En más de una ocasión, las marcas de coches han unido fuerzas con empresas de otros sectores para crear productos únicos. Algunas colaboraciones dieron lugar a ediciones exclusivas o llamativas operaciones de marketing. Otras, en cambio, fueron mucho más lejos.
Detrás de algunos modelos míticos se esconden compañías que participaron en su desarrollo y dejaron una huella decisiva en la historia del automóvil, aunque la mayoría de la gente ni siquiera lo sepa.
1. Lexus y Bose: así nació la suspensión electromagnética activa
Una de las colaboraciones más sorprendentes de la industria del automóvil nació de la obsesión de Amar Bose, fundador de la conocida marca de equipos de sonido. A principios de los años 80, el ingeniero empezó a desarrollar una suspensión activa basada en motores electromagnéticos. El principio de funcionamiento era similar al de los altavoces de alta fidelidad. Así nació el Project Sound de Bose.
El objetivo era ofrecer el máximo confort sin perder control. Se montó en un Lexus LS400 (sí, la berlina que te cargabas en el Street Fighter 2 a patadas). El sistema utilizaba sensores, un motor electromagnético lineal en cada rueda y un ordenador que coordinaba todo el conjunto.
El coche apenas balanceaba en las curvas. Absorbía los baches con gran eficacia y mantenía la carrocería estable en casi cualquier situación. Sin embargo, la tecnología era demasiado cara.
Ni siquiera las marcas de lujo podían asumir su coste. El proyecto quedó relegado a una anécdota, al menos, hasta que ClearMotion recuperó la idea y la adaptó a los vehículos actuales. La primera marca en apostar por ella será Nio, el fabricante chino de coches eléctricos, que pretende incorporar esta suspensión en sus próximos modelos.
2. Toyota, Lexus (otra vez) y Yamaha: el sonido celestial de un motor único
Creo, sin lugar a dudas, que el Lexus LFA es uno de los tres mejores superdeportivos de la historia. No solo por sus prestaciones, su calidad de fabricación o los avances técnicos que introdujo en su época. También por el sonido de su V10, una auténtica seña de identidad del modelo. Y ese resultado no habría sido posible sin la colaboración de Yamaha.
Y no hablamos de la división de motocicletas, sino de la rama especializada en instrumentos musicales y acústica. Una vez terminado el desarrollo del motor, un V10 atmosférico de 4,8 litros y 560 CV, Lexus necesitaba que sonara tan especial como prometían sus cifras. Ahí entró Yamaha.
La compañía trabajó en la admisión, el vano motor y otros elementos para crear una resonancia perfecta. También estudió qué frecuencias debían llegar al habitáculo y cómo transmitirlas al conductor de la forma más pura posible. Una obra de trabajo sobredimensionado con el fin de alcanzar la perfección. No intentaré convencerte sin que lo escuches por ti mismo.
3. El orígen de los Head-Up Display: General Motors y una empresa de aviación
El origen del Head-Up Display se encuentra en el mundo de la aeronáutica. Ya existen ejemplos de sistemas similares en aviones de la década de 1940. Sin embargo, su llegada al automóvil tuvo que esperar casi medio siglo. Fue el grupo estadounidense General Motors quien dio el paso con el Oldsmobile Cutlass Supreme Convertible.
Aquel sistema era muy básico. Proyectaba sobre el parabrisas información como la velocidad digital y algunos testigos de alerta. Entre ellos, el de la presión del aceite, justo frente al conductor. Hoy, los Head-Up Display son mucho más avanzados. Ofrecen una mayor definición y muestran una gran cantidad de información. Su funcionamiento, sin embargo, sigue siendo similar.
4. Nissan y Polyphony: los creadores del Gran Turismo que trabajaron en el GT-R
Durante el desarrollo del Nissan GT-R (R35), lanzado en 2007, Polyphony Digital tuvo un papel fundamental. El estudio responsable de la saga Gran Turismo diseñó el medidor multifunción del deportivo japonés. La pantalla mostraba información propia de un coche de competición. Entre otros datos, permitía consultar la temperatura del refrigerante, la presión y temperatura del aceite, la presión del turbo o las fuerzas G.
La relación entre Nissan y Polyphony iba mucho más allá de los videojuegos. De esa colaboración nació también la GT Academy. Este programa daba a los mejores jugadores de Gran Turismo la oportunidad de convertirse en pilotos reales. Los participantes competían primero en el videojuego. Después, se enfrentaban a pruebas en circuito. Algunos llegaron incluso a desarrollar una carrera profesional.
5. Renault y Williams: o como aprovechar la F1 para lanzar un urbano deportivo
La marca gala puso en marcha una de las variantes deportivas más interesantes de la primera generación del Clio. El Renault Clio Wlliams se comvirtió en el tope de gama. Su motor de 2.0 litros y 150 CV era más que suficiente para convertirlo en referencia en la época. En total, se fabricaron 12.200 unidades en apenas dos años. Ahora, no suelen bajar de los 30.000 euros en el mercado de segunda mano.
El modelo se caracterizaba por la carrocería en color azul metalizado y los detalles en dorado, entre ellos las propias llantas o el logo del equipo de F1 ganador de un mundial. No obstante, Williams no puso en el Clio ni un ápice de su experiencia en los circuitos. Una de las colaboraciones más interesantes del motor es en realidad una estrategia de marketing bien «tirada». Y se vendieron realmente bien…
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