En los últimos tiempos parece que el litio, el oro blanco, domina el mundo de la energía y del coche eléctrico. Es un recurso estratégico insustituible para la fabricación de las baterías que mueven al coche eléctrico y almacenan energía limpia. Sin embargo, el control de su extracción y explotación está concentrado en pocos países. Su control geoeconómico es hoy una de las mayores batallas industriales.
Aunque el foco está ahí, cuando enchufas el coche eléctrico o enciendes una aspiradora, hay un metal del que no oyes hablar nunca, pero que está ahí, dentro del motor, haciendo girar el rotor a miles de revoluciones por minuto. Se llama neodimio. Es una de las llamadas «tierras raras», aunque de raro tiene poco: está en muchos sitios, pero es muy difícil de extraer y de separar de sus acompañantes. Su gran virtud es que, mezclado con hierro y boro, crea los imanes permanentes más potentes del mundo. Sin neodimio, los motores eléctricos de los coches de nueva generación serían más grandes, más pesados y mucho menos eficientes.
Es un gran desconocido, pero como vemos es clave también para la industria de las baterías que usan nuestros coches y buena parte de los dispositivos de nuestro día a día. Como sucede con casi todo en esta carrera energética que se vive en la actualidad, Europa parece ir un paso por detrás. Y es que el Viejo Continente importa entre el 90% y el 97% de sus tierras raras procesadas desde China. Pekín lleva años controlando no solo la extracción, sino todo el proceso de refinado, hasta el punto de que, si mañana China decidiera cerrar el grifo, la industria del coche eléctrico europeo, la de los aerogeneradores y la de los misiles Patriot se quedarían sin su materia prima principal.
Con este contexto, el hallazgo que se ha dado en España en las últimas semanas cobra una importancia mayúscula. Y es que la compañía australiana Osmond Resources confirmó en mayo de 2026 que su yacimiento de Sierra Morena, en plena provincia de Jaén, supera los ensayos metalúrgicos con un concentrado de monacita del 19,4% en óxidos de tierras raras. No es el primer yacimiento que se descubre en España, pero sí el que mejor pinta tiene para convertirse en la primera mina de tierras raras a gran escala de Europa. En medio de esa batalla constante con China, no es una noticia menor.
¿Qué es el Proyecto Orión?
El yacimiento se llama Proyecto Orión y se extiende por 220 kilómetros cuadrados de Sierra Morena, en una zona de Jaén que limita con espacios protegidos de Despeñaperros. Las cifras son espectaculares: 9,5 kilómetros de mineralización continua, lo que significa que el metal no está en pequeñas vetas dispersas, sino en una capa ancha y relativamente homogénea. Eso abarata la extracción.
Se realizaron ensayos metalúrgicos y los resultados son grandes noticias. Es posible obtener un concentrado de monacita (el mineral clave que contiene las tierras raras) que alcanza un 19,4% de óxidos de tierras raras totales. Lo más destacado es que, dentro de este porcentaje, un 23,8% está compuesto por elementos altamente demandados por la industria, como el neodimio, el praseodimio, el disprosio y el terbio. Estas proporciones demuestran una calidad excepcional y altamente competitiva frente a los estándares mundiales.
La compañía ya ha firmado un acuerdo con Técnicas Reunidas, una de las ingenierías españolas más importantes, para diseñar y construir la planta de procesamiento. El calendario previsto es ambicioso pero realista: estudio de alcance a finales de 2026, prueba piloto con cinco toneladas de material, y producción comercial en un plazo de cinco a siete años.
El vecino incómodo: Matamulas, el proyecto que no pudo ser
Suena prometedor, pero mirando por el retrovisor vemos un ejemplo cercano que hace dudar de que esto vaya a salir adelante. Porque 80 kilómetros al norte de Despeñaperros, en la provincia de Ciudad Real, hay otro yacimiento de características similares que lleva más de una década paralizado. Se llama Matamulas.
La empresa española Quantum Minería lo descubrió en 2013. Los análisis señalaban un contenido de neodimio en la monacita del 22,65%, uno de los más altos del mundo. El proyecto sonaba de lujo con reservas de 29,9 millones de toneladas, una inversión de 60 millones de euros y una producción anual de 2.100 toneladas, suficiente para fabricar 350.000 coches eléctricos al año o 10.000 aerogeneradores. Un sueño para España y Europa.
Sin embargo el sueño nunca se hizo realidad. En 2017, la Junta de Castilla-La Mancha emitió una declaración de impacto ambiental negativa alegando dos motivos: el alto consumo de agua en una zona con estrés hídrico, y la afección al hábitat del lince ibérico y el águila imperial. La empresa recurrió, pero el Tribunal Superior de Justicia desestimó el recurso en 2021. Los intentos posteriores por reactivar el proyecto con otro nombre también fracasaron teniendo también a organizaciones ecologistas, sectores agrarios y vecinos en contra.
¿Puede Jaén evitar el mismo destino?
Lo que sucedió con Matamulas es un aviso de que el problema en España no es que no haya mineral, sino que la burocracia y conseguir los permisos, así como la aprobación de la gente del entorno, no es tarea sencilla. El Proyecto Orión tiene algunas ventajas sobre Matamulas. La primera es que la presión hídrica en Sierra Morena es menor. La segunda es que el respaldo institucional inicial parece más sólido: la Junta de Andalucía ha mostrado su apoyo, y el acuerdo con Técnicas Reunidas aporta peso industrial español. La tercera es que la oposición vecinal, al menos por ahora, está menos organizada que en Ciudad Real.
Pero el yacimiento limita con espacios protegidos de la red Natura 2000, en concreto con la zona de Despeñaperros, declarada Lugar de Interés Comunitario y Zona de Especial Protección para las Aves. Y eso, en España, suele significar años de retrasos y recursos judiciales. Los ecologistas ya han empezado a movilizarse, y no es previsible que se queden callados.
Los datos técnicos son excelentes. El respaldo institucional, de momento, también. Pero la experiencia de Matamulas demuestra que los proyectos mineros en España rara vez siguen el calendario previsto. Mientras tanto, la planta de Técnicas Reunidas sigue en los planos, y los fabricantes europeos siguen pagando en yuanes. Quién sabe si dentro de cinco años, cuando el Proyecto Orión empiece a producir, el mundo habrá encontrado una alternativa al neodimio o la dependencia de China será aún mayor.













