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El futuro del coche eléctrico en tela de juicio: ¿Realmente hay suficientes reservas de cobalto para las baterías?

Todas las etapas de la historia del automóvil han tenido algo en común: la carrera tecnológica hacia la rentabilidad y la eficiencia. En épocas pasadas, cuando el petróleo no era un problema y el consumo un simple dato, eran otros los motivos de competencia entre las marcas, tales como la potencia, el diseño, la durabilidad…

Sin embargo, en pleno 2017, con la obsesión por el consumo y la contaminación provocada por la Unión Europea y los temerosos usuarios, la búsqueda de nuevas fuentes de energía se ha convertido en el mayor desafío del transporte. Las marcas gastan millones en I+D, realizan planes estratégicos a corto, medio y largo plazo; adquieren las patentes potencialmente más beneficiosas… y esto hace aparecer todas las alternativas a la gasolina y el diésel que conocemos hoy en día.

Actualmente todo se centra en el coche eléctrico y los fabricantes están apostando muy en serio por la movilidad cero emisiones, tanto de automóviles, como Mercedes-Benz, Volvo o Toyota, como de componentes, lo que nos ha dejado inventos tan curiosos como autopistas para vehículos eléctricos y autónomospaneles solares para el techo, drones que recargan vehículos eléctricos o neumáticos diseñados para este tipo de vehículos. Eso sí, las normas anticontaminación son cada vez más estrictas en ciudades como Madrid y, a pesar de que las ventas de eléctricos no hacen otra cosa más que mejorar, todavía son muchos los cambios necesarios para que el parque móvil pueda ser 100% eléctrico.

En el lado opuesto, nos encontramos con un aluvión de malas noticias en lo que se refiere al principal exponente del vehículo eléctrico: Tesla Motors. Hablamos de pérdidas de 619 millones de dólares en el tercer trimestre del añola nota mediocre con la que Consumer Reports calificó a la nueva berlina de la compañía norteamericana, la cual en sus inicios ha recogido unas cifras de producción deficientes con tan solo 260 unidades en 3 meses por lo que en un inicio parecía un problema con la soldadura de su chasis. Y a todo esto había que sumarle otra preocupación más, los 400 empleados que Tesla ha puesto recientemente de ‘patitas en la calle’ sin una causa conocida.

La sucesión de tropiezos que rodea a Tesla estos últimos meses está empezando a preocupar al sector y, sobretodo, al público, quienes estamos viendo cómo unas prometedoras expectativas de futuro se frustran poco a poco. Lo del fabricante de Palo Alto ya suena un poco al ‘Cuento de la lechera’, y si el máximo representante del coche eléctrico está en esta situación, ¿qué le deparará al resto? Muchos son los fabricantes de automóviles que nos están augurando un futuro lleno de vehículos eléctricos, al igual que ocurre con nuestros gobiernos, pero parece ser que hay algo que todos ellos no han tenido en cuenta (o no quieren tenerlo, más bien): las reservas de cobalto.

Según la consultora eCobalt Solutions, el 75% de vehículos eléctricos utilizará en 2020 el cobalto para alargar su autonomía, por lo que se espera un déficit de este mineral de más de 5.000 toneladas para ese año.

Este metal ferromagnético de color blanco azulado podría ser el quebradero de cabeza de todo aquél que desee sacar un vehículo eléctrico al mercado, pues todos los fabricantes emplean este mineral en la fabricación de sus baterías por contar con unas propiedades específicas que, en aleación con otros metales, hacen que estas sean más asequibles y duraderas. El interés por la electrificación no hace más que crecer día tras día, pero las reservas de este material bajan a pasos agigantados y “su cotización se ha disparado de forma notable en apenas un año, especialmente después de que Tesla anunciara el Model 3, un modelo de vehículo eléctrico más asequible“, explica David Weight, presidente del Instituto de Desarrollo del Cobalto (CDI).

Las minas de este material se ubican en lugares de difícil acceso y el 98% del cobalto no se encuentra puro en la naturaleza. Una vez extraído de la mina hay que depurarlo a partir del cobre y el níquel, siendo China el mayor productor de cobalto refinado, con el 43% de la producción mundial, según los datos de la consultora Euromonitor International.

El valor de la libra de cobalto es actualmente más del doble que el pasado año, con un incremento de nada menos que el 50% entre septiembre de 2016 y febrero de 2017. La demanda no hace más que crecer, con unas previsiones de aumento del 20% en los próximos cinco años y, el precio, no va precisamente en descenso. De hecho, para el año 2030 se espera un incremento en la demanda del 200%, el cual sería imposible de cubrir con las reservas actuales. A ello se suma la mala situación política de la República Democrática del Congo, principal proveedor mundial de cobalto (60% de las reservas), así como la enorme presencia de especuladores que quieren hacerse con la materia prima antes de que el precio se dispare.

