La multinacional china BYD ha salido a apaciguar las dudas generadas en torno a su revolucionario sistema de flash charging y la segunda generación de la Blade Battery. Con datos y pruebas, la compañía asegura que sus nuevas baterías de fosfato de hierro y litio (LFP) están preparadas para operar en condiciones que antes se consideraban extremas o incluso dañinas, sin comprometer su durabilidad ni su seguridad.
Sun Huajun desmonta los mitos del pasado
Durante el Salón del Automóvil de Pekín celebrado en abril de 2026, Sun Huajun, director de tecnología del grupo de baterías de BYD, concedió una entrevista al medio 36Kr en la que abordó directamente las preocupaciones de muchos. Según sus declaraciones, cada vez que la industria aumenta las velocidades de carga surgen temores sobre la vida útil de las baterías, pero BYD ha logrado romper esos límites cognitivos tradicionales gracias a innovaciones en gestión térmica y sistemas electroquímicos.
“Aunque la carga a alta corriente genera más calor, esto no significa que vaya a producir daños estructurales ni riesgos de seguridad”, explicó Sun. Durante años, 70 grados Celsius se consideraba un umbral peligroso para el funcionamiento de las baterías. Sin embargo, los avances en ciencia de materiales y tecnologías de refrigeración han cambiado radicalmente esa percepción. Lo que antes era visto como “tortura” para una batería ahora forma parte del rango operativo seguro de la nueva generación de celdas Blade.
1.000 ciclos de carga ultrarrápida para demostrar fiabilidad
Uno de los aspectos más destacados de la respuesta de BYD es el exhaustivo programa de validación realizado antes de lanzar la tecnología a gran escala. La empresa llevó a cabo 1.000 ciclos completos de flash charging y simulaciones de degradación a largo plazo bajo condiciones operativas extremas.
Rendimiento extremo: del calor al frío polar
La nueva plataforma de carga ultrarrápida de BYD soporta potencias de hasta 1.500 kilovatios. Gracias a ello, es capaz de recargar una batería del 10 % al 97 % en tan solo nueve minutos. Este hito tecnológico no solo mejora la experiencia del usuario —acortando drásticamente las paradas—, sino que también demuestra que el sistema está optimizado para disipar calor de forma eficiente.
En el extremo opuesto del termómetro, las baterías muestran un comportamiento igualmente impresionante. A -30 ºC, el tiempo de carga apenas se alarga tres minutos respecto a la temperatura ambiente. En el Salón de Pekín, BYD exhibió un Denza Z9GT cargando a -33 ºC, demostrando en vivo que el frío extremo tampoco representa un obstáculo significativo para su tecnología.
Estas capacidades en condiciones adversas responden directamente a las necesidades de los mercados reales, donde los vehículos eléctricos deben operar tanto en climas calurosos como en regiones muy frías sin perder prestaciones.
La pruebas que han generado más polémica en las últimas semanas
Las críticas surgieron después de que un popular blogger publicara un vídeo en el que la temperatura de la celda alcanzaba los 70 ºC durante el proceso de carga. Aunque la imagen generó preocupación entre algunos observadores, Sun Huajun contextualizó el dato: hace solo unos años el límite percibido para baterías LFP era de 60 ºC. “No podemos juzgar las nuevas tecnologías usando solo la experiencia, los hábitos y el pensamiento del pasado”, afirmó.
Según el ejecutivo, 70 grados Celsius ya no representa un límite físico peligroso, sino un umbral superado gracias al desarrollo continuo.













