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1.900 paneles sobre una montaña de basura: los vertederos de EE.UU. podrían generar 63 GW de energía solar

1.900 paneles sobre una montaña de basura: los vertederos de EE.UU. podrían generar 63 GW de energía solar

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Por: Autonoción Redacción

Publicado: 27.08.2026 16:00

Durante décadas, una colina junto a la autopista Interestatal 91 en New Haven, Connecticut, tuvo un trabajo ingrato: tragarse la basura de toda una ciudad. Fueron años de camiones que subían y bajaban, de olores y de ruido, de un lugar al que nadie quería mirar. Hace 22 años, el vertedero de Middletown Avenue cerró sus puertas. Lo cubrieron con más de medio metro de tierra, lo sellaron para siempre, y lo dejaron ahí, como una cicatriz en el paisaje. Un terreno baldío, inútil, un recordatorio silencioso de todo lo que consumimos y desechamos.

Esa colina de basura, visible para cualquiera que condujera por la autopista, era un problema. No se podía construir nada encima, porque bajo esa capa de tierra yacían décadas de residuos y una membrana diseñada para evitar que los contaminantes se filtraran al entorno. Unas cimentaciones convencionales habrían perforado ese sello, con consecuencias impredecibles. Así que la montaña de basura siguió ahí, año tras año, cubierta de hierba, esperando.

Pero alguien, en algún momento, miró aquella colina y no vio un problema. Vio una oportunidad. Vio una superficie despejada, expuesta al sol, sin otro uso posible. Y pensó: «¿Y si, en lugar de construir sobre ella, simplemente posamos algo encima?». Esa idea, tan simple como brillante, ha convertido el antiguo vertedero de New Haven en una pequeña central eléctrica. Cerca de 1.900 paneles solares, instalados sobre estructuras lastradas que descansan sobre la superficie sin perforarla, generan ya 1,4 millones de kilovatios-hora al año, suficiente para abastecer a unos 200 hogares.

El proyecto, desarrollado por Greenskies Clean Energy, es un ejemplo perfecto de economía circular aplicada al territorio. La ciudad, que aún es dueña del terreno, recibe 72.000 dólares anuales en concepto de alquiler durante 20 años, un total de 1,4 millones de dólares, por un espacio que hasta ahora no le generaba nada. Y, además, la energía que produce evitará la emisión de carbono equivalente a lo que absorberían 16.000 árboles jóvenes en una década. Es la historia de cómo un lugar que solo servía para enterrar el pasado se ha convertido en una herramienta para construir el futuro.

El secreto está en no tocar la basura: la tecnología que lo hace posible

Construir sobre un vertedero cerrado es un desafío técnico de primer orden. La capa que sella los residuos, la «tapa» del vertedero, no se puede perforar. Si se rompe, el agua de lluvia podría filtrarse, arrastrar contaminantes y comprometer todo el sistema de contención. Por eso, las cimentaciones tradicionales, con pilotes hincados en el suelo, quedan descartadas. La solución que ha hecho posible el proyecto de New Haven es tan inteligente como respetuosa: las estructuras lastradas.

Estas estructuras no necesitan clavarse en el suelo. En lugar de eso, utilizan grandes bloques de hormigón que descansan sobre la superficie, sujetando los paneles solares únicamente por su propio peso. Es una solución que estabiliza los paneles sin dañar el sello del vertedero. Y lo mejor es que si en el futuro fuera necesario acceder a la basura enterrada, las estructuras pueden desmontarse y retirarse sin dejar rastro, sin desenterrar lo que durante décadas se ha mantenido aislado.

De problema a alquiler: un negocio que beneficia a todos

El proyecto de New Haven no solo es un éxito técnico; también es un éxito económico. La ciudad no ha tenido que poner ni un solo dólar. Greenskies asumió la construcción y firmó un arrendamiento a 20 años que deja a las arcas municipales 6.000 dólares mensuales. La electricidad generada se vende a la compañía local United Illuminating, contribuyendo a la red y, potencialmente, a estabilizar los precios de la energía para los residentes. Es un círculo virtuoso: un terreno inútil genera energía limpia, ingresos para la ciudad y empleo local. El alcalde Justin Elicker lo resumió en la inauguración: «Literalmente, estamos sobre los residuos de nuestro pasado y hablando del futuro de New Haven». No podría haberlo dicho mejor.

El número que lo cambia todo: 63 GW de sol sobre basura

Lo que hace que el proyecto de New Haven sea más que una anécdota local es su potencial para escalar. Estados Unidos tiene más de 10.000 vertederos cerrados repartidos por todo el país. Enormes extensiones de terreno que comparten la misma característica: son inútiles para casi cualquier otra cosa y están bañadas por el sol.

Un análisis del Rocky Mountain Institute (RMI) estudió más de 4.300 de estos vertederos y calculó que, si se cubrieran con paneles solares, podrían generar hasta 63 gigavatios (GW) de capacidad instalada. Esa cifra no es un número abstracto. Significa que podrían producir alrededor de 83 teravatios-hora (TWh) de electricidad al año, suficiente para abastecer a 7,8 millones de hogares estadounidenses, o lo que es lo mismo, a todo el estado de Carolina del Sur. Y todo ello sin ocupar ni un metro cuadrado de suelo agrícola, sin talar un solo árbol y sin alterar un solo ecosistema natural. Es el equivalente energético a encontrar un nuevo continente.

Un camino con obstáculos: por qué no todos los vertederos son iguales

A pesar del potencial, convertir todos esos vertederos en plantas solares no es una tarea sencilla. No todas las montañas de basura sirven. Algunos vertederos todavía se están asentando, lo que podría desalinear las estructuras solares con el tiempo. Otros están demasiado lejos de las líneas eléctricas necesarias para evacuar la energía. Y otros, simplemente, requieren obras de remediación o permisos que pueden hacer el proyecto económicamente inviable.

Instalar paneles en un vertedero es, además, más caro y complejo que hacerlo en un terreno convencional. Los proyectos pueden tardar una media de cinco años o más en desarrollarse. Y, como señalan los expertos, los vertederos más fáciles y con políticas más favorables, como los del noreste de Estados Unidos, ya han sido ocupados en su mayoría. El reto ahora es encontrar soluciones para los sitios más complicados, y eso requiere apoyo político e incentivos.

Un horizonte de oportunidad: New Haven como ejemplo para el mundo

A pesar de las dificultades, el proyecto de New Haven es un faro. Demuestra que es posible transformar el pasado más oscuro de nuestras ciudades —los lugares donde escondemos nuestra basura— en una fuente de energía limpia y de ingresos. Matthew Popkin, del RMI, lo expresó con claridad: «Cuando miro un vertedero cerrado, no veo un vertedero, veo una oportunidad para un uso creativo del suelo. Usar estos vertederos para generar electricidad limpia puede ser su mejor uso posible» .

New Haven ya está planeando otros seis proyectos solares en la ciudad, cinco de ellos como marquesinas sobre aparcamientos de colegios y parques . La montaña de basura que fue un problema durante décadas ahora es un símbolo. Es la prueba de que, con ingenio y voluntad, incluso nuestros mayores errores pueden redimirse. Que la basura que enterramos puede ser la semilla de un futuro más brillante. Y que, a veces, la solución no está en mirar hacia otro lado, sino en plantar algo —en este caso, paneles solares— sobre el pasado y dejar que el sol haga el resto.

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