados. No es insalvable, pero la eficiencia no será la misma que en un sistema de calefacción por suelo radiante, donde la diferencia es de 20 o 30 grados. Habrá que medir cuánta electricidad consume realmente el sistema.
La tercera es la escala. Un balneario mediano consume miles de litros de agua caliente al día. Calentar todo eso con bombas de calor requiere bombas grandes, compresores potentes, paneles solares extensos. El prototipo de Ourense servirá para saber si el principio funciona. Pero llevar eso a un balneario real, con piscinas de 200 metros cúbicos y docenas de habitaciones, es otro nivel de ingeniería.













