La descarbonización no solo se centra en el sector del automóvil. Uno que, por otra parte, supone el 11% del total de las emisiones contaminantes en Europa, según el Parlamento Europeo. La aviación genera también una importante cantidad de emisiones derivadas de la combustión del queroseno. Para revertir esta situación, Estados Unidos ha puesto en marcha una fábrica capaz de convertir el CO2 en combustible.
La planta que aprovecha el CO2 convirtiéndolo en combustible
Esta primera planta utiliza dióxido de carbono capturado y electricidad procedente de fuentes renovables para fabricar combustible para aviones, todo ello sin necesidad de modificar el diseño de los motores actuales.
Recibe el nombre de AirPlant One y está ubicada en el estado de Washington. El combustible resultante, denominado E-Jet, es sintético y se obtiene a partir de la combinación de CO2, agua y electricidad renovable.
Además, la planta también produce nafta sintética, una materia prima utilizada por la industria química para fabricar plásticos, envases, disolventes o fibras sintéticas. Al ser químicamente idéntica a la nafta derivada del petróleo, puede emplearse en los procesos industriales actuales sin necesidad de modificar fábricas o maquinaria.
Así funciona la planta de combustible
El corazón de AirPlant One es un sistema basado en una tecnología conocida como power-to-liquid. La planta transforma agua y dióxido de carbono capturado en hidrocarburos líquidos.
Todo ello, a través de un electrolizador alimentado con electricidad procedente de fuentes renovables. Los hidrocarburos líquidos son moléculas con una composición química muy similar a las que se obtienen a partir del refino del petróleo.
El resultado es un combustible sintético para aviación de nombre «E-Jet». Este cumple con la certificación ASTM, es decir, la que se exige para su uso en vuelos comerciales. Algunos de los usos de ambos proyectos piloto incluyen la colaboración P&G y Mercedes Benz.
Puede emplearse como un sustituto directo del queroseno convencional sin necesidad de modificar los motores de los aviones. Y no sólo esto, tampoco los sistemas de repostaje ni las infraestructuras aeroportuarias que ya existen. Y es que otras tecnologías requieren desarrollar nuevas arquitecturas de propulsión o adaptar la cadena de suministro.
Cómo es el proceso de creación del e-Jet
Esta tecnología funciona de una forma muy similar a la fotosíntesis de las plantas, pero a escala industrial. El sistema Opus utiliza un electrolizador que combina dióxido de carbono capturado, agua y electricidad. Todo ello, procede de fuentes renovables que sirven para descomponer las moléculas de CO2. Y así, reorganizar sus átomos mediante catalizadores específicos.
El resultado son nuevos hidrocarburos, es decir, los bloques químicos que normalmente se obtienen del petróleo y que sirven para fabricar combustible para aviones, plásticos, disolventes o fibras sintéticas.
En lugar de extraer carbono del subsuelo para producir estos materiales, la tecnología reutiliza el carbono ya presente en el aire para crear productos idénticos a los actuales, pero con una huella ambiental mucho menor.
Otros ejemplos sostenibles: todos menos eficientes
Este proceso difiere del empleado por otros combustibles sostenibles para aviación. Estos suelen obtenerse a partir de aceites usados, residuos agrícolas u otras materias primas biológicas.
En este caso, la producción depende principalmente de CO2 capturado y electricidad procedente de fuentes renovables. Ambos son recursos que ofrecen un mayor potencial de escalabilidad a medida que avanza la transición energética.
La compañía responsable de la planta, Twelve, asegura que el uso de este combustible sintético puede reducir hasta un 90% las emisiones de carbono a lo largo de todo su ciclo de vida en comparación con el queroseno convencional.
Quizá lo más importante es que esta tecnología ya ha superado la fase experimental. No solo demuestra que la investigación avanza en la dirección correcta, sino que también puede utilizarse en vuelos comerciales. Todo ello, sin la necesidad de modificar los aviones ni la infraestructura existente.
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