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Por qué el eclipse del 12 de agosto puede ser mucho más peligroso al volante que desde el jardín de casa

Por qué el eclipse del 12 de agosto puede ser mucho más peligroso al volante que desde el jardín de casa

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Por: Luis Reyes

Publicado: 06.08.2026 09:00

El próximo 12 de agosto, a partir de las 19:30, el cielo empezará a oscurecerse antes de tiempo por el eclipse. No será el atardecer como tal, será la Luna colocándose delante del Sol en el primer eclipse total visible desde la península en más de un siglo. Y aquí viene el problema con el que se encontrarán muchos y es que esa hora coincide con la vuelta a casa de miles de conductores que ese día circularán rumbo al oeste, justo de cara al sol del atardecer.

El fenómeno alcanzará su fase parcial sobre las 19:30 y llegará a su punto máximo, con la totalidad en buena parte de la península, cerca de las 20:30. Es decir, casi una hora entera de cambios de luz progresivos, justo en la franja horaria en la que las carreteras españolas suelen registrar más tráfico de regreso de la playa, del trabajo o de una escapada de verano.

Un atardecer que no se parece a ningún otro

Cualquiera que haya conducido con el sol bajo lo sabe, esos minutos en los que el astro queda a la altura del parabrisas son de los más incómodos al volante. Deslumbra, cuesta ver las señales, cuesta distinguir a un peatón cruzando. Ahora súmale un eclipse.

Durante la fase parcial, la luz no desaparece de golpe. Se va apagando poco a poco, de una forma que el ojo humano no está acostumbrado a procesar. La sensación, según cuentan quienes ya han vivido un eclipse en carretera, es de una especie de anochecer acelerado y extraño, con sombras que cambian de forma y una luminosidad que engaña a la vista. Y en la zona de totalidad, durante unos segundos, la oscuridad puede llegar a ser comparable a la del crepúsculo. Los faros automáticos de los coches modernos podrían activarse solos. Los ojos, mientras tanto, tardan un rato en adaptarse a ese cambio brusco.

Ese desfase entre lo que ocurre fuera y lo que el cuerpo tarda en asimilar es, precisamente, lo que preocupa a los expertos en seguridad vial de cara a esa tarde.

El otro peligro: mirar al sol

Cada eclipse trae consigo el mismo error, la tentación de echar un vistazo rápido hacia arriba. Y al volante, esa tentación se multiplica, porque el sol va a estar prácticamente pegado a la línea del horizonte, en el campo de visión de cualquiera que circule hacia el oeste.

Mirar directamente al sol durante un eclipse, sin las gafas homologadas con el estándar ISO 12312-2, puede quemar la retina en cuestión de segundos. No duele en el momento, y ese es justo el motivo por el que resulta tan peligroso: la retina no tiene receptores de dolor, así que el daño puede estar produciéndose sin que la persona note nada raro hasta minutos después, cuando ya es tarde. El resultado puede ir desde manchas permanentes en el centro del campo visual hasta una pérdida de visión que, en algunos casos, no se recuperan.

Trasladado a la conducción, el riesgo se dispara. Un conductor que gire la cabeza un segundo de más hacia ese sol parcialmente tapado —por curiosidad, porque alguien en el coche se lo señala, porque simplemente está ahí, imposible de ignorar— puede quedarse con una imagen quemada en la vista durante varios minutos. Ese destello residual, esa mancha que no se va, es lo último que uno necesita cuando va lanzado a 100 km/h por una autovía.

eclipse tráfico

Lo que recomiendan desde el sector

Desde asociaciones de automovilistas y organismos ya se está insistiendo en varias pautas pensadas específicamente para esa tarde de agosto. La primera, la más obvia: bajo ningún concepto se debe mirar hacia el sol mientras se conduce, ni con gafas de sol normales, que no filtran lo suficiente, ni mucho menos a simple vista.

Si el trayecto coincide con la franja horaria del eclipse, lo más sensato es circular con las luces encendidas desde antes de que empiece a notarse el cambio de luz, para ganar visibilidad frente al resto de vehículos. También conviene extremar la distancia de seguridad, porque la reducción progresiva de luz puede jugar malas pasadas a la hora de calcular distancias y velocidades de los coches de delante.

Para quienes puedan permitírselo, la recomendación que más repiten los expertos es sencilla y es que si el pico del eclipse pilla en plena carretera, mejor parar unos minutos en un área de servicio, disfrutar del fenómeno desde un sitio seguro y con las gafas adecuadas, y retomar la marcha cuando la luz vuelva a estabilizarse. No hace falta perderse el espectáculo, solo no perseguirlo con las manos en el volante.

Una cita astronómica única

España va a vivir algo que no se repetirá en generaciones la próxima vez que un eclipse total sea visible desde suelo español no llegará hasta dentro de varias décadas. El atractivo es mayúsculo y es lógico que mucha gente quiera verlo. Pero conviene recordar que ese mismo cielo que va a maravillar a millones de personas también va a estar, durante un buen rato, encima de miles de coches circulando por carretera.

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