Desde la consultora CRU Group señalan que este mismo año veremos un déficit de 900 toneladas de cobalto, el cuál está presente ya no sólo en las baterías de iones de litio de los automóviles eléctricos, sino también en los teléfonos móviles, los ordenadores, las cámaras… Es por ello que el mercado ha movilizado a poderosos inversores que están haciendo compras masivas de grandes fondos en una inteligente estrategia especulativa. Algunos ejemplos son la suiza Pala Investments, una compañía especializada en minería, o Shanghai Chaos Investment, uno de los fondos más grandes de China en materias primas. Se calcula que actualmente 6.000 toneladas de cobalto las almacenan seis fondos de inversión y otras 5.000 toneladas las ha comprado el gobierno chino en los últimos 18 meses, lo que indica que el 10% de la producción del año pasado se encuentra actualmente fuera del mercado.

 

¿Y cómo se traduce esto en la industria de la automoción? Pues es tan sencillo como que si los grandes del sector no pueden cubrir la demanda, los planes de futuro que nos están vendiendo son simplemente una utopía. UBS cifra las ventas mundiales de eléctricos en 14,2 millones de eléctricos para 2025 pero, ¿realmente eso es viable visto lo visto? Algunos fabricantes como Volkswagen están siendo previsores y se encuentran en plenas negociaciones con los productores. El gigante alemán lanzó un concurso el pasado mes de septiembre para valorar ofertas y llegar a un acuerdo, pero con semejante tendencia al alza en el precio del cobalto, sería raro que algún proveedor esté dispuesto a cerrar un precio fijo, al menos a un precio aceptable.

Por eso las reservas de cobalto no son el único problema para un futuro eléctrico, sino que también lo es su precio. Si la libra de este mineral se encarece aún más -se prevé que hasta los 50 dólares-, también lo hará el coste de las baterías de iones de litio que lo emplean y, a consecuencia de ello, aumentará el precio del producto final, el automóvil. Si a día de hoy ya nos parecen caros los vehículos eléctricos, ¿pagaremos aún más por ellos en un futuro? Algunos expertos como Julius Baer aseguran que no, que el mercado alcanzará un equilibrio entre los niveles de demanda y oferta, con una dinámica del sistema que a medio plazo acabará rebajando los precios, pero por ahora únicamente se habla de previsiones.

En cualquier caso y, como ya hemos comentado, todo dependerá de las reservas, porque algunos expertos como Nicolás Walewski, dueño y estratega de la gestora de renta variable Alken Asset Management, afirman que “si aceptamos que los vehículos eléctricos representarán el 20% del mercado total de automóviles para 2025, se necesitarán cerca de 200.000 toneladas adicionales al año para cubrir la demanda mundial. Dicho de otra manera, el mercado de cobalto tendría que triplicar su producción o, simplemente, sería un factor decisivo para la caída del crecimiento de este tipo de automóviles, ya que no habría suficiente metal para producir las baterías de los coches eléctricos que se proyectan“.

Tendremos que esperar para ver que ocurre con este futuro tan incierto…

Unas dosis de realidad…

Actualmente, el fabricante que no cuide su huella en el planeta estará fuera del panorama automovilístico en un futuro cercano. Vehículos híbridos, eléctricos, de pila de hidrógeno o de gas son la respuesta a las necesidades de un sector que en el fondo lo que busca es reducir el euro por kilómetro de su gama y tener así la ventaja competitiva que esto supone de cara a la administración pública (con “el jaleo este” de la contaminación) y al cliente final (consumo de combustible).

Nos están vendiendo que el vehículo eléctrico es el futuro y, hoy por hoy, eso es una mentira como un templo. Por ejemplo, el GLP es el combustible ecológico más empleado en el mundo y con él se mueven 25 millones de coches en todo el planeta, prácticamente la mitad de ellos en Europa. La moda es hablar del coche eléctrico porque, entre otras cosas, la ignorancia acerca del autogás como combustible está muy extendida incluso entre los gobernantes, pero la realidad es que hablamos de la única opción viable en la actualidad por infraestructuras, autonomía y flexibilidad.

Es lógico que estemos muy verdes en este terreno, nos están vendiendo los eléctricos a bombo y platillo como en su día hicieron con los modelos diésel para, ahora, estar demonizándolos, pero también les llegará su turno a los eléctricos, tiempo al tiempo. No se trata de criticar, sino de tener claro que hay unas cuantas alternativas viables, como los combustibles sintéticos o incluso vehículos de gasolina de cero emisiones parciales (PZEV) de los que probablemente nunca hayas oído hablar.

Fuentes: El Mundo, Expansión, BBC

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