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Una innovación española con materiales fotoluminiscentes promete reducir hasta 10% el consumo de aire acondicionado en edificios al convertir la radiación ultravioleta en luz visible y evitar que el calor traspase las fachadas

Una innovación española con materiales fotoluminiscentes promete reducir hasta 10% el consumo de aire acondicionado en edificios al convertir la radiación ultravioleta en luz visible y evitar que el calor traspase las fachadas

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Por: Autonoción Redacción

Publicado: 28.07.2026 10:20

Ya hemos perdido la cuenta. Cruzamos los dedos cada vez que miramos el calendario de verano, pero las olas de calor se suceden una tras otra, convirtiéndose en una rutina asfixiante que vacía las calles y satura los termómetros. Si vives en una gran ciudad, sabes perfectamente que no se trata de una simple percepción personal; es una realidad física ineludible. Las grandes urbes se han transformado en gigantescos hornos de asfalto, hormigón y ladrillo. Durante las largas horas de sol, las fachadas, los tejados y el pavimento absorben la radiación solar de forma implacable, actuando como auténticas baterías térmicas. Al caer la noche, cuando el cuerpo pide un respiro, esos materiales comienzan a devolver todo el calor atrapado a la atmósfera. Es el conocido «efecto isla de calor urbana», el culpable directo de que el termómetro marque en el centro de la ciudad hasta cuatro o cinco grados más que en las zonas rurales colindantes.

Este fenómeno no solo nos roba el sueño y el bienestar, sino que destruye nuestros presupuestos y castiga al planeta. Ante un ambiente exterior que parece un desierto, el aire acondicionado deja de ser un lujo para convertirse en un salvavidas imprescindible. El problema es que encender masivamente estos aparatos genera un círculo vicioso demoledor: devoran ingentes cantidades de electricidad, disparan la factura de la luz a final de mes y aumentan de forma alarmante las emisiones de gases de efecto invernadero a la atmósfera. Enfriamos el interior a costa de calentar, todavía más, el exterior. Sin embargo, un grupo de científicos y empresas de nuestro país se ha hecho una pregunta que promete cambiar las reglas del juego de la arquitectura sostenible: ¿y si pudiéramos evitar que los edificios se calentaran antes de que el calor llegue siquiera a rozar el interior?

Ciencia con sello español para revolucionar la construcción

La respuesta a ese ambicioso interrogante tiene nombre y apellidos, nace en laboratorios locales y se llama proyecto COLD SURFACE. Se trata de una iniciativa nacida de la colaboración público-privada que cuenta con el respaldo estratégico del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades, además del impulso financiero de los fondos europeos FEDER. Lejos de las promesas abstractas de la ciencia ficción, estamos ante ciencia aplicada con orgullo 100% español. Al frente de este desafío se encuentra un consorcio de primer nivel coordinado por la empresa constructora URDECON, que trabaja codo con codo junto a los investigadores del Instituto Tecnológico del Plástico (AIMPLAS) y los expertos del prestigioso Instituto de Ciencias de la Construcción Eduardo Torroja, perteneciente al Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC).

El planteamiento de este equipo es tan brillante como revolucionario por su sencillez. Tradicionalmente, la solución más común para combatir el calor en la arquitectura mediterránea ha sido pintar las fachadas de color blanco para reflejar los rayos del sol. Aunque es un método eficaz, se queda corto ante las temperaturas extremas del cambio climático. El enfoque de COLD SURFACE va un paso más allá de la mera reflexión. En lugar de limitarse a hacer rebotar la luz, este consorcio español ha desarrollado un mortero cementicio inteligente que incorpora partículas fotoluminiscentes capaces de captar la radiación ultravioleta del sol y transformarla directamente en luz visible.

Este proceso alquímico de la física moderna consigue que la energía solar cambie de estado en lugar de acumularse en la estructura. Al transformarse en un sutil brillo lumínico, una enorme cantidad de energía térmica se disipa antes de convertirse en calor absorbido por el edificio. Los resultados de este revestimiento fotoluminiscente ya están listos para asombrar al sector: es capaz de reducir la temperatura superficial de las fachadas expuestas al sol directo en hasta 2 °C. Para quienes habitan o trabajan dentro del edificio, este descenso térmico exterior se traduce de forma inmediata en un alivio directo para el bolsillo, reduciendo la necesidad de encender el aire acondicionado y logrando un ahorro neto en el consumo energético de entre el 5% y el 10%.

Sostenibilidad real y sin dependencia exterior

Uno de los puntos más brillantes del proyecto COLD SURFACE es su firme compromiso con la ecología global y la viabilidad comercial. En el universo de los materiales luminiscentes, es habitual recurrir a las llamadas tierras raras, unos elementos químicos cuya extracción minera conlleva un impacto ambiental devastador y cuyo suministro depende casi por completo de mercados geopolíticos exteriores muy inestables. Conscientes de este problema, los investigadores españoles esquivaron el camino fácil. Han desarrollado una formulación química basada en compuestos mucho más comunes, económicos y respetuosos con el medio ambiente, garantizando que el producto final sea verdaderamente sostenible y que su producción no dependa de las decisiones de terceros países.

Además, el mortero se ha diseñado pensando con los pies en la tierra, asegurando que se adapte a la perfección a los métodos de construcción tradicionales. No se necesitan herramientas especiales ni una formación hiperespecializada para utilizarlo. Esto significa que podrá aplicarse de forma masiva tanto en los edificios de nueva construcción como en los proyectos de rehabilitación de barrios antiguos, dando una segunda vida mucho más eficiente y fresca a los bloques de viviendas que peor soportan los rigores del verano.

La hoja de ruta hacia las ciudades del futuro

Esta apasionante aventura tecnológica arrancó oficialmente en noviembre de 2024 y tiene fijado un exhaustivo calendario de desarrollo que se prolongará hasta octubre de 2027. En este preciso momento, los científicos se encuentran inmersos en la fase de laboratorio, realizando ensayos críticos de resistencia y optimizando la mezcla para encontrar la formulación más estable, potente y duradera a largo plazo.

El verdadero momento de la verdad llegará muy pronto, cuando el proyecto abandone las probetas y de el salto al mundo real. El siguiente gran hito del consorcio será levantar un demostrador a escala real: una pequeña vivienda piloto completamente revestida con este mortero fotoluminiscente. Este laboratorio viviente estará monitorizado día y noche por sensores de última generación para evaluar cómo reacciona el material ante las inclemencias del tiempo, la lluvia, el viento y la degradación solar a lo largo de las estaciones. Una vez que este examen sobre el terreno valide por completo la tecnología, el objetivo final es lanzar el producto al mercado de la construcción entre los años 2027 y 2028. COLD SURFACE demuestra que la mejor forma de luchar contra el calor en el siglo XXI no consiste en enfriar las estancias a la fuerza, sino en utilizar el ingenio y la ciencia de nuestro país para evitar, de forma inteligente, que el calor llegue a entrar en nuestros hogares.

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