Hablamos mucho de los coches eléctricos. De las baterías de litio, de los puntos de recarga, de la etiqueta ECO. En tierra lo estamos haciendo bien, pero cuando llegamos a puerto y llenamos de mercancía un carguero para cruzar medio mundo, la historia se complica. Porque los barcos que cruzan los océanos son, con diferencia, los vehículos más contaminantes que existen.
El transporte marítimo genera cerca del 2,9% de todos los gases efecto invernadero del planeta. Y es que este tipo de barcos queman fueloil pesado, un residuo tan sucio que está prohibido en tierra. La electrificación en las embarcaciones es inviable ya que las distancias que recorren los grandes buques harían necesario tener una batería enorme y tan pesada como la propia embarcación.
La búsqueda de alternativas a este problema es una de las principales vías de investigación en la actualidad. El combustible ideal para no emitir CO₂ sería el hidrógeno, pero hay que enfriarlo a -253°C para licuarlo, lo que consume una barbaridad de energía. Ante este panorama, una de las opciones que más ha crecido en los últimos años es el amoníaco.
Actualmente el amoníaco no es una idea que esté en el laboratorio, el primer motor marino comercial del mundo que quema este compuesto acaba de completar sus pruebas con éxito. Es más, ya tiene sus dos primeros barcos: un carguero noruego de nueva construcción y un antiguo buque pesquero reconvertido que empezará a faenar este mismo otoño.
Amoníaco: el combustible que necesitamos
En nuestro día a día si pensamos en amoníaco lo identificamos primero por ese olor tan característico y fuerte que a alguno le haría saltar las lágrimas cuando usas lejía o productor de limpieza que lo lleven. Si ya es una lata hacer tareas del hogar como limpiar los baños, el amoníaco nos lo complica aún más.
Pero el amoníaco (NH₃) es también una molécula sencilla formada por nitrógeno e hidrógeno. Y aquí viene lo interesante: no contiene carbono. Cuando se quema, no produce CO₂. Además, el amoníaco ya se produce y transporta a escala industrial desde hace décadas. Se usa como fertilizante, como refrigerante y como materia prima química. Eso significa que la infraestructura ya existe, no hay que inventarla desde cero.
El problema, claro, es que el amoníaco es tóxico y corrosivo. Y si no se quema correctamente, puede generar óxidos de nitrógeno (NOx) o incluso escapes de amoníaco sin reaccionar. Pero ahí es donde entra la tecnología del motor que ha desarrollado Wärtsilä, la empresa finlandesa líder en motores marinos.
El motor Wärtsilä 25: 90% menos de emisiones en pruebas reales
Esta compañía no surge de la nada buscando solucionar el problema de las emisiones. La firma finlandesa lleva años trabajando y pensando en motores capaces de quemar combustibles de bajas emisiones. Su última creación y la que nos ocupa es el Wärtsilä 25, un motor de cuatro tiempos diseñado específicamente para funcionar con amoníaco. Los resultados de las pruebas, publicados en mayo de 2025, son espectaculares.
El motor puede funcionar con una proporción de hasta el 95% de amoníaco (el 5% restante es un combustible piloto, normalmente diésel, para iniciar la combustión). En estas condiciones, las emisiones de gases de efecto invernadero se reducen hasta un 90% en comparación con un motor diésel convencional.
El secreto está en el diseño. Wärtsilä ha optado por el ciclo Otto de baja presión, el mismo que usan los motores de gasolina de los coches pero adaptado al amoníaco. A baja presión, el combustible es más seguro de manejar y la combustión es más estable.
El sistema completo incluye tres componentes:
- AmmoniaPac: el sistema de alimentación de combustible, que suministra amoníaco líquido al motor.
- WARMS (Wärtsilä Ammonia Release Mitigation System): un sistema de seguridad que detecta fugas y neutraliza el amoníaco antes de que sea peligroso.
- NOR (Wärtsilä NOx Reducer): un sistema de tratamiento de gases de escape que elimina los óxidos de nitrógeno (NOx) que puedan formarse.
Los dos primeros barcos: un carguero nuevo y un pesquero histórico
La teoría está muy bien, pero lo que importa es la práctica. Y aquí las noticias son igual de prometedoras. El motor Wärtsilä 25 ya ha sido instalado en dos barcos reales que empezarán a operar en los próximos meses.
El primero es un carguero noruego de nueva construcción y el segundo tiene una mayor carga simbólica. Se trata de un viejo barco pesquero reconvertido para funcionar con amoníaco. La conversión es histórica porque demuestra que no hace falta construir todo desde cero. Este pesquero empezará a faenar este mismo otoño de 2026 en aguas noruegas.
La elección de estas dos embarcaciones no es al azar. Con ello se trata de demostrar que se puede crear un barco que integre este sistema, pero también se puede modificar la flota existente para convertirla al amoníaco. Es decir, esta nueva forma de moverse sin emisiones puede cambiar el panorama si funciona y transformar el sector.
El gran desafío: producir amoníaco verde
No todo está hecho. El amoníaco actual, el que se usa como fertilizante, se produce a partir de gas natural. Es decir, aunque el motor no emita CO₂, la producción del combustible sí lo hace.
La solución es el amoníaco verde, que se produce a partir de hidrógeno obtenido por electrólisis del agua con energías renovables. El proceso es caro hoy, pero el costo está bajando rápidamente. Y países como Noruega, Chile o Australia ya están construyendo las primeras plantas de amoníaco verde a gran escala.
El primer ya está dado y el futuro, aunque con retos por delante, parece prometedor. Cuando vuelvas a fregar el baño y ese fuerte olor a lejía te moleste, piensa que es el olor del futuro y del cambio ante un transporte marítimo más limpio.













