Los paneles solares ya llevan tiempo en nuestro día a día, integrados en nuestro paisaje. Sin duda, si ahora mismo nos paremos a pensar los ubicamos en tejado en la ciudad o en una gran llanura en el campo. Desde luego nadie se imaginaría situarlos en una presa en lo alto de los Alpes, a 2.500 metros de altitud, sin carretera de acceso, con nieve seis meses al año y con temperaturas que hielan el agua de las tuberías. Pues ahí, exactamente ahí, hay 4.872 paneles solares funcionando desde 2022. Y no están ahí por capricho. Están porque, en invierno, generan casi la mitad de su electricidad anual. Justo cuando Suiza más la necesita.
La planta se llama Muttsee, está en el cantón de Glaris, y ocupa la pared de la presa que lleva su nombre. La construyó Axpo, la eléctrica suiza, y los paneles no están en el suelo: están montados sobre la cara sur del muro de hormigón, con una inclinación de 51 a 65 grados para que la nieve resbale y no se acumule. No hay carretera. Todo el material, desde los paneles hasta las estructuras de aluminio, llegó en helicóptero. Fue una obra lenta, cara y complicada. Y aun así, los números que ha dado en sus primeros años de funcionamiento han sorprendido a propios y extraños.
Según un estudio de la Escuela Politécnica Federal de Lausana, que midió la producción entre octubre de 2022 y septiembre de 2023, la planta generó 1.434 kilovatios-hora por cada kilovatio pico instalado a lo largo del año. De ellos, 616 correspondieron al semestre de invierno, de octubre a marzo. Es decir, el 43% de toda la producción anual se concentró en los meses fríos. Para ponerlo en contexto: en una instalación de tierras bajas, como la de referencia de Payerne, la producción invernal por unidad de potencia fue casi cuatro veces menor. Muttsee, en invierno, produce unas 3,8 veces más por kilovatio instalado que una planta convencional en el valle.
Por qué funciona en invierno
La explicación tiene tres patas. La primera es la altitud. Muttsee está a 2.500 metros, por encima de la capa de niebla y nubes bajas que cubre los valles suizos durante buena parte del invierno. Mientras en Zúrich o Berna hay días grises y sin sol, en la presa el cielo está despejado. La orientación sur del muro hace el resto: los paneles reciben radiación directa durante más horas que cualquier instalación en el fondo del valle.
La segunda es el frío. Los paneles solares no funcionan mejor con calor. Al contrario: las células de silicio pierden eficiencia a medida que suben de temperatura. En un día de verano, un panel en la llanura puede alcanzar los 60 grados y perder un 15 o 20% de rendimiento. En Muttsee, en invierno, el panel está a cero grados o menos. La célula trabaja en su rango óptimo. El frío, que parece un enemigo, es en realidad un aliado.
La tercera es la nieve. Los paneles son bifaciales, lo que significa que pueden captar luz por las dos caras. La nieve del suelo refleja la radiación solar hacia la cara posterior, y eso añade producción. En Muttsee, la geometría de la presa limita ese efecto, pero en días de sol y suelo nevado, la contribución existe. Además, la inclinación pronunciada de los paneles hace que la nieve se deslice y no tape la superficie activa, que es el gran problema de la solar en montaña.
El problema que Muttsee resuelve sin querer
Suiza tiene un problema energético que va más allá de su fama de país verde. En invierno, consume mucha más electricidad de la que produce. Las presas hidroeléctricas, que en verano van sobradas, bajan su caudal porque el agua está retenida en forma de nieve en la montaña. Los paneles solares de las ciudades, con días cortos y niebla, producen poco. Y el país acaba importando electricidad de Francia y Alemania, mucha de ella generada con combustibles fósiles. Esa brecha invernal va a crecer en los próximos años, a medida que Suiza cierre sus últimas centrales nucleares y electrifique la calefacción y el transporte.
Muttsee no resuelve ese problema. Genera 3 gigavatios-hora al año, una cantidad modesta para un país que consume unos 60.000. Pero demuestra algo importante: que la solar de montaña puede producir cuando más se necesita. No es una curiosidad de ingeniería. Es una prueba de que hay un nicho, un espacio donde la solar y la altitud se complementan. Y ese nicho podría crecer.
Lo que no se cuenta en los titulares
Aquí conviene ser honesto. Muttsee es un caso excepcional por varias razones. La primera es que la presa ya existía. La conexión a la red ya estaba. El muro de hormigón ya estaba orientado al sur. Los paneles se aprovecharon de una infraestructura construida décadas antes para otro fin. Eso es lo que hace que el proyecto sea viable. Construir una planta solar desde cero a 2.500 metros, con helicópteros y sin carretera, costaría mucho más y probablemente no saldría a cuenta.
La segunda es que los datos son de un solo año. Un año con condiciones particulares, además. El estudio lo reconoce: las cifras no se pueden extrapolar como una tendencia a largo plazo. Puede haber inviernos con más niebla, con menos sol, con más nevadas. Habrá que ver cómo se comporta la planta durante una década.
La tercera es el mantenimiento. Los paneles están en un muro de presa. Cualquier reparación, cualquier limpieza, cualquier sustitución de un inversor, requiere subir hasta allí. En verano, con acceso a pie o en vehículo todoterreno. En invierno, con helicóptero o con esquís de montaña. Eso encarece la operación y complica la vida a los técnicos. Axpo no ha publicado cuánto cuesta mantener la planta, pero no debe ser barato.
Y la cuarta es el impacto visual. La presa de Muttsee es un monumento de hormigón en medio de un paisaje alpino protegido. Los paneles la recubren parcialmente. A algunos les parece una integración elegante. A otros, una agresión. El debate está ahí, y no es trivial.
Una idea que se puede repetir
Lo que hace interesante a Muttsee no es que sea único. Es que se puede repetir. Suiza tiene cientos de presas en la montaña, muchas de ellas orientadas al sur, muchas de ellas ya conectadas a la red. No todas son aptas. Pero algunas sí. Y en un país que necesita desesperadamente producir electricidad en invierno, cada presa con paneles es una pequeña victoria.
Axpo ya está estudiando otros emplazamientos. Otras eléctricas suizas también. Y en Austria, Italia y Francia hay proyectos similares en marcha. La solar de montaña no va a sustituir a la solar de valle ni a la hidroeléctrica. Pero puede ser una pieza más del rompecabezas. Una pieza que produce justo cuando las demás fallan. Y eso, en un sistema eléctrico que depende cada vez más del tiempo, es exactamente lo que hace falta.













