Durante décadas, el Porsche 911 se ha definido por una regla casi sagrada y es que el motor Bóxer iba colgando detrás. Pues bien, en Australia alguien ha decidido saltarse esa norma.
El ShowTime Repco-Mod 933 es un Porsche 996 coupé que ha perdido su mecánica trasera para recibir, en el frontal, un V8 biturbo con más de 1.200 CV.
El coche se presentó ayer 7 de octubre en el mítico circuito de Mount Panorama, en Bathurst, como parte de la cuenta atrás para la Repco Bathurst 1000.
La herejía tiene nombre: Gary Reid
El responsable de este experimento es Gary Reid, embajador de marca del grupo de entretenimiento ShowTime. Reid se declara fan de Porsche de toda la vida, pero también de los V8 y en lugar de renunciar a una de sus dos pasiones optó por fusionarlas en un único coche. La idea, tal y como la describió en la presentación, era meter un LS 427 biturbo en el morro de un 911, crearle una carrocería ensanchada y tirar millas.
Lo llamó 933 Twin Turbo, y el «33» tiene historia: es el número con el que ShowTime ha competido tradicionalmente.

Un V8 no cabe bajo el capó delantero
Lo primero que llama la atención al ver el coche es que el motor no entra en el hueco donde el 911 996 tiene normalmente el maletero. El LSX V8, profundamente trabajado cuenta con dos gigantescos turbos Turbosmart que además se dejan ver a la perfección. Por cierto, por ahí mismo también salen los tubos del escape, fabricados a mano.
Tal y como sucede en la vida real con casi todo, no sólo se trata de cambiar el motor de sitio y ya, hay que llevar la potencia de vuelta al eje trasero, y para eso el equipo ha recurrido a una caja Bentley de ocho velocidades con cambio secuencial, que entrega los más de 1.200 caballos a un tren posterior reforzado con criterios de competición.

¿Y qué hay ahora donde estaba el Boxer?
Esta es quizá la parte más curiosa del proyecto. El hueco que antes ocupaba el motor trasero alberga ahora un sistema de refrigeración central, instalado sobre un cortafuegos.
2.000 horas para reconstruir un coche desde los huesos
Nada de esto habría sido posible sin rehacer el coche casi por completo. Reid y su equipo partieron de una carrocería en mal estado y de varias cajas de piezas. Después llegaron más de 2.000 horas de fabricación metálica para crear desde cero los cortafuegos, el suelo, el túnel de transmisión y la jaula antivuelco.
El resultado es una carrocería única con bastidor integrado y una parte delantera heredada del mundo de las carreras, en la que se han empleado más de 280 piezas fabricadas de forma individual, además de detalles cortados por láser. Techo, capó y puertas son de fibra de carbono, mientras que el kit de carrocería ancha está hecho a mano en aluminio.
Dentro, el 933 juega a dos bandas. Por un lado, los asientos Recaro de fibra de carbono hechos a medida van tapizados en la icónica tela Pepita de Porsche, un guiño a los orígenes del coche. Por otro, todo lo demás deriva de la competición. El volante MPI está inspirado en los Supercars australianos, y junto a él aparecen dos palancas de carbono: la del cambio secuencial y la de un freno de mano hidráulico.
Un color de todoterreno para un coche de 1.200 CV
Lejos de optar por los colores clásicos de Porsche, Reid eligió el Sandy Taupe, un tono que procede nada menos que del catálogo del Toyota LandCruiser. Sobre esa base discreta destacan toques en rojo, negro y azul en las tomas de los turbos, los frenos, las llantas y la jaula.
Los faros y pilotos proceden de Porsche de generaciones recientes, complementados con luces auxiliares STEDI en el frontal. Las llantas, Rotiform a medida en 18 x 9,5 y 18 x 10 pulgadas, montan neumáticos Dunlop. Sobre su aceleración de 0 a 100 km/h, el equipo no da cifra exacta, solo asegura que es suficiente para poner nervioso al cronómetro.
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